Caminar por otros lados – Brecha digital

Caminar por otros lados

Vetusta Morla en Montevideo.

Foto: Difusión

Vetusta Morla es la banda de rock español más relevante del momento, los madrileños se presentarán en La Trastienda el próximo 22 de marzo, y llegan con nuevo disco bajo el brazo: “Mismo sitio, distinto lugar”, cuarto trabajo de estudio y su proyecto más arriesgado hasta la fecha. Brecha habló con David García, “el indio”, baterista y miembro fundador del grupo, quien contó algunos detalles de la grabación del disco y de la gira sudamericana en la que se han embarcado.

Con una trayectoria de casi 20 años íntegramente independientes, Vetusta Morla es una rara avis dentro del actual negocio musical, un cuerpo extraño en un ámbito en el que los productos culturales prefabricados al gusto del consumidor son la regla general. La banda nació en 1998 en la ciudad de Tres Cantos, situada en el extrarradio de Madrid. Allí, un grupo de seis amigos en edad liceal, Juan Pedro Martí “Pucho” (voz), Juan Manuel Latorre (guitarra y teclados), Guillermo Galván (guitarra y teclados), Álvaro B Baglietto (bajo), Jorge González (percusión y programaciones), y David García “el indio” (batería), comenzaron un periplo que bien podría definirse con un extracto de la letra que abre la nueva obra de la banda: “Ha sido mágico haber llegado aquí sin un solo talismán.”

“El grupo a finales de este año cumplirá 20 años desde que nos juntamos por primera vez a ensayar, éramos muy jovencitos y apenas sabíamos tocar, y nos juntamos a hacer las primeras canciones. Durante los primeros diez años se trató de un hobby, una pasión a la que le dedicábamos mucho tiempo. Nos reuníamos mucho en el local de ensayo a componer canciones, hacíamos algunas grabaciones, tocábamos sobre todo en Madrid, y esporádicamente salíamos a tocar por el país” –rememora “el indio”–.

Con el transcurrir de los años y la banda ya consolidada, poseedora de un show en vivo potente y afianzado y con un puñado de buenas canciones, Vetusta Morla decide registrar su primer álbum a mediados de 2006.

—¿Cómo fueron los primeros intentos por grabar un disco?

—Nos encontramos con dos productores, Manuel Colmenero y Javibu Carretero, y surgió la oportunidad de intentar editar un disco. Primero grabamos un pequeño demo, con algunas canciones que luego pertenecerían al primer trabajo del grupo; y se lo mostramos a las discográficas, tanto a las pequeñas como a las grandes, y al no haber ninguna respuesta decidimos acabar el disco y volver a ofrecerlo a las discográficas. Eso hicimos, pero nuevamente no tuvimos ninguna oferta interesante.

Con el material ya grabado nos planteamos crear una discográfica, que nos llevó muchísimo trabajo armar, porque había que ocuparse de un montón de cosas extra musicales. Finalmente editamos el disco bajo nuestro propio sello (Pequeño Salto Mortal), las circunstancias nos obligaron, y no nos quedó otro camino que ése.

En el comienzo tuvimos la suerte que varios miembros de la banda ya trabajaban profesionalmente en el ambiente, por ejemplo, Pucho, el cantante, es diseñador gráfico, y se encargó de la parte del arte y el diseño del álbum, y Juanma, uno de los guitarristas, es periodista musical, y pasó a encargarse de todo lo que tiene que ver con la comunicación, y así cada uno de nosotros aportaba algo de lo que sabía.

A mediados del 2008 autoeditan Un día en el mundo, el primer álbum de Vetusta Morla, y algunos meses después el videoclip de “Otro día en el mundo”, que tiene la particularidad de ser un plano secuencia entero del trayecto de la banda desde el apartamento de dos de sus integrantes hacia las calles de Madrid tocando en vivo y con sorpresa final se hizo viral en YouTube y cambia todo para siempre en la vida de la banda.

Mismo sitio, distinto lugar, el cuarto álbum, es el trabajo de estudio más ambicioso en la historia del grupo y ha sido grabado en el mítico Hansa Tonstudio de Berlín, donde han grabado obras de ruptura en su trayectoria músicos de la talla de David Bowie, Nick Cave, U2 y Depeche Mode. Se trata de un disco con un empaque sonoro muy potente, y una riqueza en la labor de producción y arreglos inédita hasta la fecha en la discografía de la banda.

—Desde hacía tiempo queríamos grabar fuera de España, y así convertir la experiencia de la grabación en algo un poco más interesante, y surgió lo de Hansa, que fue una vivencia increíble. Para nosotros ha sido una especie de peregrinación el sólo hecho de estar en la misma sala en la que muchos de nuestros discos favoritos han sido registrados. Eso, sumado a la experiencia de trabajar en ese estudio y con profesionales al más alto nivel, más el hecho de vivir todos juntos en una ciudad con la historia y la oferta cultural de todo tipo que tiene Berlín nos ha dado como resultado una vivencia muy gratificante.

—Desde el título, el álbum remite a una búsqueda, pero manteniendo la esencia de los orígenes.

—Desde luego lo que hay en el nuevo material es un viraje en la trayectoria del grupo, cuando nos juntamos a empezar a trabajar entre todos tuvimos una charla y vimos claramente que queríamos caminar por otros lados. Sin dudas éste último disco ha sido en el que más hemos dejado que se aportara desde fuera del núcleo del grupo, ya que queríamos enriquecer un poco más el proyecto, llevarlo más allá y salir de nuestra zona de confort.

Las cosas que hacen diferente al producto final son varias, empezando por la producción, ya que no la ha hecho el equipo con el que trabajamos en los tres discos anteriores, en este caso hemos coproducido junto a Campi Campón, productor habitual de Jorge Drexler, con quien compartimos amistad. Queríamos que el disco fuera mezclado por alguien ajeno a la producción, queríamos que alguien con una mirada externa pudiera aportar otros matices, y llevara el disco un poco más allá, y eso es lo que hizo Dave Fridmann (Mercury Rev, The Flaming Lips, Tame Impala), el productor estadounidense que se encargó de las mezclas.

La mano de Fridmann se percibe desde la primera escucha del material, ya que la diferencia sonora con los anteriores álbumes es bastante notoria, la banda suena más compacta, y por momentos las programaciones y los arreglos con toques de electrónica toman el centro de la escena, agregando potencia y robusteciendo el sonido en general, y al mismo tiempo manteniendo el toque atmosférico y los crescendos que han caracterizado sus trabajos anteriores.

—La principal diferencia que se nota en el sonido de Vetusta probablemente es fruto del trabajo posterior en las mezclas. Todo el trabajo de composición, de arreglos y del registro de los instrumentos que se hizo en Hansa, a lo mejor se podría haber hecho en otro estudio con condiciones técnicas semejantes. Lo que nos interesaba de Hansa era poder estar allí y poder sentir ese ambiente especial en esa sala tan grande, que nos daba la posibilidad de grabar todos juntos, y por supuesto el equipo de primera que tiene el estudio. Lo que ha hecho que fuera diferente ha sido la manera de grabar, ya que nos planteamos un método de trabajo diferente al habitual, el objetivo era grabar una canción por día. Cada mañana empezábamos tocando juntos en la sala la canción elegida, y a medida que las tomas eran buenas durante el transcurso del día rematábamos el trabajo cada uno por separado.

Hemos unido las dos típicas maneras de grabar en un estudio: todos juntos en directo, y luego por separado, esto ha hecho que el sonido tenga un empaque más orgánico, que creo que lo hace interesante.

—En las letras de las nuevas canciones también se nota un cambio de enfoque, si bien el álbum se asemeja más a una colección de instantáneas que a una obra con un hilo conductor marcado.

—En este disco no hay tantas referencias directas a la actualidad social o política, pero nuestras letras son abiertas, suelen partir de cuestiones personales, pero evidentemente también algunas de ellas se pueden extrapolar a la actual situación del país, aunque ésta no era la intención de primera, al menos en este disco. En el anterior trabajo, La deriva, sí que había una intencionalidad mucho más explícita en ese sentido.

—Respecto a la gira por Latinoamérica… ¿cómo les sienta girar por países donde no poseen el estatus de artistas consagrados que ostentan en España?

—El girar en lugares donde somos poco conocidos nos sirve para recordarnos de donde venimos, y para volver a enfrentarnos a hacer conciertos en lugares más pequeños, en los que la manera en la que se trasmite la energía es más directa, y a nosotros nos encanta eso, hemos crecido como banda en salas pequeñas y lo disfrutamos mucho. En Uruguay estuvimos en el 2013, en el festival Contrapedal, tuvimos la oportunidad de hacer amistad con la gente de No Te Va Gustar, con quienes compartimos escenario primero en Argentina y luego en España, y compartimos unos días libres en los que pudimos aprovechar y disfrutar un poco del candombe por las calles de Montevideo, que fue una experiencia muy bonita, y tenemos muchas ganas de volver.

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