Ficción para (des)enmascarar(nos)

Cuentos temibles.

Días temibles, de A M Homes. Traducción de Andrés Barba, Anagrama, Barcelona, 2019. 304 págs.

El tópico del theatrum mundi –el teatro del mundo– está presente en la literatura desde la Antigüedad; ha pasado por Petronio, Calderón, Shakespeare y Balzac. Sin dudas sigue vigente esta asociación entre vida y teatro, y uno de los personajes de Días temibles, la nueva colección de cuentos de A M Homes (1961), se hace eco de ella: “La vida es larga, dramática”. Esta frase bien puede ser una clave de lectura de los 12 relatos que nos presenta la autora estadounidense en su última obra, en los dos sentidos del término “drama”: el propiamente teatral y el relacionado a un estado de conmoción.

LA VIDA COMO DRAMA. A lo largo de sus páginas, Días temibles presenta personajes que viven tragedias –entendidas en un sentido laxo–, sufren enfermedades y están expuestos a las mentiras y a la muerte. Una visión pesimista atraviesa algunos de los relatos que, como se ha planteado ya, son salvados hábilmente con el empleo del humor. En el decimoprimer cuento, “Punto Omega”, tiene lugar una de las afirmaciones más impactantes del libro. Al observar a unos pájaros, Mary Grace se pregunta qué verán ellos en el ser humano. La respuesta de su nieta Ruby es contundente: “Monstruos”. La monstruosidad atraviesa distintos ámbitos en las diferentes historias. Si bien la autora dedica gran espacio a la narración de conflictos en las relaciones humanas dentro del ámbito privado –infidelidades, adopciones, violencia doméstica–, no por ello deja de tratar problemas a nivel público e internacional –las guerras, la contaminación ambiental.

El relato homónimo a la colección también encierra esta tensión. Ya desde el título introduce a la comunidad judía, en tanto los Días Temibles –Days of Awe, en inglés– denotan el período que comienza con el Año Nuevo judío y termina con el Día del Perdón. Se trata de un momento de introspección y análisis que bien podría definir el espíritu de la autora. En el cuento, de hecho, la protagonista, Rakel, es una escritora que asiste a un encuentro sobre genocidios, donde se encuentra con un corresponsal de guerra. Esta conferencia sirve de excusa para tematizar la literatura y puede interpretarse como un manifiesto. “El sentido de la ficción es ilustrar e iluminar”, defiende Rakel. Pero el estatuto de su obra es cuestionado por otros personajes, sirviendo de advertencia para el resto de los cuentos: “Lo que escribes ni siquiera es real, te lo inventas”.

EL DRAMA COMO VIDA. También en Días temibles un personaje interpreta el papel de otro personaje. Esto tematiza el fingimiento como elemento clave de muchas historias de la obra de Homes –exceptuando algunas de las atravesadas por cierto tinte mágico–. La evidencia más clara del enmascaramiento tiene lugar cuando lo que se dice y lo que se piensa entran en tensión, presentando un ir y venir entre ser lo que se debe y lo que se quiere ser. Fundamental en este sentido es el contraste entre la narración de la psicología de los personajes y el discurso directo libre, que acerca muchos cuentos a una teatralidad que colabora con la vivacidad de lo relatado, junto con ciertas marcas espaciotemporales, un léxico cotidiano y una multiplicidad de descripciones sensoriales.

Con todo, el enmascaramiento no sólo refiere al lenguaje articulado, sino también al corporal, y con él a la apariencia física. Es recurrente que los personajes se preocupen por su cuerpo. De hecho, se mencionan operaciones estéticas y desórdenes alimenticios que se hacen eco de este plano de la obsesión humana. Como alguna vez dijo la autora: “Escribo sobre lo que no queremos decir”, y, en cierta manera, desenmascara así las fragilidades de nuestra especie. Es interesante que abra el volumen un cuento que hace mención directa al cáncer –como le hubiera gustado a Susan Sontag– y sus consecuencias, entre otras, las estéticas. También se menciona la enfermedad de pasada en “La última vez que la pasó bien”. De hecho, la isotopía es un recurso primordial en el libro, que permite la conexión entre relatos tan dispares como el mencionado y “Tu madre era un pez”. Estas repeticiones brindan al lector una ilusión de unidad que, en cierto modo, lo apacigua ante un mundo caótico. La expresión máxima de la confusión tiene lugar en el curioso relato “Muestra Nacional de Pájaros”, el cual se presenta a modo de chat entre extraños, cuya comunicación brilla, paradójicamente, por su ausencia. “Es como si hubiera un problema de comunicación”, suelta sarcásticamente un personaje. La narración en este cuento del abuso a una menor en primera persona es de lo más shockeante del libro: “Más o menos sabía lo que estaba pasando, pero al mismo tiempo no lo pillaba. Le sentía apoyarse contra mí y luego pasó algo en la parte de atrás de mi vestido. Se paró bruscamente y me dijo que me fuera a casa”.

Queda para el lector la exploración de otros temas y cuestiones de la sorprendente colección de relatos de Homes. Terminada la lectura de Días temibles es claro que queda mucho por decir, pero también por hacer. Es el efecto de un texto que nos interpela; en palabras de uno de sus personajes: “Esto es lo que somos”.

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