Desayunándose

En el Club de Golf los asistentes esperan el primer “desayuno de trabajo” de ADM del año. Los expositores de la mañana serán Isaac Alfie, Jorge Caumont e Ignacio de Posadas, el dream team del neoliberalismo nacional.

Foto: Fernando Pena

A lo lejos se ven unas diez personas desperdigadas en grupitos de dos o tres jugando al golf en la inmensidad del parque. Un señor de traje oscuro se queja de lo tarde que es, de que esto debería ser como en los remates de la feria de Romualdo Rodríguez: si a las 8.00 los fija, a las 8.00 comienzan. Son 8 y 20 y estamos en el balcón del Club de Golf esperando que se abran las puertas de la sala donde va a realizarse el primer “desayuno de trabajo” de Adm del año. Decenas de otros señores de traje oscuro conversan en el lobby.

Cuando se abren las puertas, estos señores entran junto con un “puñado” (diría Carmelo Vidalín) de mujeres y un par de transgresores de traje claro o camisa. Se distribuyen entre 15 mesas, algunas de las cuales están reservadas para empresas: Ibm, Anda, Hru y Antel, entre otras. Mi mirada recorre sus rostros y me parece haberlos visto cuando era niño, a muchos de ellos en el informativo. El desayuno ya está servido frente a cada silla: una medialuna rellena, tres sándwiches, una tarteleta y un yogur con mermelada y avena servido en un vasito de shot. El café y el jugo de naranja son repuestos por amables mozos y la comida no decepciona.

Los expositores de la mañana serán Isaac Alfie, Jorge Caumont e Ignacio de Posadas, el dream team del neoliberalismo nacional. Detrás de la mesa en la que estarán sentados, una lona acumula sponsors, entre los que se destacan los estatales Antel y Brou. Se anuncia la agenda de los próximos encuentros: el que viene será una charla sobre el Fonasa y en los siguientes disertarán los ministros Liliam Kechichián y Danilo Astori, y el director de la Opp, Álvaro García.

El presidente del Consejo Directivo de Adm, Jorge Abuchalja, destaca la presencia en el salón de Graciela Bianchi y de Diego Balestra, presidente de la Confederación Empresarial del Uruguay, y presenta a los disertantes, pidiéndoles que brinden pistas en esta situación de incertidumbre, adrenalina y zozobra.

Alfie comenzó por Uruguay. Las cosas están mejor de lo que se esperaba: crecen la industria, las importaciones y las exportaciones, el mercado de empleo cesó su deterioro, la temporada turística implicó claramente una mejora y se dará un crecimiento no muy grande, pero crecimiento al fin. Se espera, sin embargo, que la inminente suba de la tasa de interés en Estados Unidos genere problemas para captar inversión y preocupa la caída de las reservas de China. En Europa ascienden los partidos anti-euro y en Italia, en particular, es esperable que de ganar vuelvan rápidamente a la lira, causando que se fundan los bancos italianos, que ya están en problemas. El gobierno de Brasil es frágil y no es claro que llegue a terminar el período, mientras que en Argentina Macri, que comenzó rutilante, se volvió timorato, y cabe preguntarse hasta cuándo este endeudamiento alocado.

Estuvieron presentes todos los lugares comunes neoliberales. El exministro señaló como problemas no resueltos la dependencia con respecto al Mercosur, el elevado ritmo de crecimiento de los salarios que afecta la competitividad, el déficit fiscal y un atraso cambiario descomunal. A continuación, Caumont abrió su exposición con algunas reflexiones sobre las definiciones de riesgo e incertidumbre de un histórico Chair del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago. Sentenció exasperado que los países que se inmiscuyen en las relaciones laborales son atrasados y se manejan con eslóganes, y se indignó con el crecimiento del funcionariado público. De Posadas vino a quejarse de la forma como el gobierno ha dejado crecer a las corporaciones mucho más de lo prudente (pero, aclara, eso todavía no pone en riesgo a las instituciones), aunque hay un aprendizaje gracias al cual ya no se escuchan las cosas que se decían en los sesenta y los setenta, salvo en minorías apolilladas. También proclamó apasionadamente que la acumulación de capital es más importante que la transparencia y el grado inversor. Y, por supuesto, va a ser necesario un ajuste.

Esta frase podría servir para cualquier momento y cualquier lugar. Ciencia e ideología se hacen indistinguibles en el discurso. Los empresarios que están allí escuchan a los expertos para tomar decisiones, por lo que a nadie le conviene que esto sea mentira. Pero la bajada de línea política es indisimulada al mismo tiempo que inseparable de los momentos científicos del discurso. Claro, en el neoliberalismo el programa político fluye desde la ciencia económica. Pero una ciencia económica que es ya lucha de clases: el salario es “costo país”, los sindicatos son “corporaciones” y la regulación laboral es atraso.

Acostumbrado al discurso progresista que intenta continuamente la combinación entre las demandas sociales, los objetivos de bienestar y la necesidad de inversión, la coherencia de los profesionales neoliberales de la especulación (en los dos sentidos de la palabra) trasmite un grado de elegancia teórica, pero también de irrealidad. El desayuno es una máquina del tiempo, pero viendo lo que está pasando en Argentina y Brasil, no queda claro si es una que viaja al pasado o al futuro. Más bien, es un viaje al tiempo homogéneo y vacío del que habla Walter Benjamin, en el que siempre hubo y habrá competencia y siempre fue y será necesario un ajuste.

Pero algo era diferente. La ansiedad y el desconcierto aparecían casi que como actos fallidos interrumpiendo la coherencia de la arrogancia de quien se sabe del lado correcto de la historia. La apertura es inevitable, decían, para después preocuparse por la posibilidad de devaluaciones competitivas y guerras comerciales, como en la década del 30. La inevitabilidad de la apertura comercial, entonces, no es una predicción, sino una expresión de fe.

Alfie llamó a Trump poco convencional, sanguíneo e imprudente, pero espera que termine siendo razonable. Remarcó, eso sí, que lo que quería decir con esperar era que tenía esperanza. Las comparaciones con la entreguerra y el miedo al fin del orden de posguerra estuvieron presentes en las tres exposiciones, siendo la de De Posadas la más optimista, aunque sin dejar de advertir que es necesario prepararse para las sorpresas. Lamentó además una crisis de liderazgo en los países desarrollados y en los organismos internacionales, incluyendo expresamente al Fondo Monetario Internacional, mientras Caumont se mostró preocupado por no saber cómo va a ser la política comercial del país que siempre empujó al libre comercio. La decepción con Macri era compartida por los tres expositores. Algo está muy mal.

El exministro de economía de Lacalle llegó a anunciar que existe una crisis de la democracia en Occidente. Habló de cómo las reacciones de miedo y odio que dan fuerza al movimiento 5 Estrellas italiano, Podemos, Brexit, Le Pen y Trump, si bien se disfrazan de odio a los políticos, expresan en realidad un odio a la democracia. Una democracia que es víctima de una confusión según la cual mucha gente cree que ella existe para satisfacer necesidades materiales, cuando en realidad existe para proteger derechos. Hay reclamos que no se pueden atender y eso genera odio.

A pesar de que el discurso es emitido desde la ciencia económica, los factores extraeconómicos toman un lugar central. De Posadas cierra su discurso enfatizando lo importante que es hacer foco en las cuestiones institucionales y culturales, y dar la batalla contra el conservadurismo (qué querrá decir con esto es un misterio) y los impulsos de cerrarse al mundo. Es notable cómo, a pesar de que los mercados son naturales y la apertura inevitable, hay que hacer tanto trabajo político y cultural para que estos triunfen.

Los neoliberales mantienen la fe a pesar de las señales y su discurso avanza sin fisuras a pesar de que sus bases se tambalean, la gente se está rebelando contra ellos y las instituciones que siempre garantizaron su victoria no lo están logrando. Al analizar fenómenos económicos “normales” aplican la receta con calma y rigor, al mismo tiempo que advierten sobre la fragilidad de las bases institucionales que hacen posible el marco de esa normalidad, sin que eso implique un cuestionamiento de su pensamiento. No termina de empezar el fin del fin de la historia. Alfie lo resumió así: en el corto plazo soy cautelosamente optimista, el después se los debo. Cuando llegaron las preguntas del público, no faltó un pedido de vaticinio sobre la trayectoria del dólar. Por si el lector está interesado, Caumont adelantó que subirá por encima de la inflación.

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