La violencia y el robo de tierras se profundizan en Cisjordania: Despojo acelerado - Semanario Brecha
La violencia y el robo de tierras se profundizan en Cisjordania

Despojo acelerado

Mientras todas las miradas apuntan a Gaza, la limpieza étnica en Cisjordania se intensifica. Al comienzo de esta semana, y en poco más de 20 días, ya sumaban 13 las comunidades palestinas completamente expulsadas de sus tierras a manos de soldados y colonos israelíes.

Familiares de un palestino asesinado por las fuerzas israelies durante su funeral en el West Bank ocupado el 31 de octubre. AFP, JAAFAR ASHTIYEH

Mientras Abu Hassan, de 46 años, y Mohammed Khaled, de 27, salían de la aldea palestina Wadi al Siq, dos camionetas pick-up llenas de colonos judíos enmascarados y vestidos con uniformes militares bloquearon la carretera.* A punta de pistola, Hassan y Khaled recibieron instrucciones de bajar de su auto. La periodista Hagar Shezaf describió en el diario israelí Haaretz cómo los colonos golpearon a Hassan y Khaled inmovilizando sus cabezas contra el suelo antes de atarles las manos con alambre, vendarles los ojos y arrastrarlos a un corral de ovejas vacío. Uno de los colonos arrancó la ropa de los hombres con un cuchillo y los dejó en calzoncillos.

«La violencia fue implacable», dijo Hassan a Shezaf. «Nos echaron agua, nos orinaron encima y luego alguien que sostenía un palo intentó metérmelo en el trasero. Luché con todas mis fuerzas hasta que simplemente se rindió. Luego me golpeó en todo el cuerpo, me pisó la cabeza con ambos pies y saltó sobre mi espalda.» El abuso duró desde antes del mediodía del jueves 12 de octubre hasta que los funcionarios de la Administración Civil israelí llegaron, por la noche, y liberaron a ambos hombres, así como a un tercer palestino que había sido torturado no lejos del corral de ovejas. Para el momento en que una ambulancia llegó al pueblo, los colonos ya habían desaparecido y se habían llevado el auto y el dinero de las víctimas.

Ubicada al este de Ramallah, Wadi al Siq está rodeada por tres asentamientos de colonos relativamente nuevos, cuyos residentes han estado aterrorizando a los aldeanos palestinos durante meses. David Shulman, un profesor y estudioso de sánscrito israelí, forma parte de un grupo de activistas que intentan proteger a los residentes palestinos de la violencia de los colonos. El mes pasado, durante una de las noches en que el grupo pernoctó en Wadi al Siq (una actividad que llaman «presencia protectora»), un palestino llamado Ali, que ha vivido en esa aldea por 50 años, le dijo a Shulman: «Nuestros niños están aterrorizados, lloran mucho, pero estamos aquí para quedarnos».

Tres semanas después, Ali fue una de las 180 personas, incluidos 40 niños, que debieron abandonar Wadi al Siq. La crueldad de los colonos se había vuelto tan intolerable que la comunidad, fundada por refugiados que se mudaron a Cisjordania tras la Nakba de 1948, sintió que no tenía otra opción que irse de su aldea. Ahora son refugiados por partida doble.

El asalto de los colonos a Abu Hassan y Mohammed Khaled sucedió dos días después de que toda la comunidad huyera. Los dos hombres habían regresado a la aldea junto con otros pocos palestinos y algunos activistas israelíes para desmantelar partes de sus casas, cargarlas en camiones y llevarlas hacia el oeste, donde los aldeanos ahora están ocupando tierras propiedad de palestinos de la aldea Rammun. Hassan y Khaled fueron torturados no para expulsar a los aldeanos palestinos de Wadi al Siq (sus torturadores ya habían logrado eso), sino para aterrorizar a otras comunidades palestinas que permanecieron en sus tierras y aún no estaban dispuestas a abandonar sus hogares.

Aunque es poco difundida, la expulsión de palestinos de las colinas al este de Ramallah, del valle del Jordán y de las colinas del sur de Hebrón se viene gestando desde hace muchos años. Como explica la organización israelí de derechos humanos B’Tselem, atacar a los palestinos es «parte de la conocida e histórica política de Israel de hacerle la vida tan miserable a docenas de comunidades palestinas de Cisjordania que los habitantes eventualmente se van, aparentemente por su propia voluntad. Luego, Israel procede a apoderarse de la tierra y usarla para sus propios fines, principalmente para construir y ampliar los asentamientos».

A menudo escoltados por soldados y respaldados por la Policía, los grupos de colonos llevan varios años desplegando una violencia sistemática contra las comunidades palestinas, destruyendo edificios y olivos, robando ganado y equipos agrícolas y destrozando tanques de agua, tuberías y paneles solares. Aunque los medios los describen frecuentemente como grupos autoorganizados o de naturaleza parapolicial, estos colonos reciben del Estado armas, dinero, apoyo operativo e, incluso, asistencia legal: el objetivo es desposeer a los palestinos para «judaizar» Cisjordania.

Desde que Hamás llevó a cabo su masacre de más de 1.300 israelíes en la frontera con Gaza, el 7 de octubre, la dinámica violenta en Cisjordania ha adquirido un ominoso matiz mesiánico. El 28 de octubre, la comunidad de Khirbet Zanuta, en las colinas del sur de Hebrón, que albergaba a 250 palestinos, se sumó a otras ocho comunidades que se vieron forzadas a abandonar sus aldeas en las últimas tres semanas, mientras que otras seis fueron parcialmente evacuadas. Los colonos han hecho saber a los integrantes de estas comunidades palestinas que si se niegan a abandonar sus aldeas, los matarán.

Desde el 7 de octubre, los israelíes han matado a 115 palestinos en Cisjordania; 11 de ellos murieron a manos de colonos. Tanto fuentes palestinas como el portal ultraderechista y procolono HaKol HaYehudi han informado que en los parabrisas de los autos en las aldeas palestinas vienen aparecido folletos que dicen en árabe: «Ustedes se buscaron una Nakba como la de 1948, así que juramos por Dios que haremos descender sobre sus cabezas la gran catástrofe… pronto. Tienen una última oportunidad de huir a Jordania de manera ordenada, porque luego destruiremos a cada enemigo y los expulsaremos por la fuerza de nuestra tierra santa que Dios nos ha otorgado y de la que nos ha ordenado no retirarnos».

Estos mensajes llegan poco después de la difusión por soldados israelíes en TikTok de clips que muestran a decenas de hombres vestidos de uniforme, algunos armados, bailando al ritmo de una banda en vivo: «¡No estamos avergonzados, queremos venganza! ¡Queremos venganza!». Los soldados israelíes se hacen eco de varios miembros de la Knéset que también han pedido explícitamente venganza. El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, tiene un plan para anexar Cisjordania y ofrecer a los palestinos dos opciones: vivir en Cisjordania sin ciudadanía o llevar adelante sus aspiraciones nacionales «en uno de los muchos países árabes circundantes». Según anunció el martes 10 el ministro de Seguridad Interior, Itamar Ben-Gvir, miles de armas, incluidos 10 mil rifles de asalto, están siendo distribuidas por esa cartera a los colonos, muchos de ellos ya organizados en milicias locales.

Mientras todas las miradas están puestas en Gaza –donde el número de muertos, según el Ministerio de Salud local, superaba este lunes los 8 mil–, la limpieza étnica en Cisjordania podría intensificarse aún más, con las fuerzas israelíes expulsando a los palestinos de sus hogares y posiblemente empujándolos fuera de las fronteras. El investigador israelí Dror Etkes, que ha estado monitoreando la apropiación de tierras por Israel durante más de dos décadas, escribió recientemente que «no hay ninguna fuerza dentro de Israel que pueda o esté interesada en detener la limpieza étnica que se está llevando a cabo ante nuestros ojos. Por lo tanto, lo responsable y lo correcto por parte de todas las organizaciones israelíes de derechos humanos sería emitir una declaración pidiendo a la comunidad internacional que estacione una fuerza multinacional en Cisjordania… Una fuerza multinacional de este tipo fue desplegada en Bosnia solo después de años de guerra y cientos de miles de muertes. Ahora es el momento de traerla a Cisjordania, antes de que se produzca una limpieza étnica masiva, antes de que se desate una violencia letal aún más amplia».

El domingo recibí un correo electrónico de un amigo de la aldea palestina Susya, en las colinas del sur de Hebrón. Los colonos, me decía, «han lanzado un ultimátum amenazador: prometen que si los aldeanos no abandonan el lugar en 24 horas, ellos regresarán y perpetrarán una matanza».

(Publicado originalmente en London Review of Books. Traducción y titulación de Brecha.)

* Según medios israelíes de distintas tiendas políticas, como Local Call y The Times of Israel, los atacantes son miembros activos de una unidad de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), además de habitantes de las colonias israelíes ilegales en Cisjordania, un hecho que la propia vocería de las FDI ha reconocido (N. de E.).

Cifras

De acuerdo a la organización de derechos humanos B’Tselem, entre el 7 y el 28 de octubre unos 858 palestinos de 32 comunidades y unas 13 comunidades en su totalidad habían sido desplazados por la fuerza de sus tierras en Cisjordania. La cifra continúa en aumento día a día.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, el accionar israelí en Cisjordania ha dejado 115 palestinos muertos, más de 2 mil heridos y cerca de 1.000 desplazados por la fuerza de sus hogares entre el 7 y el 29 de octubre. Durante ese mismo período, la histórica violencia contra los habitantes palestinos de Cisjordania se ha más que duplicado: al principio de este año esa oficina de la ONU registraba tres incidentes de violencia al día, cifra que ahora se elevó a siete (N. de E.).

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