El guerrero sin reposo - Semanario Brecha

El guerrero sin reposo

Irreverente, como siempre, Julio Marenales no oculta sus cuestionamientos al gobierno de Mujica (“un progresista profundo”, “ya no representa al Mln”) y al propio Mpp (“no tiene ideología”, “es un grupo juntavotos”). Ahora, con ropaje de simple militante, quiere discutir si el Movimiento de Liberación Nacional hoy tiene razón de ser.

Julio Marenales. Foto: Manuela Aldabe

Fotos: Manuela Aldabe

Ya hace más de un año que se fue de Montevideo. Abandonó la dirección del Mpp y se fue a vivir a Salto, en donde piensa volver a sus orígenes: tallar la piedra. Irreverente, como siempre, no oculta sus cuestionamientos al gobierno de Mujica (“un progresista profundo”, “ya no representa al Mln”) y al propio Mpp (“no tiene ideología”, “es un grupo juntavotos”). Esas diferencias explican su ausencia en el último acto de homenaje a Raúl Sendic. Ahora, con ropaje de simple militante, critica la falta de pensamiento estratégico, y quiere discutir si el Movimiento de Liberación Nacional hoy tiene razón de ser.

Vive rodeado de piedras. Las piezas de mármol que talló cuando estaba recluido en el cuartel de Laguna del Sauce, que le llegaron gracias al escultor Octavio Podestá, su único amigo “no militante”. Los cantos rodados que cubren los caminos del Covimus 1, el complejo en el que vive desde hace poco más de un año, ubicado en un sereno barrio de trabajadores de la ciudad de Salto. O los pequeños fragmentos de ágatas desperdigados sobre la cancha del club El Hindú, un oxigenado campo abierto que es lo primero que lo recibe cuando sale al porche a tomar mate. Salto es puro basalto, y ese fue uno de los motivos que lo llevó a dejar Montevideo.

La contextura física del “Viejo” Julio, a pesar de sus 85 años, también parece sólida como una roca. Las manos son su vértice. Son firmes, y de unas proporciones que no desentonarían con las esculpidas por Rodin. “Yo soy un operario”, dispara cortante, sin ínfulas artísticas. Al parecer no hay nada que esté a resguardo de sus manos. Son capaces de tallar piedra, hacer carpintería, enmendar instalaciones eléctricas o sanitarias, arreglar un reloj, recauchutar una máquina de imprenta, o convertir una frazada en un poncho, con ojales prolijamente terminados (todavía se cubre en las noches con el que usó durante sus años de prisión). Y sí, también fueron capaces de cavar el túnel de El Abuso, o de componer armas averiadas. De hecho, esa era una de sus especialidades cuando fungía como uno de los jefes tupamaros, o cuando operaba bajo los motes de “Abdón”, “Zenón”, o “Tomás”.1 Aún hoy se encarga del mantenimiento de sus tres armas, “las de siempre”: una pequeña pistola alemana Walther de doble acción, un revólver calibre 38 y una escopeta recortada Saint Etienne (“He hecho piezas y todo. Todo amateur”). Cuentan que desentraña fácilmente el mecanismo interno de las cosas, y puede desarmar y volver a armar los objetos más disímiles.

Marenales se muestra porfiado y rústico, como un peñasco milenario. “Cuadrado como una baldosa”, dirán algunos. A la vez, siempre inquieto y vital. Pero no era sólo el personaje el que motivaba a recorrer mil quilómetros en un solo día. La idea era ojear el reposo del guerrero en el litoral norte y hurgar en otra de sus porfías, la política, después de que otro compañero de armas abandonara la Presidencia.

—¿Qué lo decidió a venirse a Salto?

—Mi compañera es originaria de acá. Pero fueron dos cosas. El hecho de que allá me iba a enfermar, porque me estaba agarrando broncas descomunales, entonces, quería alejarme. Eso capaz que fue lo principal. Nosotros veníamos todos los eneros para acá, y a mí me entusiasmaron las areniscas. Y como ya militancia política como hice hasta ahora no voy a hacer, quiero dedicar un tiempito a picar las piedritas. Bueno, estoy haciendo el taller ahí.

—¿Y acá no piensa hacer trabajo político?

—Trabajo político sí, pero no electoral. Conversar con la gente, tratar de meter otras cosas en la cabeza, eso sí, lo hago siempre. Pero con algunos compañeros que son profesores de historia, algún maestro, un sociólogo, Juan Romero, nos hemos encontrado en algunas actividades del Cadesyc (el centro de estudios del Mpp), acá en Salto. Yo los estoy pinchando de a poquito para ver si podemos formar un equipo de estudio. Les voy a decir: “Vamos a tomar unos mates y a comer un pedazo de pata de cordero…”.

—Ahora es un buen momento para preguntarle por el gobierno de Mujica. ¿Cómo lo evalúa?

—Fue un gobierno progresista. El programa es como una partitura. Yo quería ver cómo iba a tocar la partitura el Pepe Mujica. En aquel tiempo, a pesar de que le había dicho adiós a la barra, yo pensaba que como era el candidato de todo el Frente Amplio, estaba bien. No estaba muy de acuerdo, pero ta, el Pepe agarró y tuvo esa actitud. Fue un gobierno progresista, como fue y va a volver a ser el de Tabaré.

—¿Esperaba más de un gobierno de Mujica?

—Yo lo que esperaba era que Mujica forzara un poco más, pretendía que el Pepe planteara cosas que podían ser resistidas. Podría suponerse que el Pepe no es un progresista, es un revolucionario, por algo estaba en el Mln. Revolucionario en el sentido de transformación profunda, no en el sentido de la violencia política con armas. Copérnico revolucionó la cosmogonía y no tiró un hondazo. Yo esperaba eso, un revolucionario pujante, que empujara. Y si no puede, no puede. Pero no, se quedó en el progresismo. Evidentemente, se ha convertido en un personaje internacional, pero ha sido aceptado por el capitalismo mundial (enfatiza estas dos últimas palabras como si le fuera la vida). Evo Morales también tiene una raíz que viene de abajo, sin embargo no lo aceptaron como al Pepe, porque es confrontador… (se ríe socarronamente).

—Mujica siempre reconoce su frustración con el impuesto a la concentración de tierra (el Icir), que fue declarado inconstitucional. De alguna manera, alega que esos pujos por gravar algo más a la riqueza agropecuaria generaron resistencias internas y externas…

—Era un impuesto ridículo en cuanto a la cantidad. Los empresarios del campo hasta ahora no pagan el impuesto para Primaria. Yo lo planteé en el Mpp y no me dieron bolilla. A un tupamaro había que pedirle más.

—Hubo momentos, tanto en el período de Vázquez como en el de Mujica, en los que se habló de un “gobierno en disputa”. ¿Cree que eso realmente existió o fueron simples perfilismos de algunos sectores?

—Los que decían eso eran los comunistas, principalmente… Pero yo nunca conversé con él (con Mujica) sobre ese tema. No sé exactamente lo que pretendían expresar con “el gobierno en disputa”. Porque algunos dicen “en disputa, con la derecha”, pero también podría ser una disputa interna, entre los sectores más conservadores del Frente Amplio y los menos. El Partido Comunista sigue teniendo el control del movimiento obrero, no como en otra época… porque en otra época el control fue muy férreo, estalinista, como quien dice. Fue aquella época dura de los sindicatos autónomos, que yo la viví. Y a pesar de que el Pcu sigue teniendo influencia en el movimiento obrero, y que el Mpp tiene más votos y más gente, no tiene a la gente organizada… Yo entré a la dirección, lo planteé también en el Mln, que quería dar una lucha política-ideológica, pero la perdí. Yo veía por dónde iba el Mpp, y entonces dije: acá hay que dar un viraje, un golpe de timón. Para mí el Mpp se ha transformado en una organización electoralista, junta votos de cualquier manera. No tiene ideología, el Mpp. Yo dije que es un gigante estúpido, no les gustó, pero sigo sosteniendo lo mismo.

—Pero alguien puede decirle que es un gigante estúpido muy eficiente, porque por tercera vez fue el sector del Frente más votado en las elecciones nacionales, algo inédito… Muchos pensaban que iba a sufrir el desgaste de haber sido gobierno.

—Sí, desde el punto de vista electoral, todo un éxito… Pero justamente nos quedamos con eso. Toda esa masa… yo me cansé de repetirlo… es una masa posible, porque el que vota al Mpp no es un enemigo, es todo lo contrario, pero hay que hacer un trabajo con esa gente. El Mpp no tiene militantes. Acá mismo (en Salto) no hay militantes. El militante tiene que tener un mínimo de ideología y un objetivo, porque si no, un domingo sale con los nenes a tomar el sol y no a meterse en una reunión.

—Sin embargo, siempre se habla del “aparato militante” del Mpp como una cosa asombrosa, como una virtual aplanadora…

—Todo verso.

—¿No es un aparato?

—En cierto modo, son funcionarios. Que era como hacía el Partido Comunista en otra época. Eran militantes del sindicato y del partido, pagos por el sindicato. Pero ahora en general los partidos se han quedado sin militantes, y el Pcu también, pero en otra época tenían. Tipos sacrificados, se sacaban el pan de la boca para darle al partido. Pero ahora ya no, nos tragó a todos el sistema.

—¿Y el Mpp ha sido cooptado por el gobierno?

—Está cooptado por el sistema. No se dan cuenta ellos, pero son tolerados. Los sectores que tienen el poder real, porque no lo tiene el Frente Amplio, están tolerando todo esto… Es más, un capitalista inteligente tendría que darle plata al Frente, si este país no le servía ni a ellos… Se hundía. El Frente ha hecho un mejor trabajo que sus personeros. Hay tipos inteligentes, y hay algunos que aportan…

—¿Empresarios? ¿Por ejemplo?

—Sí, no, no, yo no los conozco, pero sé que hay algunos que aportan.

—Económicamente…

—Sí, seguro, con dinero. Porque son tipos inteligentes que se dan cuenta de que les sirve, que están prosperando más ahora. Uruguay ni como país capitalista funcionaba. Entonces un capitalista inteligente tiene que apoyar al Frente Amplio, si no lo apoya es un estúpido. El Frente es una fuerza policlasista. Yo estoy de acuerdo con esa alianza, pero en función de un pensamiento estratégico. Un escalón para ir más lejos.

—¿Y por qué renunció, ya hace casi un año y medio, al ejecutivo del Mpp?

—Yo quería renunciar tres años antes, porque tenía diferencias y veía que no aportaba nada. Los temas que más preocupaban eran los cotidianos, dijo entonces (Ernesto) Agazzi, esa especie de tótem del Mpp. Sí, hay que encararlos, pero mi cabeza está en otra cosa. Yo critico la falta de método. Venía un tema fuerte, pesado, y a los integrantes de la dirección se les entregaba un papelito… ¡con qué seriedad un compañero puede trabajar un tema, cuando recién le entregan un papel! Había que nombrar un equipo de tres o cuatro compañeros, para que profundizaran y nos ilustraran, y así discutir con elementos. No, una improvisación atroz. Yo vi que estaba de más ahí. Me decían que iba a crear un problema político, que esto o lo otro. Me decían: “Viejo, perfil bajo…”. Venir para Salto me sirvió como pretexto.

—Entonces ahora es un simple afiliado del Mpp…

—Acá, casi, casi militante de base, porque tampoco estoy saliendo a las barriadas. Pero en el Mpp ya no tengo más jerarquía (se ríe).

JULIO MARENALES
Julio Marenales, ex guerrillero del MLN-Tumaparos, durante la entrevista con el semanario Brecha en su domicilio de la ciudad de Salto. 25 de abril de 2015 (Salto – Uruguay). Foto: Manuela Aldabe

 

EL SENTIDO DEL MLN. Mientras el Mpp siguió fraguando su ruta de partido catch-all y primereando en la mayoría de los podios electorales, el discurrir del Movimiento de Liberación Nacional es una incógnita. Marenales reconoce que no sabe siquiera cuántos integrantes tiene (“serán unos 300 más o menos”). Él integra el ejecutivo junto a algunos veteranos, como Carlos Haller (el ex jefe de la seguridad personal de Mujica) y Ruben García, y otros jóvenes como Alejandro “Pacha” Sánchez (actual presidente de la Cámara de diputados) o Sebastián Sabini. En paralelo, existe un comité central del que teóricamente forman parte, entre otros, Mujica, Lucía Topolansky y Eduardo Bonomi (“ahí están todos los tótems, pero no se reúnen nunca”, dispara). Por lo general, los últimos viernes del mes el Viejo Julio solía ir a las reuniones del ejecutivo, pero el 24 de abril resolvió pegar el faltazo al clásico homenaje a Raúl “Bebe” Sendic que se hizo junto al viejo local de Tristán Narvaja, en el que incluso tomó la palabra Mujica. Esa era una celebración que lo tuvo siempre como animador.

—¿No fue por discrepancias?

—Claro. No fui, porque en el acto iban a hablar el Pepe y Lucía. Lucía después no habló. Y para mí ya no son representativos del Mln.

—¿En qué sentido?

—De la idea revolucionaria del Mln.

—¿Lo dice en función del pasaje de Mujica por el gobierno?

—El Pepe se transformó en un muy buen progresista. No se lo reprocho, allá él. Pero ya no está la idea de crear gérmenes de otra cosa, de una nueva sociedad, o de analizar cómo se crean esos gérmenes, porque no lo sabemos en ninguna parte del mundo. Todo el campo socialista fracasó. Cuba manda 500 mil personas al cuentapropismo. China es un capitalismo feroz. ¡Hay que hacer la revolución en China, porque hay una superexplotación! El pobre Mao debe de ser un trompo en la tumba (suelta carcajadas). Hay que ponerse a reflexionar. Cuando nace la burguesía, los burgos eran aldeas, pero el artesanado empezó a mejorar las técnicas, a producir excedentes. Trabajaban con la misma escala de valores que la alta aristocracia, pero estaban creando otra cosa. Y la otra: al cristianismo le costó tres siglos, hasta que fue adoptado por Constantino, que fue una gran cabeza política. Desde el llano crearon una fuerza que después el sistema no pudo obviar. Pero lo otro que hay que estudiar es, ¿qué pasó con el cristianismo cuando se institucionalizó? El sistema se lo fagocitó.

—Recién me decía que hoy no están “fichados” los miembros del Mln, pero además que hace años que no tiene un congreso, que no discute nada, ¿no está más para desaparecer que para seguir?

—Bueno, yo lo que digo es: tenemos que definir qué pensamos estratégicamente. Si pensamos que este proceso va a durar cincuenta, sesenta, cien años, como dijeron los chinos, entonces está de más, porque se definió desde su nacimiento como un organismo político-militar, y no ha cambiado esa definición. Y si la cambia, está el Mpp, entonces, ¿qué sentido tiene? No les va a gustar lo que estoy diciendo a los compañeros, pero no me importa. Si no definimos estratégicamente qué pensamos, de repente está de más, sí, sí…

—Pero usted no piensa que esté de más.

—Ah no, porque yo creo que hay que pensar en lo otro… Creo que me voy a morir casi solo. Aunque hay otra gente en otros lados que piensa. Por ejemplo, yo me he conectado con (el economista argentino) Claudio Katz. Es un “trotskizante” el tipo –no creo que sea un trotskista total, de esos cuadrados, “baldósicos”–, pero es interesante. Yo tengo el libro de un francés, Gustave Ghnassia, que era de la ultraizquierda del Partido Socialista francés, y ahora está en el altermundismo. Él habla de algo que llama “la transición”, porque es cierto, la sociedad no cambia de un día para el otro.

—¿Cuántos años hace que no hay una convención del Mln?

—Hace mucho tiempo, pero se va a hacer. No tiene fecha todavía, pero lo que pasa es que las elecciones le comen el seso a todo el mundo. Queremos que haya una discusión profunda, que puede poner en juego la existencia o no del Mln. Porque para seguir con una cosa anodina…, no tiene sentido. Hay que definir si tiene sentido que un organismo político-militar siga existiendo. Para mí lo tiene si a la larga pensamos (hace una pausa) en todos estos procesos de América Latina que están marchando; pero puede haber una reversión, porque somos países dependientes. Para mí el planteo original nuestro de liberación nacional y socialismo es un planteo correcto.

—¿Pero tiene sentido hoy una organización político-militar como el Mln? No me va a decir que están formando cuadros militares…

—No, pero además hay esto… Si yo pienso que el Mln tiene que estudiar esos temas, no es para formar uno que corre y que engorda después cuando se pone viejo. No, no, es un estudio profundo. Ver lo que pasó en El Salvador, en Vietnam. ¿Qué sentido tiene la lucha armada en un mundo con el poderío militar que tienen los yanquis? Yo pienso que Vietnam no venció militarmente a Estados Unidos, lo venció políticamente. Cuando salió Obama dije: “este negrito va a confundir a más de uno, porque muchos creen que es el portero de la escuela”. Es un hombre del sistema, porque se dieron cuenta de que Bush era muy negativo. Cuidado con subestimarlo, cuidado…

—Usted piensa en un centro de estudios estratégicos, como el Calen militar, pero en el otro lado…

—Eso es lo que yo pretendo. Para mí, hay que empezar a releer la historia.

—¿El Mln no es ahora nada más que un grupo de gente unida por una mística, una suerte de secta?

—Eso lo dice la gente que anda alrededor. Nosotros no tenemos mística alguna. No pasa nada.

—¿Ni siquiera como dirigentes individuales?

—Eso es la gente. A mí me ponían como jefe de la fracción radical del Mln… Eso nunca existió. Hay quienes creemos que el tupamaro es un modo de vida. Le damos mucha importancia a lo ético, a la honradez, a la honestidad, a la sinceridad. Pero eso se va desfibrando, lo conservan muy poquitos. Y se corre riesgo de ser como una secta, claro que sí. Ahora, tiene que ser un organismo cerrado, según lo que piensa estratégicamente, ¿no? Si nosotros pensamos que la cosa no va a ser tan bucólica, y que el enemigo opera y quiere ver cómo te organizás, tenés que evitar que lo sepan…

—¿Y el enemigo hoy quién es?

—Yo soy anticapitalista. El Pepe dijo que no tiene enemigos, sino adversarios. Discrepo, yo tengo definición de clase. Soy un hombre de abajo y trabajador. Y si bien puede haber algunos capitalistas más benévolos, el capitalismo se basa en la explotación del hombre por el hombre. Eso está demostrado. Cuando se habla de la igualdad, estoy de acuerdo, pero sepan que tienen un techo.

—En el Frente y en el Mpp dicen que si no se hace crecer la torta no hay cómo distribuir.

—Y eso lo hizo Sanguinetti, vaya novedad… Por eso yo defino: progresismo: pensamiento y acción tendiente a neutralizar lo más negativo de la sociedad capitalista, pero no a suprimirla.

—¿Y qué opina de la apuesta de Mujica por el fondo para las empresas autogestionadas (Fondes), alguna vez bautizado por él como una “vela prendida al socialismo”? Usted integró la comisión administrativa del Polo Tecnológico Industrial del Cerro…

—Sí, pero ya no va a ser lo mismo. Aparentemente Tabaré no está muy de acuerdo con todo eso.

—Mujica apunta a que la autogestión, el ser consciente de que se es dueño de los medios de producción, es un principio hacia algo…

—Yo intenté formar un grupo que se disolvió… Estamos en una sociedad muy jerarquizada, no nos damos cuenta, pero lo tenemos hasta en la médula espinal. Yo sé muy bien que si queremos que algo funcione hay que encontrar lo que llamo los motorcitos, uno o dos que se echan todo al hombro, y después los otros siguen. Es lamentable que ocurra eso, porque a mí nadie me llevó de la nariz nunca. Yo enfrenté al viejo Frugoni en el Partido Socialista. Y lucho por el pensamiento independiente, y le digo a los jóvenes: viene Einstein con su verdad, y hasta que yo no la integro, no es mi verdad. Y eso vale también para lo que yo digo. Claro, es mucho más fácil cuando todos hacen así… (asiente con la cabeza como si fuera una marioneta), con pensamiento propio es mucho más complicado. Yo tengo 68 años de militancia, y descubrí que hay gente que es sinceramente subordinada, servil, ven al tótem y se inclinan. Y hay otros que son calculistas. Siempre le digo a mi esposa, que es psicóloga –pero a mí no me psicologiza–, que se debería estudiar con profundidad el tema de la obsecuencia. Hitler era un tipo, Stalin otro, ¿tenían la vara mágica que derretía todo? ¡No! El poder se los dio el entorno.

—A propósito, también ha marcado que el Mpp es muy dependiente de una persona, de un líder…

—Pero no solamente eso. Que un colectivo tome determinaciones que al final son negativas y tenga que pagar las consecuencias es una cosa, todos nos equivocamos y aguantamos lo que venga. Ahora, soportar lo que se equivoca uno solo, nunca me gustó…

—El Mpp logra grandes masas de votos, ¿pero consigue avanzar en que esos caudales se autoidentifiquen como “de izquierda”?

—No tienen ideología. Si viene alguien que los emocione más que el Pepe, lo votan. Y uno de los responsables de que no haya ideología es él (Mujica). Por eso no fui al acto. Hay compañeros con los cuales no quiero hablar más, porque va a ser perder tiempo.

—¿Y en estos cinco años lo ha visto a Mujica?

—No, no. Ya estando en la dirección del Mpp, creo que lo vi tres veces.

—¿Como presidente nunca se encontró con él?

—Fuimos como dirección a hablar dos veces, y yo me acuerdo de que propuse un punteo para hablar. Los compañeros no quisieron. Entonces fuimos, se habló un poquito, y después el Pepe ya empezó… Yo le conozco la filosofía hace 50 años, entonces me fui a hacer el asado. El Pepe se ha transformado en un progresista profundo. Es un hombre sentimental, muy emocional. Cuando él públicamente dijo: “Adiós a la barra”, lo que hizo fue poner la rúbrica, porque hacía rato que no se reunía con nosotros.

—Y la barra, ¿cuál es? ¿El Mln?

—La barra del Mln.

JULIO MARENALES
Foto: Manuela Aldabe

LOS LOCOS DE AL LADO. Marenales es un entrevistado que maneja la incorrección pero que parece dominar con precisión el filo de la cornisa. Si bien se planta como librepensador, no deja de ser un hombre de la “orga” que parece frenarse justo a tiempo antes de incurrir en la injuria: “Algunas cosas de las que dije van a ser urticantes, pero yo me cuido mucho de lo que digo”.

—En función de sus palabras, hay quienes pueden pensar que tiene más puntos en común hoy con la Unidad Popular que con el Mpp.

—No, son muy locos esos, pero en algunas cosas que dicen tienen razón. Como Zabalza también tiene razón en algunas cosas, pero si uno tiene una idea que puede servir, si no tiene gente atrás, queda ahí. Claro… en la forma que lo dice…, por eso yo me cuido mucho. Yo no quiero ser un Zabalza.

—¿Y qué problemas le ve a estructuras como las de la UP? Ahora lograron un diputado…

—El problema es en la forma en que plantean las cosas… porque está el 26 de Marzo atrás hace rato… Ha permanecido como una especie de grupúsculo. Se podría decir, claro, que con el Mln pasa lo mismo, pero inventamos el Mpp. (Y entonces, rápido, abandona el análisis del otro partido y vuelve a su Mpp.) Yo también discrepé con mis compañeros en que le llaman “movimiento de masas”. Estuvimos como dos años trabajando para formar el Mpp. Yo lo que planteaba era un instrumento más abierto para hacer acción política, pero tenía que ser un instrumento con ideología. Esa es la crítica fundamental que le hago a mis compañeros. Han estado en la dirección desde el principio del Mpp, y sin embargo está desideologizado por completo. Si el Mpp creció con los votantes de los partidos tradicionales, ¿qué saben de liberación nacional y socialismo? Vinieron porque el Pepe los emocionó y es un hombre auténtico para ellos. Para mí el problema grave que tenemos es que los tupamaros han cambiado, o por lo menos algunos.

—Cuando aparecen algunas críticas, por ejemplo, a un modelo excesivamente basado en la exportación de celulosa o la expansión de las zonas francas, críticas antisistémicas, surgen figuras oficialistas que dicen: son “infantiles de izquierda”…Lo ha dicho Huidobro, por ejemplo.

—Esa es la manera en que él lo ve, porque pasó para el otro lado. ¡Qué, tenemos que aceptar todo! Entonces, toda la idea de un cambio profundo civilizatorio, adónde va… La correlación de fuerzas nos es totalmente desfavorable, pero tiene que haber una actitud de resistencia. Eso es lo difícil, cómo hacemos para que un movimiento que quiere crear gérmenes de una vía para una nueva sociedad no quede en un grupúsculo. Yo por eso… a veces no quiero nada de la política, porque si me quedaba en Montevideo me enfermaba. Porque no funcionó mal la idea nuestra, pero después mis compañeros no hicieron ese trabajo de darle un grado de ideología. Ya que el Pepe es un imán, aprovechá y hacé un trabajo político… Yo un día dije una expresión que fue gruesa: “el Pepe los arrima y yo les pudro la cabeza”.

—Mujica se defiende y dice: “la crisis teórica de la izquierda” es global.

—Es verdad, es verdad, sí, pero ¿qué vamos a esperar? Claro que hay una crisis mundial. No la vamos a resolver nosotros, pero vamos a pensar por nosotros mismos. Con el tema de las empresas autogestionadas formé un grupito. Fuimos al Molino Santa Rosa y a Urutransfor. Queríamos hacer talleres para que los trabajadores vieran que están en una especie de experimento de gestión diferente de una empresa, una gestión colectiva. Nos dijeron con toda claridad: “Acá la gente lo que ve es su solución económica”. Me vine para acá y el grupo se disolvió. Los trabajadores lo que ven es la continuidad del trabajo, no ven que no hay un patrón. La conciencia la tienen dos o tres. El trabajador sabe hacer algo, pero no sabe formar una empresa. Cuando estuve en el Pti del Cerro se fundieron seis cooperativas. El empresario es el organizador de la empresa, hay que tener una capacidad organizativa impresionante. Yo leía libros de gerencia. Ahora, yo toda la vida peleé, como dijo un compañero: “Vos siempre querés entrar en la cabeza de la gente”. Sí. Yo apliqué aquello de Santo Domingo, “A Dios rogando, y con el mazo dando”… Hay que lograr que la gente razone y tenga convicciones propias; ahora, mientras tanto hacé lo que tenés que hacer, porque si no, te meto preso.

—Para usted la disciplina es fundamental…

—Sí, pero la autodisciplina. No la disciplina externa que uno la impone por el terror, por la sanción. Yo fui férreamente disciplinado, pero autodisciplinado, a mí la disciplina de afuera…

—¿En octubre votó a la 609?

—Sí, sí, la voté.

—O sea que dentro de todo sigue siendo un disciplinado…

—Sí, porque además de nada sirve que maneje otras ideas, si estoy solito acá. No puedo crear enemigos al santo botón. n

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Volviendo a las raíces

Hecho piedra

Después de ser baleado y apresado, al ser revisado por un neumólogo militar, Marenales descubrió que tenía polvo en los pulmones: “Yo tengo silicosis. En el esfuerzo tengo un 35 por ciento de déficit de oxígeno. Estoy hecho piedra”. Son las secuelas de haber trabajado durante años como granitero, esculpiendo panteones. Pero no piensa ni por asomo en dejar de morder el polvo. Al lado de su casa construye con sus propias manos un taller en el que piensa hacer “cosas”, entre ellas, esculturas. El ex guerrillero es operario escultor, y quizás no es un detalle demasiado conocido, pero no sólo fue alumno de la Escuela Nacional de Bellas Artes, sino que fue profesor durante dos años y medio. “Me presenté a un concurso para dar técnicas de la piedra, y no tenía competidor… ¡si era el único escultor operario en piedra que había!” Cuando se cambió el programa pasó a impartir los llamados talleres de pequeña dimensión (“ahí los muchachos tenían que descubrir los materiales, el lenguaje propio de cada uno: piedra, madera, barro, hierro”) y de grandes dimensiones (técnicas de escultura). Cuando empezó a dar clase recuerda la presión, temía no estar a la altura: “De noche soñaba que un ventarrón me volaba la casa. Porque yo era un obrero. Yo lo discuto con cualquiera, pero la verdadera formación es autodidacta. La Universidad te da el método, pero después hay que seguir por cuenta de uno”.

Tampoco es de conocimiento extendido que los relieves que están en ambas esquinas de la sede central del Banco República, en la Ciudad Vieja, fueron tallados por él. Los autores de las esculturas de 1950 son Serapio Pérez (“Las Instrucciones del año XIII”) y Heber Ramos Paz (“El éxodo oriental”). “El artista es otro, no me equivoco –apunta–. Yo soy un ejecutante, un copiador del yeso. Esas obras de Serapio y Ramos eran un tercio del tamaño de ejecución. Yo tenía que tomar las medidas con compases y repetirlas… y tenía que trabajar con precisión de tornero, porque si no la nariz se la ponía mal… ” También trabajó en los relieves del San Martín de Agraciada y Asencio (obra de Edmundo Prati) y restauró unos jarrones ubicados en la puerta de la Ciudadela.

Cuando fue rehén de la dictadura, Marenales se las arregló para seguir cultivando el oficio, luego de que le permitieran que Octavio Podestá le llevara mármoles, después de una de las tantas huelgas de hambre (“Con Podestá fuimos condiscípulos en Bellas Artes. Él me consiguió unas herramientas, y estos mármoles que tuvieron muertos abajo son del cementerio…”). El operario piensa darle duro a las piedras areniscas que abundan en Salto y que ya ha divisado en algunas cunetas. Se ha construido un carrito, “fuerte”, con ruedas que tuvo que comprar en Montevideo. Cuenta Beatriz, su esposa, que hace unos días la sobresaltó un sonido terrible, proveniente del predio en el que el ex guerrillero instala su taller. Cuando llegó encontró a su esposo algo maltrecho. Se había caído, después de quedar con los pies colgando en el aire. Apenas ligó unos raspones gruesos y un buen susto. Nada que le impida seguir con su pétreo objetivo.

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Las biblias del Viejo Julio

Marenales conoció a su segunda esposa, a quien le lleva 24 años, en el año 2000. Beatriz Barneche también había militado en el Mln (hoy lo sigue haciendo en el Mpp salteño), pero en esa época no solía acercarse a los “jefes” (“Con él, era sólo de hola y chau”, cuenta). Después de vivir 26 años fuera del país (principalmente en Francia), preparaba su retorno a Uruguay, a una casa en el Barrio Sur. Pidió que le recomendaran un carpintero, y le enviaron al mismísimo “Viejo Julio”. Después de ese encuentro, ella, que es psicóloga y antropóloga, regresó a París por un año más. La distancia no interrumpió la relación, que terminó en casamiento. El histórico dirigente tiene un hijo (de su primera esposa, con la cual estuvo casado durante 48 años hasta su fallecimiento) que está por cumplir 60, tres nietos y dos bisnietas.
Mira Canal 5, ve alguna película por Internet y escucha básicamente la radio del Sodre. Es fanático de María Callas, de quien tiene toda su discografía. Se define como un lector voraz, apasionado por la historia. Actualmente alterna Caballo Loco y Custer. Vidas paralelas de dos guerreros americanos (de Stephen E Ambrose y Josefina de Diego) y Un espejo lejano. El siglo XIV, época de calamidades (de Bárbara Tuchman). Y acaba de recibir Francisco Berra. La historia prohibida (de Guillermo Vázquez Franco) y la novela basada en el exilio de Trotsky, El hombre que amaba a los perros, del cubano Leonardo Padura. Pero no puede dejar de perderse en las gastadas páginas de una Historia de la antigüedad en tres tomos que trajo de Cuba, ya que le fascina sumergirse en lecturas sobre Roma y Grecia. En esos volúmenes descubrió detalles que no conocía sobre los acueductos romanos. También lee la Biblia: “Me gusta el Antiguo Testamento”. Pero sobre una repisa se deja ver otra de sus lecturas. Una edición de una revista en papel satinado: “Armas mágnum. Nuevas pistolas. Cacería de pumas”, son sus titulares. “Me las manda un amigo”, dice en medio de sus características risotadas.

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El ministro y los derechos humanos

“Yo a este Huidobro no lo conozco”

—La postura de Fernández Huidobro en los temas de derechos humanos, la negativa de su ministerio a enviar cualquier tipo de información, ¿qué le parecen?

—Yo a este Huidobro no lo conozco. Conocí al otro. Me parece que no son iguales. ¿Cómo es éste? No me atrevo a decirlo, porque lo veo a través de lo poco que aparece en la televisión. Ahora, estoy completamente convencido de que no es el mismo que yo conocí. Hizo su contribución, pero ahora está haciendo para mí un aporte negativo.

—De todos modos, las investigaciones sobre el pasado reciente son cosas que también incomodaron a Mujica. Incluso él mantiene la idea de que hay que hacer un trabajo político con las Fuerzas Armadas, cooptar…

—Con eso estamos de acuerdo, pero con la cabeza de él no se va a hacer. Son Fuerzas Armadas del sistema. Pero hay una cosa que hay que reconocer, más allá de que puedan estar o no equivocados, la angustia de los familiares es real y es terrible. Todo lo que se pueda hacer, hay que hacerlo.

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Marenales con peluca

“No lo inventé yo. Había un programa en una radio a mitad de la mañana (se refiere a No toquen nada, en Océano FM). Yo no lo escuché, pero me contaron que hay un tipo (Darwin Desbocatti) que dijo: ‘Yo sé quién era la rubia que iba a ver a Feldman (un hombre que murió defendiendo el arsenal que coleccionaba, en plena campaña presidencial de Mujica). Era Marenales con peluca’. Entonces me invitaron a aquel acto que hicieron en la plaza Libertad con los cañones de chocolate y las pistolas de agua. Y le digo a un compañero peluquero: ‘¿Vo, no me conseguirías una peluca?’. Me la consiguió. Y ahí viene la cosa: yo pensaba divertirme con todos allí, y me rodeó la prensa. Y los compañeros medio que me miraron y yo les dije: y qué vamos a hacer, vamos a andar a trompadas con los periodistas… La prensa hizo una bulla descomunal.”

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1.     En Marenales. Diálogos con el dirigente histórico tupamaro. Sergio Márquez Zacchino. Argumento. 2010.

 

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