El anhelo por lo venidero – Brecha digital
Libros. Lo último de Manuel Soriano

El anhelo por lo venidero

Las cosas que veo, de Manuel Soriano. Criatura Editora, Montevideo, 2022. 150 págs.

En un pasaje del documental La sociología es un deporte de combate, Pierre Bourdieu aconseja a un jovencísimo Loïc Wacquant que durante la escritura de un gran libro (de esos que llevan mucho tiempo) escriba otros libros pequeños que puedan irse publicando mientras se espera el advenimiento de esa gran obra. Bourdieu no explicita demasiado las razones para esto, pero podríamos deducir que se trata de mantenerse a flote. El escritor trabaja en silencio, sumergido, pero es bueno que la sociedad y, especialmente, el entorno cultural no lo pierdan completamente de vista. Antes de que el submarino emerja es preciso notar las ondas que se forman en la superficie. Algunas veces, esos suaves destellos entretienen, otras –y esto es lo mejor– despiertan el anhelo por lo venidero.

Las cosas que veo es el nuevo libro de Manuel Soriano, escritor argentino radicado en Montevideo desde 2005, cuya extranjería, ya bastante devaluada, batalla con la asimilación de cierta uruguayez un tanto estereotípica. El título elegido, tomado del estribillo de una canción emblemática de Jaime Roos, configura uno de los grandes aciertos de Soriano, ya que nos posiciona espacialmente («por las calles de Montevideo»), al tiempo que nos muestra la focalización asumida por la voz que enuncia cada uno de los textos.

Los temas que atraviesan este libro de crónicas son, en resumidas cuentas: la paternidad, el suicidio, el consumo cultural (donde se destacan los textos que son aproximaciones a la música de Fernando Cabrera y Buenos Muchachos) y la mentada extranjería que empieza a diluirse en una especie de zona gris o localismo artificioso. En «Habilidades blandas» y con referencia a este último punto, Soriano plantea:  «La palabra inmigrante está cargada de connotaciones, y ninguna de ellas se acerca a la situación de los argentinos residentes en Uruguay. La gran mayoría son de clase media o alta y vinieron por una “elección de vida”. Las culturas, además, son tan parecidas que casi no se siente el salto. Incluso ahora, mientras escribo esto, me cuesta recordar que yo también soy un inmigrante».

Hay, en estos textos, una autoconciencia reflexiva impulsada por las conmociones que se suscitan en el microclima cotidiano del autor. El agente movilizador es la pandemia, que desciende sobre la vida de las personas como un manto de miedo (véase «El extraño fenómeno del suicidio en Uruguay», acaso el texto más periodístico del conjunto), y engrosado por restricciones curiosas, en la mayoría de los casos, absurdas: «Me siento en el centro mismo de la Sala Hugo Balzo, con dos butacas libres a cada lado. Las entradas están agotadas hace tiempo. La pareja de adelante se queja porque no pudieron sentarse juntos. ¿Cómo verán los actores este nuevo formato de sala llena? ¿Verán un público o una serie de puntos que nunca se llegan a conectar?».

Desde su génesis, Las cosas que veo propone la dispersión. Los textos fueron escritos por motivos diferentes y para distintas revistas durante un período de tiempo que se corresponde con la pandemia del covid-19. Soriano, hábilmente, dibuja algunas líneas cohesivas que suelen partir de su propia figura de escritor, sus vivencias en las cercanías del parque Liber Seregni y el vínculo con su hija, mediado casi siempre por las lecturas compartidas al anochecer: «¿Qué le quedará a ella de todo esto que le leo entre sueños? […] ¿Qué recordará mi hija del año del covid? ¿Recordará, cuando tenga mi edad, que decía covid ante cada tosido y que ella no lo tenía y yo solo un poco?».

Las referencias cruzadas entre los textos le confieren cierta unidad a la obra, aunque no del todo fructífera, pues se advierten esas intenciones aglutinantes. La voz narrativa, en cambio, se adapta naturalmente a las diversas y variables circunstancias, emulando al protagonista de ese magnífico texto previo que es Variaciones de Koch, donde se aprecia, acaso, la versión más acabada de Manuel Soriano. Esa que, con mayor esfuerzo y menor frecuencia, encontraremos también aquí.

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