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Conozca el interior

Atrevidamente nuestro. Puro Chamuyo. Ayuí, 2017.

Le recomiendo al lector que vea Punto penal los domingos en Canal 10… Bueno, en realidad lo que quiero recomendarle es algo así como la media hora previa a que aparezca Julio Ríos con su desconcertante vestuario y sus laberínticas metáforas futbolísticas. Es el programa previo, y lo recomiendo no porque sea una lección de televisión por lo alto, sino porque un payador, Juan Carlos López, y una conductora sonriente e innegablemente carismática, muestran fragmentos de videos de toda una movida bastante increíble que está sucediendo en el Interior profundo de Uruguay y que no podemos –ni debemos– desconocer desde la capital.

Ese programa, llamado De pago en pago, es en realidad impagable –valga el juego de palabras–, no por las payadas de López ni por la simpatía de la conductora, Alida Fernández, sino por adentrarse en ciertos festivales y en bailongos varios, especialmente en el noreste uruguayo. Allí vemos lo que está sucediendo en departamentos como Rivera, Tacuarembó o Cerro Largo con una impresionante movida de bandas integradas por pibes vestidos de gauchitos modernos que en sus cabezas calzan esas boinas medio alargaditas como los nuevos cascos aerodinámicos de los ciclistas y que parecerían ser condición excluyente para tener pinta de pibe del Interior profundo.

Hay de todo, claro, como siempre sucede: desde grupos impresentables hasta gente que “se toca todo”, como es el caso del trío Puro Chamuyo, de Tacuarembó, que acaba de editar su primer disco en el sello Ayuí.

Es notable ver esos bailes donde jovencísimos peones rurales y otros con inequívoco aspecto de “el hijo del estanciero” comparten la pista bailando con graciosos saltitos las polcas y sobrepasos del norte, estilo “uno para acá y otro para allá” mientras en el escenario otros muchachitos de boina (las mismas que usan muchos bacanes –y bacanas– aquí en la exposición del Prado, parados al lado del Hereford premiado que vale decenas de miles de dólares) mezclan astutamente las guitarras y los acordeones con teclados Roland o guitarras y bajos Fender y Gibson.

En este neofolclorismo llevado adelante por paisanitos no ya de facón al cinto sino más bien de celular al bolsillo y redes sociales siempre prontas, en este neofolclorismo del Uruguay de la soja y los camiones cargando madera para Upm, aparece el excelente trío Puro Chamuyo con su disco titulado Atrevidamente nuestro, que es un placer absoluto.

Domingo Bermúdez en guitarra de siete cuerdas y voz, Gonzalo Olivera en cajón peruano, platillo y bombo, y Juan Pablo Silva, también maestro escolar de profesión, en segunda guitarra y segunda voz, además de bandoneón y acordeón, sorprenden totalmente con un repertorio de polcas, milongas –y otros ritmos que retratan sus pagos– tocado y cantado con mucho talento y un infalible buen gusto.

Bermúdez canta con simpatía, convicción, perfecta afinación y a veces una cierta rigidez (y alguna que otra caída al recurso fácil que bien podría evitar), mostrando un innegable talento. Sus dos compañeros hacen lo suyo con fuerza y un amplio bagaje de recursos instrumentales. Hay varias autorías propias. Hay temas cantados alternándose con preciosos instrumentales. Hay mucha picardía “campera” en ciertas letras que retratan en forma infalible, simpática y un poquito sangrienta a la vez, lugares y personajes típicos. En fin: un producto precioso que se recomienda totalmente.

Encontramos muy lindos momentos en temas como “Milonga puro chamuyo”, “El compleaños del comesario”, “De bailongo en Paso Hondo”, “Rasquiña” –donde aparece el legendario Abel Soria como uno de los autores– y una tremenda versión del tema de Alberto Mastra “Así fui yo”, que tiene reminiscencias de lo que hace el Cuarteto Ricacosa, pero con ese toque de autenticidad campesina que le viene como anillo al dedo. También son un deleite los instrumentales “Mónica”, una especie de rasguido doble al mejor estilo de “Qué pena”, de Zitarrosa, “La misionerita” o “Troteando”, arreglados y tocados con gran sensibilidad.

Se trata de un disco imperdible que para la gente de la zona es baile y placer, y para los montevideanos, una especie de telescopio perfectamente calibrado para lograr una visión en detalle de una zona del país que solemos ignorar olímpicamente. Uruguayos somos todos, aunque cada día nos dediquemos a que ese pequeño gran detalle nos pase peligrosamente inadvertido.

Atrevidamente nuestro. Puro Chamuyo. Ayuí, 2017.

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