Fábula con vaivenes

Oscar 2020: “Jojo Rabbit”.

Jojo es un niño de 10 años que absorbe la propaganda nazi como si fuese una esponja. Durante la Alemania de la Segunda Guerra, todo su entusiasmo parece volcarse hacia el partido y su fanatismo por la figura del Führer. Tal es su obsesión que el mismo Adolf Hitler se le aparece como un amigo imaginario para darle consejos y volverse parte indisociable de su vida. Claro que es un Hitler alto, flaco, aniñado y extremadamente gracioso. Taika Waititi, director de esta película,1 no solamente es un notable director de series y películas (Flight of the Conchords, What We Do In The Shadows, Hunt For The Wilderpeople), sino que además ha demostrado ser un gran actor de comedia, e interpreta aquí a una de las encarnaciones cinematográficas más impensables y ocurrentes que se han hecho del genocida alemán.

Claro que no es algo realmente novedoso hacer una sátira burlesca de este porte: ya lo había hecho Charles Chaplin en 1940, y desde entonces este tipo de aproximación ha sido prácticamente ininterrumpido (recientemente veíamos caricaturas igual de delirantes en la sueca Kung Fury y la alemana Er ist wieder da). Al menos en lo que refiere a este punto, la etiqueta “humor irreverente” no debería ser utilizada para referirse a esta película: sólo faltaría que no se pudieran hacer chistes sobre figuras fallecidas hace 75 años ni sobre los acontecimientos históricos en los cuales estuvieron inmersas, por más terroríficos que hayan sido.

En definitiva, se usa un humor más o menos efectivo, con momentos realmente notables, como las reiteradas burlas del saludo nazi (justamente, como Chaplin lo hacía antaño) y ciertas escenas en un campamento para niños, en las que el siempre brillante Sam Rockwell interpreta a un entrenador amanerado. Pero el tono no es humorístico todo el tiempo y, por momentos, toca notas verdaderamente graves. Al menos en lo que refiere al nazismo, no se esconden ciertos horrores: el fanatismo atroz, la febril persecución de todo aquel que fuera o pensara diferente, las ejecuciones públicas. La muerte de un personaje específico provee una importante dosis de dramatismo al cuadro y lo exime así de caer en una “liviandad” inadecuada.

Pero quizá sí haya un desacierto importante sobre el desenlace de esta película (siguen spoilers), en el cual en la Alemania recién liberada se respira libertad y los personajes salen a la calle con tranquilidad; ven, incluso, la ondeante bandera estadounidense surcar las calles: prácticamente un lugar común de las recreaciones cinematográficas de la época. Quizá esta sea la única inconsistencia histórica imperdonable de Jojo Rabbit: se sabe que, cuando cayeron los nazis, las tropas invasoras (principalmente el Ejército Rojo, aunque los estadounidenses y los franceses no quedaron muy atrás) sembraron el terror sobre la población civil, violaron a 2 millones de mujeres y niñas, y convirtieron prácticamente la totalidad del territorio alemán en un campo de impunidad para saqueos y abusos de cualquier tipo. No es, justamente, el momento histórico más atinado para ambientar una escena final de baile.

1. Jojo Rabbit. Taika Waititi, Estados Unidos/República Checa, 2019.

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