Un Truman Capote criollo se hubiera deleitado en aquellos saraos de gente refinada y liberal. Esas cenas de verano pobladas de jazz, copas entre amigos y encuentros furtivos bajo la luz de la luna. Ellas, de melena larga y falda corta; ellos, de camisa remangada y sonrisa apolínea. Ricos, mundanos, jóvenes: la suya era la belleza de la vida disipada, el cincel preciso del aire de campo y de mar. Así los retrata la española María Tena en su última novela, Nada que no sepas, un viaje en el tiempo al Carrasco de los años sesenta, que es uno de los escenarios de esta historia reconocida con el último premio Tusquets de narrativa. Todo comienza cuando la narradora, una mujer que atraviesa una crisis matrimonial y también vital, dado el desencanto por su trabajo y por la relación con unos hijos ...
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