Érase una vez un guitarrista

Viaje imaginario. Daniel Bertolone y Expreso Groove. Sondor, 2017.

Viaje imaginario. Daniel Bertolone y Expreso Groove. Sondor, 2017.

Cuando empezaban los años setenta, un pibe alto y gordito se colgaba su guitarra y exhibía una mezcla del sustain mágico de Eric Clapton, la velocidad de dedos de Alvin Lee –aquel de Ten Years After– y un toquecito de la locura de Jimmi Hendrix para asombro de las vociferantes plateas montevideanas que pedían una y otra vez rock y blues al mango, a todo volumen, con distorsión y salvajismo.

El héroe de los guitarristas eléctricos de entonces en Montevideo era Daniel Bertolone, la maravilla de Opus Alfa, el deslumbrante violero del trío Días de Blues, bandas que se colgaban de sus ídolos anglosajones de entonces, como el trío Cream –de Clapton– la Band of Gypsies –de Hendrix–, los Bluesbreakers –de John Mayall– o la Keef Hartley Band. Eran el capítulo local de todo ese rock y todo ese blues.

Los años pasan y la gente –también los guitarristas– cambia, y a veces cuesta reconocer a aquel que alguna vez conocimos.

Ya en los finales de los setenta, tras varios años en Australia fundamentalmente, Daniel Bertolone volvió a tocar en Uruguay, esta vez en el efímero pero excepcional grupo De Querusa, que integraban, entre otros, Jorge Galemire, Yamandú Pérez y un muy joven Gustavo Etchenique que hacía sus primeras armas en la música activa.

Dieron apenas dos recitales en los que, para sorpresa general, Daniel Bertolone tocó pocos solos, sin distorsión y en plan funky jazz, al mejor estilo del guitarrista estadounidense George Benson.

Chau Clapton, Hendrix, Alvin Lee…

En medio de la oscuridad y el anonimato de la sala colmada, conforme avanzaba el espectáculo, se escuchó un grito casi desgarrador: “¡¡¡Daniel, tocate un blues, loco!!!”

Impertérrito, Daniel siguió con su funky jazz elegante y tranqui.

Las décadas han pasado y ahora el legendario Bertolone, otrora rey de la guitarra roquera uruguaya, vuelve con su banda Expreso Groove con un disco llamado Viaje imaginario que es, precisamente, funky jazz elegante y tranqui. Por momentos hasta demasiado tranqui, coqueteando con la música ambient y lounge que reina en aeropuertos y salas de espera diversas. En modo alguno debe entenderse esto como algo peyorativo. El disco está concebido, arreglado, tocado y grabado a un nivel extraordinario, muy por encima de otros intentos musicales parecidos realizados en esta parte del mundo.

El tema no es que el disco no seduzca –por el contrario es casi adictivo– ni que carezca de valor –es un gran aporte a la música instrumental uruguaya–, pero a fuerza de ser sincero debo decir que esperaba del regreso de Bertolone dos cosas: algo menos “inofensivo”, con más vibración y al menos una pizca de su viejo fuego, y por otro lado un disco donde la guitarra –tratándose de Bertolone– tuviese un protagonismo más evidente.

De los nueve surcos que tiene el CD, en apenas cuatro hay intervenciones solistas de Bertolone, todas ellas breves, mesuradas, con un sonido limpito, casi sin efecto y en la senda de gente que hace funky jazz, como Pat Metheney o George Benson.

Viaje imaginario es un precioso disco instrumental que cuenta con un plantel de músicos de lujo, tanto los “estables” de la banda como invitados de la talla de Hugo Fattoruso en teclados o Gustavo Villalba en saxo, y es un placer de punta a punta su audición. Se destacan especialmente los temas netamente funky “Pacific Coast Highway”, “Watersign” “Live Wire”, y “Don’t Hold Back”, la balada “La magia de sus ojos” y el tema con base de samba “Sudden Samba”.

Curiosamente, el disco tiene permanentes y excelentes solos de teclados y saxos y unos poquitos solos de Bertolone, en los que Daniel sigue mostrando que, aun distinto, sigue siendo un músico con mayúscula.

Si al lector le encanta el jazz de fusión, este disco es su disco. Si, por el contrario, espera reencontrar al Bertolone de Opus Alfa o Días de Blues, mejor que tome otros rumbos o desempolve los viejos vinilos.

 

Viaje imaginario. Daniel Bertolone y Expreso Groove. Sondor, 2017.

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