Del inglés al español. Traduttore, traditore
No está clara la autoría de la frase «Cuando oigo una canción traducida del inglés al español, le saco el seguro a mi Browning», pero sí sabemos que Umberto Eco afirmó que traducir es decir casi lo mismo en otro idioma. De ese casi no se murió nadie y la gracia de la poesía es que, si uno no muere, al menos le pase algo cuando entra en contacto con ella. En todo caso, lo cierto es que, si traducir una prosa literaria presenta dificultades, un texto poético mucho más, y la canción, además, es un bicho extremadamente delicado. Hay que atender demasiados frentes a la vez: el sentido, el contexto, la estética, el ritmo. ¿Cómo desarmar una pieza de relojería compuesta en gran parte de monosílabos anglosajones secos y directos, y volverla a armar con nuestras aparatosas palabras latinas?
Los puntos altos
Escucho «You Are a Big Girl Now» en la gran interpretación de Liese Lange. La relación entre el texto original y su traducción adopta la forma de una onda: los versos en español rozan apenas la arena de la letra de Dylan, para retroceder y regresar en ciclos. Así como el mar es intermitentemente fiel a la orilla, la traducción lo es al original. Todo es tan sutil que el estribillo ni siquiera menciona el título de la canción.
Para «A Simple Twist of Fate», Santiago Tavella, con los Embajadores del Buen Gusto, explota otra idea interesante. Acá la fórmula parece invertirse, creando un arreglo de milonga en el que la letra en español encaja naturalmente. El resultado es uno de los puntos altos de la recopilación.
«Shooting Star» en la excelente versión de Carlos Casacuberta suena directa y natural en su arreglo pop, con la base de Pepe Canedo y Gabriel Casacuberta y el violín de Mario Gulla. Acá parece haber un doble homenaje, ya que en la forma de cantar de Carlos resuena algo del estilo vocal de Darnauchans.
En «Girl from the North Country», grabada en vivo en 2001, Darno toma otro camino. Hace su cover en inglés y en medio del tema agrega los siguientes versos en español, recitando con su guitarra de fondo.
Fijate si ella usa el cabello tan largo
como cuando yo la conocí
Y si ese cabello se mece al viento,
el viento de la frontera contra el Canadá
Fijate si el pelo está así.
Es la vez que la recuerdo más linda.
(Hoy desperté sintiéndome distinto. Como si me hubiese contagiado de algo. Hasta ayer la frontera contra el Canadá, una ubicación geográfica imprecisa, no encerraba para mí ningún sentido especial. Sin embargo, ahora me sorprendo tratando de imaginar ese espacio del que tengo tan pocos datos, intentando llenar los vacíos. Canadá, así, a secas, es una circunscripción del mapa político, una mancha rosada en el planisferio, pero el Canadá es otra cosa: suena más a un territorio antiguo y salvaje donde el viento frío mece el largo cabello de un recuerdo. Podría jurar que Darnauchans tampoco pensó mucho en la frontera contra el Canadá hasta que escuchó esta canción y se contagió de algo parecido a lo que me pasa esta mañana. La poesía es una especie de virus tan frágil como resistente, que se transmite de formas misteriosas pero muy efectivas cuando encuentra la víctima adecuada.)
Dimos vuelta la maquinita
En el invierno de 1961, Dylan recién llegaba a Nueva York, más precisamente a Greenwich Village, que era como el Cordón Soho de allá, un lugar lleno de cafés y bares donde florecía el arte y la bohemia. Escribía entonces en sus Crónicas: «Yo ansiaba grabar un disco, pero no los singles que sonaban en la radio. Los cantantes de folk, los artistas de jazz y los intérpretes de música clásica hacían long plays, que eran como la fuerza de gravedad. Tenían tapas que podías contemplar durante horas. A su lado, los discos de 45 revoluciones parecían insustanciales e incompletos. Se amontonaban en pilas y presentaban un aspecto intrascendente».
En una entrevista reciente, a propósito de este lanzamiento, Alfonso Carbone dijo que, de alguna manera, la industria musical había vuelto a los singles. Es cierto, aunque ya no sean los discos de 45 revoluciones, sino una canción que se publica en plataformas digitales.
Hoy algunos músicos y productores nuevamente aspiran al vinilo como soporte material y conceptual. Es que el mismo estado de cosas que permite que cualquiera pueda grabar en su casa genera una oferta enorme que supera nuestra capacidad de procesar y ordenar. La escasez era una bendición, pero no lo sabíamos. Cuando la tecnología democratiza los medios de producción (un estudio de grabación en una laptop), el cuello de botella se desplaza: el problema ya no es cómo crear, sino cómo ser escuchado o, desde el lado del consumidor, qué elegir.
¿Cómo no había escuchado estas versiones antes?
En Uruguay agregamos otro ingrediente a esta tormenta perfecta. Un músico me contó que salió a hacer un par de mandados por el barrio y volvió con tres discos de autores nacionales. No los compró, sino que por el camino se fue topando con conocidos que recién habían editado y le regalaron su material. Le pregunté qué tal estaban. «Ni los escuché. Los tengo ahí con otro montón. Debería dejar de tocar y dedicarme 24 horas para ponerme a tiro. Con la densidad de músicos que hay acá es un milagro que vayan diez personas a verte a un concierto. Hay más artistas que público.»
La solución que encontramos a este desequilibrio demográfico es una gran inmigración. Latinos, europeos, cristianos, musulmanes, terraplanistas o copernicanos. Eso no importa. Solo hay que ser riguroso en una cosa: que no sepan tocar ni una nota de música.
The Times They Are A-Changin’, ma non troppo
Las canciones de Dylan fueron banda sonora de las protestas contra la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles, los asesinatos de John F. Kennedy, Martin Luther King, Malcom X y Bobby Kennedy.
Era otro mundo. Estados Unidos, la gran democracia del Norte, proyectaba hacia afuera la violencia contenida en su sociedad, con su propia historia de destino manifiesto, de conquista y genocidio, de esclavitud y guerra civil salvaje. Así se naturalizaron los bombardeos de países que el público estadounidense no sabía ubicar en el mapa, la obsesión por derrocar al gobierno cubano, las innumerables intervenciones en el patio trasero. En fin. Un mundo no tan distinto al de hoy, pero en el que algunos pensaban que una canción podía cambiar las cosas.
* Carbone contó que la idea original consistía en una colección de versiones interpretadas por Darnauchans, proyecto que se vio postergado y tomó esta nueva forma.↩︎





