Con Mateo Altez

Disco de actor

Acicateado por no poder actuar en obras teatrales, un muchacho de la Aduana grabó su primer disco.¹ Mateo Altez afirma que es un actor que hace canciones y que, al escucharlas, la costumbre de clasificar las percepciones va llamándose a silencio.

Imagen de lanzamiento del disco Primer Acto. Difusión

—En setiembre cumplís 27 años, ¿cómo evolucionó tu relación con la música?

—Tuve la suerte de nacer en 1993, por dos razones: accedí al bachillerato artístico y fui compañero de liceo de Francisco López, Agustín Moratorio, Michel Chattón y Nacho Añón, músicos zarpados que en 2010 formaron la banda Salandrú y que hoy son amigos, tirando a hermanos. Yo escribía para ellos y, de paso, aprendía a tocar instrumentos. Cuando empecé a hacer mis primeras canciones, fue un acontecimiento, porque no me considero músico, ni ese entonces ni ahora.

—¿Qué te considerás?

—Actor que hace canciones; mientras generaba esa especie de «banco de canciones» ingresé a la carrera de actor en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático [EMAD], donde comencé a entender lo escénico.

—¿Egresaste de la EMAD?

—Sí, el año pasado; y a través de entender lo escénico comprendí el valor que tiene contemplar a alguien cantando sus canciones, emparejé ese descubrimiento con la narrativa dramática y comencé, en 2017, a tocar mis canciones. Tuvieron que pasar tres años para que me animara a grabar este disco, que contiene sólo ocho temas de todo ese bagaje acumulado.

—La pandemia canceló el estreno de dos obras teatrales en las que ibas a actuar, y una en la que ibas a dirigir, entre otros, a Ileana López y Pepe Vázquez; ¿esa actriz y ese actor aceptaron rápidamente trabajar en la primera dirección de un actor recién egresado?

—Soy muy amigo de Renata Denevi, hija de Ileana y prima, además, de mi amigo del alma, Francisco López. Y con Ileana fuimos compañeros en cuarto año de la EMAD.

—¿Compañeros? Ileana hizo la EMAD a fines de los ochenta.

—Le había quedado pendiente terminarla y dada su escolaridad previa autorizaron que cursara cuarto año, donde nos encontramos. Egresamos juntos con la obra Roberto Zucco, de Bernard Marie Koltès, dirigida por Gabriel Calderón. Completando todo esto, el año pasado Jorge Denevi me invitó a hacer un bolo [en la jerga teatral, pequeño papel] en la obra Panorama desde el puente,que dirigió en el teatro Alianza; Pepe Vázquez, que ensayaba otra obra en la misma sala, venía un poco antes a nuestros ensayos o se quedaba después, y charlábamos. Hicimos tan buenas migas que me animé a proponerle dirigirlo en una versión, de mi autoría, de El desalojo, de Florencio Sánchez, y aceptó entusiasmado; dice que, después de haber hecho todos los personajes habidos y por haber, lo que lo motiva es trabajar con jóvenes.

—¿Adaptaste El desalojo al espectador contemporáneo?

—Acerqué su léxico a cómo hablan hoy mis vecinos del barrio de la Aduana, y eliminé algún personaje complementario para favorecer la viabilidad de la puesta. El contenido no lo toqué, porque tiene una actualidad digna de Sánchez; allí están la pobreza, la falta de solidaridad, de amor, el materialismo arrasando con cualquier intento de construcción comunitaria. Y cuento con un elenco excelente; podés ser el director más rupturista y posmoderno del mundo, pero si tus actores hacen agua, el público no te sigue ni a la esquina.

—¿Qué te decidió a grabar este disco, presentado hace pocos días en Youtube?

—El haber tenido que cancelar, forzado por el coronavirus, todos mis proyectos teatrales como actor y director. Mi casa, por otro lado, es un germinador de creatividad; vivo con amigos y amigas que hacen música, audiovisuales, teatro y fundaron un colectivo artístico llamado El Jacinto. El proceso de grabación del disco fue emocional desde lo subjetivo, y escénico desde su montaje y registro audiovisual, que dividimos en tres actos. La producción musical fue de Juan Geronés, pianista y cantante con discos en su haber, ingeniero de sonido, amigo y hermano con quien convivimos; en el audiovisual y la gráfica trabajamos con Santiago e Isabel Cabezudo. Armé un guion para la edición de imágenes y lo sorprendente fue que resultó más fácil editarlas a ellas que a la música, porque el montaje de los temas entraba como anillo al dedo en escenas previas que ya habíamos filmado, vinculadas al quehacer de la casa. Y yo me saqué el gusto de cumplir el papel de actor.

—En el tema «Flor de cristal de la diosa del olvido», el arreglo del coro de Mika hace que escuchemos varias voces, no una, y eso potencia su estética; ¿fue un efecto buscado?

—Te agradezco la pregunta y la percepción; ese resultado no proviene de un arreglo, sino, otra vez, de la teatralidad. Antes de hacer la toma le di a Mika una pauta actoral –cuál era la energía que necesitábamos, cómo podía relacionarla con el espacio donde estábamos– y ella, aparte de danzar, grabó cuatro tomas del coro para que yo, supuestamente, eligiera una. Me gustaron tanto las cuatro que no pude decidirme por una; entonces, sencillamente, las dejé juntas y jugué a enfatizarlas subiendo y bajando el volumen.

1. Portada. Primer álbum solista y digital de Mateo Altez, con participación de Mika Echeverría, Eva Luna, Juan Geronés y Franco Altez; dividido en tres actos, el primero fue presentado en Youtube el 24 de abril, el segundo llegará en agosto y el tercero, con epílogo, en setiembre. Mateo Altez Rius nació el 24 de setiembre de 1993 en Montevideo.

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