Cada maestro con su librito

Marcelo Rilla en concierto.

Marcelo Rilla / Foto: Guzmán Calzada

Los viernes de junio en Ducón se está desarrollando una serie de conciertos con bandoneón y voz a cargo del músico Marcelo Rilla. Ante todo, Rilla se presenta como un bandoneonista singular. Reconocido profesor de lectoescritura en la Escuela Universitaria de Música (Eum) de la Udelar, su acercamiento propiamente formal a la música fue a través del piano, del canto y de la dirección coral. En la última década ha participado también de diversas propuestas de carácter experimental como el conjunto Pechitos Ecuestres o el festival Monteaudio, que cada octubre tiene lugar en nuestra capital y reúne diferentes proyectos de experimentación sonora nucleados en el taller Forma y Sonido de la Eum, del cual hay abundante registro en la web. Actualmente, y desde hace algunos años, Rilla participa con su bandoneón del grupo de música Arbueleños y de Hacha y Hacha, este último conjunto sí con interpretaciones de un repertorio a caballo entre lo criollo y lo tanguero.

Con este historial, no es extraño descubrir que su acercamiento tardío al bandoneón haya sido por demás interesante, poniendo en jaque cualquier implicancia peyorativa que pueda tener lo “tardío” en la ejecución instrumentística.

Dada la particularidad del bandoneón, es usual que los músicos recuerden su primer encuentro con el instrumento. En el caso de Rilla, esto ocurrió en el archivo de instrumentos musicales y electrónicos de la Universidad de Wesleyan, en Connecticut. En dicho archivo, creado por el pianista y compositor estadounidense de música experimental David Tudor (conocido por ser el primer intérprete de muchas de las obras más famosas de John Cage, “Music of Changes”, “Concerto For Piano and Orchestra” y “4′33″”), Rilla recuerda haberse encontrado con un bandoneón al que se le aplicaban diversas modificaciones para experimentar con su sonido; la escena le incitó una aproximación al fuelle desde una perspectiva autodidacta. En palabras del propio Rilla: “Lo que me fascina del instrumento es su geometría fluctuante. Algo que en el acordeón, por ejemplo, está presente, pero que en el bandoneón se acentúa considerablemente. La morfología misma del instrumento es algo cambiante. Una vez sorteado el problema del ordenamiento particular de las notas en el teclado (el bandoneón no posee un orden intuitivo de las notas que permita suponer que si en un lugar hay un do al lado habrá un re), las relaciones de cercanía o lejanía entre los sonidos toman un protagonismo único”.

A su vez, Rilla explica cómo esa forma de generar distancias en el bandoneón ha dejado una huella en la forma de cantar. En las músicas románticas es el piano, por ejemplo, el que imita la voz a la hora de hilar una melodía. Pero en el caso del bandoneón parece darse lo opuesto, ya que es la voz la que comienza a imitar al instrumento en un proceso que se retroalimenta. El enfoque que le da Rilla a su interpretación del tango y su ejecución del bandoneón no está libre de polémicas o cuestionamientos por parte de cierto conservadurismo, pero hay que ser un obtuso para no reconocer que un músico como él brinda un aporte valiosísimo a un instrumento que llegó hace un siglo al Río de la Plata, pero que no trajo consigo a sus ejecutantes. Es esta orfandad originaria la que hizo de cada gran bandoneonista un mundo en sí mismo.

Para los dos viernes de junio que restan, Rilla se presentará solo interpretando diferentes piezas de grandes bandoneonistas de la historia como Minotto, Maffia, Laurens, Lomuto, Firpo, Marconi, Piazzolla y Leopoldo Federico. También habrá un momento para la voz en la interpretación de “Mano blanca”, con letra de Homero Manzi, además de otras sorpresas.

Marcelo Rilla, bandoneón y voz. Viernes 21 y 28 de junio, en Ducón (Durazno y Convención).

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