Catástrofe climática y resistencia

Lo que no miden los termómetros

Mientras suben las emisiones pospandemia, las disrupciones del clima se agravan y amenazan la vida de millones. Empiezan a escucharse llamados al sabotaje y la acción directa ante la inoperancia de cumbres y conferencias.

Tierra reseca por la sequía en Chennai, en el sur de India, abril de 2020 Afp, Arn Sankar

En El Ministerio del Futuro1 –el libro más importante sobre política ambiental desde Esto lo cambia todo,2 de Naomi Klein–, Kim Stanley Robinson abre con una ola de calor hiperletal. Ocurre en el estado indio de Uttar Pradesh en 2025. La combinación de calor y humedad es tal que durante días y días el aire se siente como un sauna del que es imposible escapar. Los cuerpos humanos no logran aguantar tanto tiempo. En un pueblo cerca de Lucknow –donde se encuentra uno de los personajes, el voluntario estadounidense Frank–, las familias duermen en los techos. Al despertarse descubren que los ancianos y los niños han muerto durante la noche. «Los llantos desconsolados laceran el aire.» Los cadáveres se pudren al sol. Los aires acondicionados de la región sobrecargan la red eléctrica y se corta la luz; los generadores no son suficientes; decenas de miles de seres humanos entran en pánico y se precipitan hacia un lago cercano donde se hunden en el agua, sin resultados: el lago se siente «como si estuviera a solo unos pocos grados de hervir». Miles de cabezas, con sus ojos rojos, a punto de saltar de sus órbitas, salpican la superficie, cada vez menos vivas. Unos 20 millones de personas mueren en la ola de calor del norte de la India –más que en toda la Primera Guerra Mundial– solo en el transcurso de una semana. El primer capítulo de El Ministerio del Futuro es un puñetazo en el estómago del lector. Nadie debería ser capaz de dejar el libro a un lado luego de eso.

UN MUNDO INHABITABLE

Como señala en The New York Review of Books el autor y activista ambiental Bill McKibben, esta ola de calor es ficticia solo en un sentido limitado y temporal: aún no ha sucedido. Pero algo como esto está prácticamente garantizado. Quizás el novelista contemporáneo con mayores conocimientos de ciencia climática, Robinson basa su escenario en un artículo científico de 20173 que demuestra que, de continuar el estado de cosas actual, a lo largo de este siglo el subcontinente indio será testigo de episodios de este tipo desde Lucknow hasta Sri Lanka. Cuando la temperatura de bulbo húmedo –una variable compuesta que mide la combinación de calor y humedad– excede los 35 ºC, el cuerpo humano simplemente deja de ser capaz de enfriarse, los mecanismos de intercambio de calor se rompen; después de unas horas, incluso la persona más apta y resguardada a la sombra morirá. Las olas de calor intensas que cruzan este umbral térmico pueden provocar una mortandad masiva. Un artículo académico anterior4 había demostrado que este destino le aguarda al golfo Pérsico y un estudio posterior5 arrojó los mismos hallazgos para la llanura del norte de China. En los últimos años se ha observado un empeoramiento de las olas de calor en las tres regiones mencionadas, el bulbo húmedo de 35 ºC está cada vez más cerca. Cinco meses después de la publicación de El Ministerio del Futuro, otro estudio6 concluyó que las olas de calor por encima del nivel crítico atravesarán los trópicos una vez que el calentamiento global promedio supere los 1,5 ºC. The Guardian informó con diligencia esta noticia. El titular decía: «El calentamiento global empuja a las regiones tropicales hacia los límites de la habitabilidad humana». Se publicó en un recuadrito justo por debajo de los últimos titulares del drama de la duquesa Meghan y el príncipe Harry.

¿Dónde están las regiones tropicales? En una franja que rodea el mundo, entre una línea norte que atraviesa México, Libia, India y una línea sur que pasa a través de Brasil, Madagascar, Australia: allí vive alrededor del 40 por ciento de la humanidad. Otra vez: esta zona será empujada hacia los límites de la habitabilidad humana. En una sociedad mínimamente cuerda, la noticia tapizaría cada muro, cada parada de ómnibus y cada poste del alumbrado público; en nuestra sociedad tal cual es, a muy pocos pareció interesarles. En White Skin, Black Fuel: On the Danger of Fossil Fascism,7 el Colectivo Zetkin y yo argumentamos que la indiferencia cruel hacia el sufrimiento de las personas racializadas es uno de los cimientos más subestimados del statu quo. Pero a veces aflora a la luz del día. Citemos al economista y columnista de The Telegraph Andrew Lilico, quien, al argumentar que la forma de abordar el colapso climático es la adaptación, no la mitigación, dijo: «Puedo imaginarme los trópicos adaptándose a un incremento de 4 ºC, volviéndose desiertos baldíos en los que viva poca gente. ¿Por qué eso no sería una opción?». Parece bastante improbable que a algún economista burgués devenido periodista se le ocurra considerar la evacuación total de Europa occidental y Nueva Inglaterra como precio razonable a pagar con tal de mantener el statu quo actual. Tampoco un informe de la inminente inhabitabilidad de esos lugares terminaría ubicado por debajo de las últimas intrigas de la familia real. (¿O sí? No se puede estar del todo seguro, por supuesto.) Tampoco parece que el Norte global se esté preparando para albergar a todos esos millones o miles de millones que tendrían que ser rescatados del horno tropical. Al fin y al cabo, ¿a quién le importan?

Las personas que corren mayor riesgo viven en favelas, asentamientos, campos de refugiados, trabajan al aire libre o en edificios mal ventilados, es decir, son las clases trabajadoras del Sur global.8 Todavía están a tiempo de salvarse de su destino hipertérmico. El último estudio encuentra que las peores olas de calor asesinas en los trópicos se evitarían si el calentamiento promedio se mantuviera por debajo de 1,5 ºC. Pero, por otro lado, la Asociación Meteorológica Mundial considera ahora que es probable que se sobrepase este límite meses antes de 2024. Lo dicho: prácticamente garantizado.

VIOLENCIA Y ESTRATEGIA

Lo que no figura en los modelos predictivos ni en los termómetros es la resistencia popular. Tras los eventos que Robinson ubica en el norte de India en 2025 sucede algo sorprendente: comienza el contraataque. Jóvenes indios traumatizados y enfurecidos forman un movimiento llamado Los Hijos de Kali, que es la diosa hindú de la muerte. Proclaman el fin inmediato del uso de combustibles fósiles y pasan de las palabras directamente a los hechos. Células clandestinas se despliegan en todo el país para atacar infraestructura y maquinarias: «Decenas de plantas de energía estaban siendo destruidas en todo el mundo, a menudo por ataques con drones». Jets, yates y portacontenedores privados a diésel son derribados y hundidos por «torpedos que salen de la nada». A medida que más cataclismos climáticos golpean el mundo, Los Hijos de Kali se transforma en un movimiento transnacional, con imitaciones en todo el planeta, pero particularmente en el núcleo capitalista del Norte global, en parte estimuladas por el brazo clandestino del Ministerio del Futuro, afiliado a la ONU. «Es posible que algunas plantas de carbón estén experimentando problemas», explica en voz baja el cabecilla de la organización a su jefe en el ministerio. «Han tenido que darse de baja… los inversores lo están viendo y han comprendido que nunca volverán a ser inversiones rentables.» Pero estos grupos no se detienen en la destrucción de propiedad privada: Los Hijos de Kali secuestra y asesina a ejecutivos de la industria de los combustibles fósiles. Mata a hombres ultrarricos culpables de cantidades interminables y sin sentido de emisiones de lujo –«Ellos nos mataron a nosotros, así que ahora nosotros los matamos a ellos»– y solo se esfuerza por evitar herir a los civiles inocentes.

El Ministerio del Futuro es una utopía, más que una distopía. A lo largo de sus 600 páginas, la humanidad logra deshacerse de los combustibles fósiles y comienza a deshacer el daño que ya hizo y a restablecer un clima vivible (además de a resembrar gran parte del planeta). En esta transición imaginada, la resistencia armada es la fuerza propulsora. Como ha señalado otro crítico, Ian Maxton, esta no es «solo una de las muchas estrategias, sino la estrategia que hace posibles todas las demás. Es el aspecto más valiente y audaz del libro: rechazarlo es rechazar la esencia del optimismo de Robinson. […] La novela deja claro que solo después de poner el miedo a la muerte en el corazón de los poderosos es que estos se sentarán a la mesa y considerarán algo aparentemente tan razonable como instituir una moneda de compensación de carbono. Si nuestro mundo va a parecerse en algo al del libro –es decir, si todavía hay alguna esperanza para los hijos de nuestros hijos–, será gracias a quienes se dan cuenta de que estamos en una guerra y es necesario comenzar a actuar en consecuencia».

Es un pronóstico realmente sombrío. El propio Robinson no lo comparte del todo. Los Hijos de Kali son producto de su fantasía, basada en que «si no nos enfrentamos ahora a estos problemas, dentro de diez años habrá tanto sufrimiento y la gente va a estar tan terriblemente enojada que habrá violencia» (Resilience.org, 23-III-21). La pregunta es de qué tipo debería ser esa violencia. Robinson –aquí ya no el novelista imaginativo, sino el comentarista político– aprueba el «sabotaje, que sería la destrucción de la propiedad en lugar de la destrucción de los seres humanos. ¿Violencia contra los seres humanos? Eso no». Le gustaría que fuera «focalizada y asimétrica, inteligente y eficaz», en lugar de «espasmos de violencia furiosa que en realidad no logran mucho» (Rolling Stone, 10-XII-20).

Precisamente la misma esperanza sombría, una postura en algún punto del espectro entre el realismo desilusionado y el optimismo deseoso, es lo que propongo en mi libro How to Blow Up a Pipeline.9 Pero tal vez debería haber enmarcado el problema a la manera de Robinson: la violencia está llegando, prácticamente garantizada, al igual que las olas de calor hiperletales, al menos si es cierto que los humanos no se resignan a morir por millones sin contraatacar. La pregunta para los movimientos climáticos, incluidos Los Hijos de Kali que estén por venir, es cómo darle una dirección a esa violencia, cómo darle un propósito político e imponerle algunos límites básicos. Y de allí se desprende otra pregunta: ¿cuándo comienza el contraataque? ¿Tenemos que esperar a que mueran 20 millones de personas? ¿O deberíamos empezar más temprano que tarde? Algunos eventos del año pasado, incluidas algunas revueltas populares, podrían proporcionar algún material para tales consideraciones.

*   Andreas Malm es profesor asociado de Ecología Humana en la Universidad de Lund y miembro del consejo editorial de la publicación académica de la Universidad de Londres Historical Materialism. Es autor de varios trabajos sobre la historia y la política de los combustibles fósiles, entre ellos, Capital fósil: el auge del vapor y las raíces del calentamiento global (edición en español de Capitán Swing, 2021).

1. El Ministerio del Futuro, de Kim Stanley Robinson, Ediciones Minotauro, 2021.

2. Esto lo cambia todo: El capitalismo contra el clima, de Naomi Klein, Booket, 2019.

3. «Deadly heat waves projected in the densely populated agricultural regions of South Asia», de Eun-Soon Im, Jeremy S. Paland, Elfatih A. B. Eltahir. Disponible en Science.org (2-VIII-17).

4. «Future temperature in southwest Asia projected to exceed a threshold for human adaptability», de Jeremy S. Palm, Elfatih A. B. Eltahir. Disponible en Nature.com (26-X-15).

5. «North China Plain threatened by deadly heatwaves due to climate change and irrigation», de Suchul Kang, Elfatih A. B. Eltahir. Disponible en Nature.com (31-VII-18).

6. «Projections of tropical heat stress constrained by atmospheric dynamics», de Yi Zhang, Isaac Held, Stephan Fueglistaler. Disponible en Nature.com (8-III-21).

7. White Skin, Black Fuel: On the Danger of Fossil Fascism, de Andreas Malm y el Colectivo Zetkin, Verso Books, 2021 (en inglés).

8. «Future of the human climate niche», de Chi Xu, Timothy A. Kohler, Timothy M. Lenton, Jens-Christian Svenning, Marten Scheffer. Disponible en PNAS.org (26-V-20).

9. How to Blow Up a Pipeline: Learning to Fight in a World on Fire, de Andreas Malm, Verso Books, 2021 (en inglés). Traducción al español anunciada por Errata Naturae: Cómo dinamitar un oleoducto. Nuevas luchas en un mundo en llamas.

(Publicado originalmente en el blog del autor en Verso Books. Traducción de fragmentos a cargo de Brecha.)

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