El amor en los tiempos del coaching

Ya en 2009 la editorial Flammarion publicaba el Elogio del amor, brillante y polémico librito que recogía el diálogo sostenido entre el filósofo francés Alain Badiou y Nicolas Troug, periodista de Le Monde y, en tanto director del Teatro de las Ideas, del Festival de Avignon –un espacio crítico basado en el diálogo entre intelectuales–, instigador de las respuestas del filósofo sobre algunas de las interrogantes que el amor romántico le reclamaba por entonces.

La idea de un amor “amenazado” y la necesidad de su “reinvención” se contaban entre sus preocupaciones centrales. A manera de ejemplo, Badiou echaba mano de un “sitio de citas” llamado Meetic, que por esos días tapizaba las paredes de París, y en el cual consignas como “¡Tenga el amor sin el riesgo!”, o “Usted puede enamorarse sin sufrir”, delataban una idea del amor como “aseguración”, es decir, sin las implicancias molestas de la concesión o el padecimiento.

La sola idea de un “coaching amoroso” le revolvía las tripas a Badiou (y no es para menos; esa palabra, coaching, junto con la inmisericorde “emprendedurismo”, están asociadas más que nunca a los magisterios destinados al consumo y al éxito del self-made man). El tan reclamado coaching se aplica ya casi a cualquier clase de cosa, pero para el caso que nos ocupa habla en nombre de una cierta instrucción para un “consumo” exitoso del afecto.

Precisamente a ese servicio se consagra también LevantArt. Escuela de Coaching Social, Liderazgo y Seducción. Servicios Profesionales, nombre completo de una academia creada en Argentina destinada a hombres heterosexuales, y que gracias a una cierta “pedagogía” de la seducción promete a su membresía el “éxito” con las mujeres a la hora de la conquista. La institución, cuyo bautizo se recuesta sin rubor en la chabacana idea de “levante”, además de la casa madre en su país de origen cuenta con sedes en Colombia, Chile, México y Uruguay (más exactamente en Montevideo: 18 de Julio 1332). Y por LevantArt, se asegura, ya han pasado más de 3 mil hombres. Una completa página en la web informa sobre sus “exclusivos seminarios AtraXion”, toda una serie de productos multimedia, y el servicio premium en coaching personalizado”. A la cabeza del proyecto, fundado en 2008, están los argentinos Mike Tabaschek y Martín Rieznik, coautores a su vez del libro El juego de la seducción.

Para el interesado, la aventura empieza con la opción de llenar un formulario disponible en la página de la academia –el llamado “análisis personal optativo”–, y tras pagar la matrícula correspondiente, asistir a los seminarios. “Ya desde la primera clase comenzarás a notar cambios. Nuestros exclusivos seminarios AtraXion comprenden una completa formación en infinidad de técnicas y estrategias para seducir a casi cualquier mujer. Podrás crear un estilo de vida propio atento a tus deseos y necesidades. Tener un control absoluto sobre tu vida sexual y romántica. Podrás avanzar tanto como creas necesario avanzar. Los seminarios Avm Mastership/Level 2 y Avm Degree/Level 3 te permitirán llevar la perfección hasta niveles nunca imaginados. De la misma forma, los seminarios Avm eXpertises te darán aquellas habilidades específicas que harán de tu nuevo estilo de vida tu propio paraíso. El límite te lo ponés vos”, reporta una página que, como se ve, no es avara en anglicismos. Luego del trabajo en el aula se sigue con la parte práctica y se procede a lanzar al seductor a la intemperie. “El proceso de seducción puede desenvolverse en cualquier ámbito. Las técnicas que desarrollamos y enseñamos permiten esto. Nuestras prácticas iniciales se realizan en lugares masivos con el objetivo de respetar el anonimato de quienes comienzan a desarrollar esta habilidad. Una vez adquirida puede ser aplicada las 24 horas del día con cualquier mujer, cualquiera sea la relación previa que tengamos con ella o el tiempo transcurrido desde haberla conocido. Toda mujer representa una oportunidad placentera de aplicar lo aprendido”, explican. Es decir, no sólo se aspira a inculcar métodos y dinámicas de seducción para conquistar mujeres. Llegado un punto parece que la cosa echa a andar sola y el caballero consigue sentir la gratificación onanista en el ejercicio de sus nuevas “habilidades”, sin buscar más que eso mismo.

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