Erdogan frente al desplome de la lira - Semanario Brecha

Erdogan frente al desplome de la lira

Claves para comprender la crisis de la economía turca.

De recurrir al Fmi, Erdogan quedaría sujeto a medidas de austeridad que dañarían seriamente su apoyo popular / Foto: Afp, Kayhan Ozer Anadolu

Después del fallido golpe en su contra, el presidente turco puso en marcha un boom de crédito, insistiendo en mantener las tasas de interés bajas, y bloqueó cualquier medida del Banco Central de Turquía para frenar la inflación desbocada. Las sanciones de Estados Unidos contra su país fueron el gatillo que disparó el derrumbe económico.

La lira turca está en una crisis total. Ha perdido 40 por ciento de su valor frente al dólar en los últimos seis meses y cayó casi 20 por ciento en la última semana. Ha llegado la hora del juicio final para la economía del país y la errática política económica de su autocrático líder (recientemente reelegido), Recep Tayyip Erdogan.

Lo que ha desencadenado la crisis ha sido el bloqueo de activos en Estados Unidos ordenado por Trump contra Abdulhamit Gul, ministro de Justicia, y Suleyman Soylu, ministro del Interior, por su presunta participación en la detención de Andrew Brunson, un pastor protestante estadounidense. El señor Brunson, que ha dirigido una pequeña iglesia en Turquía durante dos décadas antes de ser arrestado en octubre de 2016, está acusado de participar en una conspiración para derrocar a Erdogan. El pastor ha calificado los cargos como “calumnias”. Su detención es sólo uno de varios desacuerdos entre Turquía y Estados Unidos, que van desde sus posturas divergentes sobre Siria hasta la compra de armas en Estados Unidos.

El viernes 10, Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, anunció que su país duplicaría el arancel a las importaciones de acero turco hasta situarlo en 50 por ciento, porque el 25 por ciento anterior no había sido suficiente para reducir las exportaciones turcas a Estados Unidos. “Duplicar el arancel sobre el acero procedente de Turquía reducirá aun más estas importaciones que el Departamento (de Comercio) considera que amenazan la seguridad nacional”, dijo Ross.

INFLACIÓN Y PURGAS. Ese fue el gatillo, pero no la pistola que ahora apunta a la cabeza de la economía turca. La pistola ha sido el rápido deterioro de la situación económica. Después del fallido golpe militar contra él, en 2016, Erdogan puso en marcha un boom de crédito para impulsar la economía, mientras detenía a miles de personas y despedía de sus trabajos en las universidades públicas y el gobierno a otras tantas. Insistió en mantener las tasas de interés bajas y bloqueó cualquier medida del Banco Central de Turquía para frenar la inflación desbocada, calificando los tipos de interés como “la madre y el padre de todos los males”.

La economía capitalista de Turquía no lo soportó, y fue justo en el momento en que se fortalecía el dólar estadounidense tras la subida de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. El problema para Turquía, un país sin recursos energéticos y que cuenta sólo con su mano de obra barata y calificada, es que la gran mayoría de los fondos para su desarrollo industrial, la construcción y el sector inmobiliario viene del exterior: los inversores son estadounidenses y europeos. Así los ciudadanos y las empresas de Turquía se endeudan de forma importante en dólares y euros.

El aparentemente rápido crecimiento económico de los últimos dos años se ha producido sobre pies de barro (crédito y préstamos del exterior), mientras las importaciones inundaban la economía local, las exportaciones y la rentabilidad del capital se redujeron sustancialmente en Turquía. El aumento de las tasas de interés y del precio del dólar a nivel mundial acabó con la fiesta y ha enfrentado a Erdogan a las realidades del capitalismo global.

RIESGO DE “CONTAGIO”. Los bancos y las empresas turcas están en graves problemas. Los pasivos en moneda extranjera de las empresas no financieras de Turquía ahora superan a sus activos en más de 200.000 millones de dólares.

Los bancos y las empresas del país tienen que hacer frente a deudas por miles de millones de dólares. Sólo los bancos deben pagar 51.000 millones de dólares el próximo año, mientras que las empresas no financieras tendrán que abonar 18.500 millones. Estos pagos vencen en un momento en que el endeudamiento de las empresas alcanza el 62 por ciento del Pbi, y la mitad de esas deudas es en moneda extranjera (dólares y euros, en su mayoría).

A los inversores extranjeros les preocupa la posibilidad de que Turquía no sea capaz de financiar esos pagos; y es que en relación con su deuda externa a corto plazo, las reservas de divisas de Turquía han caído a nuevos mínimos.

Así que el capital ha huido del país y la lira se ha desplomado.

La preocupación esencial para el capital global es que si las instituciones financieras y las empresas de Turquía dejan de pagar su servicio de deuda, los bancos europeos podrían sufrir pérdidas significativas en sus propios balances –lo que los mercados llaman “contagio”: la extensión de las pérdidas y las bancarrotas a nivel internacional–. Algunos de los bancos turcos son propiedad de extranjeros, y los mayores prestamistas de Turquía son el Bbva, de España; UniCredit, de Italia, y el francés Bnp Paribas.

Los bancos turcos tendrían un montón de reservas y los préstamos a Turquía son sólo una pequeña parte del total de los préstamos realizados por estos bancos extranjeros. Pero incluso las pérdidas “marginales” pueden a veces suponer un punto de inflexión cuando las ganancias son escasas. Y la morosidad de los bancos ya ha ido en aumento.

OPCIONES DE SALIDA. ¿Cómo puede zafar Erdogan de este desplome de la lira turca? La solución capitalista es aumentar los tipos de interés de forma astronómica para bloquear nuevos préstamos. El gobierno debería recortar drásticamente el gasto público e incrementar los impuestos (es decir, la austeridad fiscal), y utilizar el “ahorro” para rescatar a los bancos y cumplir con los pagos de la deuda externa. Turquía también debería recurrir al Fmi para un préstamo, al estilo griego. Según las reglas del Fmi, podría pedir hasta 28.000 millones de dólares para financiar futuros pagos de la deuda, pero quedaría sujeto a los dictados de las medidas de austeridad del fondo. Esta solución capitalista llevaría a la economía turca a una fuerte crisis que golpearía a los ciudadanos turcos y dañaría seriamente el apoyo popular a Erdogan.

El gobierno podría introducir controles de capital y bloquear cualquier salida de dinero del país. Pero eso haría que los prestamistas extranjeros dejaran de prestar, lo que llevaría a la economía a una depresión aun mayor. Erdogan también podría tratar de obtener financiación de Rusia, China o Arabia Saudita (como acaba de hacer Pakistán). Desafortunadamente para él, no tiene muy buenas relaciones con estos países, así que por el momento se resiste a estas opciones, y pide a sus seguidores que “confíen en Dios” y en él.

El problema mayor es la creciente crisis de la deuda de las economías emergentes. Esto escribí en mayo, después de las elecciones generales en Turquía: “El aumento de las tasas de interés mundiales y la creciente guerra comercial iniciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, van a golpear a las llamadas economías capitalistas emergentes, como Turquía. El costo de los préstamos en moneda extranjera va a aumentar mucho y es probable que se frene la inversión extranjera (…). Turquía está en primera fila para sufrir una crisis de la deuda, junto con Argentina (donde ya ha estallado), Ucrania y Sudáfrica”.

Así que la cosa se pondrá peor.

*    Economista marxista británico. Trabajó 30 años en la city londinense como analista económico.

      (Tomado del portal Sinpermiso.info. Brecha reproduce fragmentos. Titulación de Brecha. Originalmente publicado en el blog del autor: The Next Recession.)

 

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