El libro y las políticas públicas.

Bibliografía básica

La histórica falta de políticas públicas en torno al libro se hace evidente ante la crisis de la pandemia y, mientras los afectados sobreviven, la Cámara Uruguaya del Libro negocia posibles soluciones con la Dirección Nacional de Cultura.

Foto: Manuela Aldabe

El universo del libro es un laberinto difícil de transitar; incluso para quienes pertenecen al sector es complejo comprender la multiplicidad de factores que lo integran y los conflictos que hacen que sea una industria o práctica en peligro de extinción. A la falta de políticas públicas y acciones concretas en torno al libro –resaca de las gestiones anteriores– se le suman la pandemia y su crisis, haciendo notorio el deterioro de un campo frágil e inestable.

La Cámara Uruguaya del Libro (Cul) manifestó su preocupación por el estado de indefensión del sector editorial y el riesgo real de la pérdida de 1.400 puestos de trabajo directos y otros 1.500 indirectos, dentro de una serie de medidas planteadas en una carta destinada al ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, el 20 de abril. En diálogo con Brecha, Álvaro Risso, presidente de la Cul, afirmó: “Tenemos una conversación abierta con la directora de Cultura, Mariana Wainstein, vamos a generar algunas instancias para favorecer el sector del libro, pero estamos en tratativas porque tenemos muchos temas, los problemas del sector del libro y los protocolos que nos permitan hacer la feria en octubre”.

Aunque se exprese por lo bajo que la representatividad de la Cul no es suficiente y algunos integrantes de la gremial insistan en la necesidad de una mayor visibilidad de las problemáticas del sector, la Cámara continúa siendo la forma organizacional que la gran mayoría de las partes del sector del libro nacional encuentran. Para Alicia Guglielmo, expresidenta y exvicepresidenta de la Cámara y administradora de la editorial Fin de Siglo, “el peso de la institución es representar y cuidar tanto a las editoriales independientes como a las transnacionales, librerías y distribuidoras, lo importante es la variedad. Somos una rareza en el mundo global del libro, y la Cámara perdió peso al no representar la riqueza y la diversidad editoriales”.

La Cul cuenta con 80 empresas entre librerías, editoriales y distribuidoras; esa amplitud de especificidades que la caracteriza dificulta la unión y puesta en común de los intereses, motivaciones y necesidades de cada una de las partes. El valor de la pluralidad conlleva obstáculos que pueden saltearse en función de acciones mayores. Para Gonzalo Fuentes, encargado de la histórica importadora y distribuidora Gussi, “la Cámara no termina siendo representativa porque los socios han caído muchísimo a lo largo de los años, la gran mayoría de las librerías no son socias, muchas empresas más chicas tampoco, el 90 por ciento de los socios lo son únicamente para aprovechar el tema de la feria anual, entonces no funciona como una cámara tradicional donde se hagan reuniones, se piensen ideas, se busquen alternativas para el sector, y tampoco hay demasiadas herramientas”.

La participación en la Feria Internacional del Libro de Montevideo y la cantidad de ventas, de las que no hay cifras concretas, es uno de los intereses que conectan a la mayoría de los socios y es también uno de los objetivos principales de la Cul. Para Risso, “la herramienta fundamental que tiene la Cámara para promocionar el libro y la lectura son las ferias que organiza la Cul, que son dos, y son las más grandes del país, la infantil y la internacional. Esos acontecimientos son importantes porque el libro toma la agenda mediática; los medios de comunicación y el público se vuelcan a la feria y prestan atención en esa época del año más que nunca”.

Todos los socios consultados mencionaron la importancia vital de la celebración de la Feria Internacional del Libro en octubre, y muchos remarcaron la dificultad que tienen las empresas para sobrevivir. Gonzalo Fuentes afirma: “Es un mercado chico, cada vez más concentrado, y esa concentración hace que el sector vaya muy alineado a lo que son los intereses de las multinacionales, que en general no son los mismos intereses que el sector independiente. El mercado va donde va la corriente de esa concentración, y ahí es difícil compaginar intereses”. Guglielmo, por su parte, agrega que “hay que fortalecer al sector, porque la bibliodiversidad es muy frágil, se sostienen sólo las empresas que pueden bancar esta situación y no las editoriales y librerías que no tienen gran presencia detrás. Hay que estar atentos a lo que está pasando, porque después no vale decir ‘ay, qué horrible, nos quedamos sin editoriales independientes’”.

MARCAR LA PÁGINA. La situación problemática del libro es una realidad que no empieza con la pandemia. Alcides Abella, editor de la mítica Banda Oriental, comenta: “No ha habido en general políticas específicas destinadas a la protección del libro. Yo nunca vi tan mal al libro uruguayo como ahora, está pasando por un momento terrible, y eso que estoy en esto hace 50 años. Son las circunstancias, la globalización hizo que hace 20 años se instalaran las grandes compañías internacionales. Creo que no se tiene conciencia de que el libro uruguayo es central en la vida cultural del país, es un elemento muy importante y, de alguna manera, en todas las bibliotecas, las colecciones que ha editado Banda Oriental, Alfa en su momento, Arca, lo que hizo Trilce, lo que hacen Hum, Estuario, Criatura, todas esas editoriales, y las otras independientes, han hecho una especie de memoria colectiva del país que carece de todo apoyo”.

Las medidas expresadas por la Cul ante la Dirección Nacional de Cultura (Dnc) reúnen necesidades que surgen con la crisis actual, pero también proponen formas de apoyo al sector que, de establecerse como políticas, podrían colaborar a largo plazo con la cadena del libro. En la inmediatez, se sugiere considerar a la industria del libro entre las actividades afectadas de forma crítica por la emergencia sanitaria, eximir el pago de las cargas patronales a las editoriales, distribuidoras y librerías, y prorrogar los plazos de pago de todos los servicios públicos mientras dure la emergencia.

Boris Faingola, expresidente de la Cámara del Libro y encargado de la distribuidora Aletea, afirma que “la ley del libro está vigente, no ha sido modificada a pesar de los intentos, y en ella está claro que podemos hacer uso de líneas de crédito blandas por parte del Brou para paliar algún tipo de crisis, pero eso se ignora permanentemente. Las librerías y las distribuidoras hasta junio estuvieron cerradas, con sus cadenas de pago correspondientes. Nos encontramos sin tener ningún tipo de ingreso durante marzo, abril y mayo, pero teniendo que hacer frente a alquileres, Bps. No tuvimos una sola exoneración de Bps, salvo las muy pequeñas empresas. Pero las sociedades anónimas que no llegamos a un nivel de facturación alto no tuvimos una sola prórroga ni exoneración. Te vas comiendo las reservas que eran para pagarles a proveedores, que si no pagás, no te mandan libros, y si no tenés libros, no podés trabajar. Todo el mundo habla de la cultura, pero nadie habla del sector editorial”.

Las propuestas de la Cul que podrían tener un peso a futuro están relacionadas con el cumplimiento de la ley del libro promulgada en noviembre de 1987, que está vigente y que no se ha venido respetando en su totalidad. Facilitar instrumentos financieros que tengan en cuenta la particularidad del sector en relación con las garantías y calificaciones crediticias sería un primer paso para empezar a considerar la ley. Otra de las propuestas, y quizás una de las más recurrentes por las personas consultadas, es que como forma de apoyo al sector se analice y destinen recursos para la compra de libros para instituciones y bibliotecas.

“Si bien los fondos concursables han permitido que vean la luz proyectos editoriales de muy difícil ingreso inmediato, nosotros no necesitamos un subsidio, precisamos que el Estado compre libros para bibliotecas públicas, y que esas bibliotecas públicas tengan un acervo renovado, diferente y diverso”, dice Guglielmo. Faingola coincide: “El primer gobierno de Vázquez invirtió 93 millones de pesos para fortalecer bibliotecas, la Cámara fue observadora. Eran licitaciones transparentes de compra de libros que beneficiaron a 69 empresas. Como pasó en Argentina con la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) en los gobiernos kirchneristas y ahora de nuevo con el gobierno de Alberto Fernández”.

Según Sputnik, el gobierno de Alberto Fernández en Argentina, destinó al programa Libro %, de la Conabip, 47,5 millones de pesos (781 mil dólares), y los fondos que anteriormente funcionarían para la realización de la Feria del Libro de Buenos Aires, para la adquisición de entre 120 mil y 130 mil libros nuevos para las bibliotecas populares. El programa Libro % funcionadesde el 2005 y consiste en un subsidio para que bibliotecarios y voluntarios de toda Argentina viajen y adquieran material bibliográfico de su elección al 50 por ciento del valor de la venta, gestionado con las editoriales nacionales presentes en la Feria del Libro de Buenos Aires.

“Cuando una va a diferentes instancias internacionales, la pregunta de los colegas es: ¿Cuál es el nivel de compra del Estado? Respondemos que no hay, y no lo pueden creer. Nos preguntan cómo viven las editoriales independientes, porque en Chile, México, Colombia y Argentina hay compras verdaderamente importantes para sostener la industria, y esos libros van a bibliotecas. Con la Biblioteca País sí hubo una participación y compra a las editoriales nacionales, esa es una acción del Estado”, afirma Guglielmo.1

La Intendencia de Montevideo tuvo una reacción inmediata; Abella comenta: “La Intendencia tuvo un gesto excepcional, con un proyecto que se llamó Mi Libro en Casa, con Gabriel Peveroni a la cabeza, y creo que hay que destacarlo con letras de molde. La Intendencia compró miles de libros de autores nacionales, de todo lo publicado en el último año y le pidió a cada autor que grabara un pequeño video sobre su obra, que después colgaron en la red. Fue una política puntual de la Intendencia para apoyar a las editoriales nacionales”. La campaña forma parte del Plan de Apoyo al Sector Editorial Independiente que desarrolló el Departamento de Cultura ante la emergencia sanitaria. Se destinaron 1.200.000 pesos para el pago a los autores por los videos y la adquisición de libros, que han sido ubicados en bibliotecas móviles junto a ollas populares y canastas de alimentos.

Para Gonzalo Fuentes, la experiencia previa y la comprensión del sector, los mecanismos de las formas de compras y licitaciones son imprescindibles para la creación de una política que ampare a todo el espectro del libro. “Lo que se precisa hoy es mover el material y que haya flujo de dinero, pero compras que no sean puntuales, ni de lobby; si vos ves las listas de las licitaciones son de pocos libros, y no pueden ser siempre los mismos. Las compras tienen que ser en librerías, para que la librería le compre al distribuidor, el distribuidor al editor, y el editor al autor. Hay que fortalecer la cadena del libro, no hacer compras directas con las editoriales. Para ayudar al sector tenés que respetar lo nacional y la cadena, su propio funcionamiento.”

TAPAS DE PRUEBA. Los últimos intentos por la creación de políticas culturales en torno al libro que más se destacan y son nombradas por editores como un aporte importante para la actividad están relacionados con la internacionalización, la presencia de Uruguay en ferias internacionales, la creación de Books From Uruguay dentro del Departamento de Industrias Creativas (Dicrea) y los programas de traducciones. Martín Fernández, editor de Hum/Estuario, afirma que el apoyo a las traducciones y el programa Books From Uruguay son fundamentales y que debe velarse por su funcionamiento.

Books From Uruguay es un programa implementado, en 2012, con el objetivo de difundir y promocionar obras de escritores nacionales en el mercado editorial internacional, pues vincula a autores con las principales firmas y agentes, según lo describe el catálogo publicado por el Ministerio de Educación y Cultura en el aniversario del programa. Consultado por Brecha sobre la situación del libro actual y durante su gestión, Hugo Achugar, exdirector de Cultura, afirmó: “Tenés que mirar para adentro y para afuera, si no, dejás la visibilidad en manos de los escritores y representantes que saben vender libros. Mario Levrero empezó a vender después de que se murió, el mercado nacional es muy chiquito, no da. También tiene que haber estímulos para que privados compren libros, porque si no, queda todo en manos del Estado”.

Para Álvaro Risso, “la promoción del libro uruguayo fuera de fronteras, en el exterior, a través de ferias, en colaboración con la Dnc, es fundamental. Venimos participando con ayuda del Mec en la feria de Buenos Aires desde hace 30 años y en la feria de Guadalajara desde hace 15, en forma ininterrumpida. Eso lo hacemos con la Dnc, y sin su apoyo el libro uruguayo no podría estar presente porque son ferias muy caras. Nosotros vamos con un stand de Uruguay porque la importancia es representar al sector del país, más allá de los socios de la Cámara”.

Lys Gainza, responsable de Dicrea, comenta que “en 2017, durante la administración de Sergio Mautone, se decide disolver Dicrea y que las personas que trabajaban sobre industrias culturales y creativas pasaran a las áreas artísticas y siguieran trabajando en alguna línea sobre esos temas. La realidad es que no pudieron hacer mucha cosa por falta de presupuesto. En marzo de este año, mi pase en comisión termina, y al volver me comunican que se vuelve a rearmar el equipo de Dicrea y me suman. Hoy en día el gran debe es trabajar las industrias creativas en territorio, lo cual no quita que sigamos trabajando en el desarrollo de la competitividad internacional de las industrias. Tenemos que generar que las industrias sean inclusivas, en todo sentido, porque si no, nos quedamos solamente con Montevideo. Pensamos hacer un mapeo o páginas amarillas sectoriales. Esto no es como un censo estadístico, sino abrir la información y los contactos para que cualquiera se pueda insertar en la industria”.

Esta nueva administración se plantea como prioridad la coordinación del Instituto de Letras dentro de la Dnc, comprendido en la Luc como Instituto Nacional del Libro y Promoción de la Lectura, que funcionó anteriormente en la órbita del Archivo General de la Nación. Consultado por el nuevo instituto, Achugar responde: “Yo no impulsé el Instituto del Libro porque estaba en otra área, creí que había que retomar el Premio Nacional, que había que exportar el libro e impulsar las traducciones, que había que conseguir un representante del libro para el mercado. Pero creo que una vez que esté el Instituto de Letras, quien sea que esté, tendrá que pensarlo muy bien, reunirse urgente y que ayude a pensar y a organizar políticas públicas en torno al libro; el que más se acercó fue Julián Murguía, pero esto no ha sido pensado nunca, por lo menos no en los últimos 60, 50 años”.

DEPENDIENTES. Mientras los socios de la Cul reflexionan o disienten con la organización de la gremial e intentan sostener sus catálogos en pie, otras editoriales hacen un camino alternativo. Ya sea por desinterés en hacer de la edición una fuente laboral, por la búsqueda de autogestión y cooperación sin necesidad de competir con los grandes grupos editoriales, o por ingenuidad, la efervescencia de nuevas editoriales aumenta. Las eventuales políticas públicas en torno al libro deberían contemplar las distintas formas de habitar el ecosistema editorial, teniendo en cuenta a todas sus partes, integren o no la Cul. Queda en evidencia la fuerte dependencia y necesidad de colaboración entre las distintas partes del sector para evitar un quiebre ante la natural fragmentación de las diferencias.

1.   Véase “La lectura de un país”, Brecha, 15-III-19.

Próximas ferias del libro

Muestra del Libro Uruguayo en el hall del teatro El Galpón, del 20 al 25 de julio, de 12 a 18 horas.

Sancochazo invernal. Feria del colectivo de editoriales Sancocho, en Radio Pedal. Sábado 18 de julio, de 16 a 22 horas. San Salvador 1510.

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