Sobre Metal, de Lourdes Silva: Fosas secretas - Semanario Brecha
Libros. Sobre Metal, de Lourdes Silva

Fosas secretas

Metal, de Lourdes Silva. Pez en el Hielo, Montevideo, 2023. 88 págs.

«El único lugar donde encontré para decir “esto soy yo” fue contra el piso», comienza la voz narrativa de Metal. Se cuenta una caída: el tiempo largo, eterno, del cuerpo atravesando los distintos niveles perceptivos. Estos niveles están compuestos de distintas materialidades: no es solo aire el elemento por el cual cae la narradora: es un entramado de cables, de líneas de red, de distintos magnetismos. Un cuerpo en la intemperie cae.

La narradora no cae sola, sino acompañada de objetos. Cae como un soldado, «caerse como se cae un combatiente con el pecho baleado, manando una lava pegajosa que podría aglutinar todo el plástico del mundo». Esa caída está también atravesada por los nervios electrónicos de un paisaje virtual, en una realidad trastocada. Solo cuando se llega al suelo, luego del derrumbe absoluto, es que comienza a aparecer la realidad material de las cosas.

Entonces se avanza, se recorren los espacios, se interactúa. El cuerpo es un campo magnético: la espalda atravesada por una vara de metal que se destruye y se recompone en pequeñas vértebras que se arman y desarman. En paralelo, surge una narración de juventud: «Por voto de mis compañeros fui elegida abanderada», «La adolescencia se trataba de leer y no comer, jugaba a desmayarme y a recuperarme tomando agua con azúcar». Si, por un lado, todo lo que refiere a la corporalidad está atravesado por el dolor o por la incomodidad, el resto del relato gira en torno a hechos mínimos, a pequeñas costumbres que derivan en formas de la distracción, pequeñas fosas del secreto.

«¿Cómo se construye un secreto?» Las imágenes que acompañan la prosa son de espacios en construcción o de ruinas. Este anclaje en lo real resignifica las imágenes textuales y las conecta con hechos fijos: el derrumbe. Derrumbe que puede ser también el desmembramiento y la unión de un cuerpo en llamas. Al agregar fotografías de escombros, se fija el relato en imágenes demasiado explícitas que, por momentos, hacen perder a la narración su fuerza desatada. Porque la caída, que es la caída de un cuerpo, de una vida, es también el desecho del consumo, las grandes pilas de basura acumuladas en las orillas de la playa de Capurro,
 el exceso de plástico, de «hiperobjeto[s] […] objeto esparcido por el espacio, es global, interobjetivo, viscoso, adherible…». Si la primera sección tiene que ver con los desechos y con el desgaje de los cuerpos y todo lo que los rodea, hacia el final vemos que todo aquello que se desprende vuelve a ser atraído por el metal de la espina dorsal. Cuando aparece esa vara que recorre la espalda entera, todo eso que fue separándose es otra vez atraído. El yeso comienza a desprenderse y el campo magnético del metal devuelve al lugar de origen todo eso que se había desgajado durante la caída.

Con varios aciertos, el libro de Lourdes Silva oscila también entre escenas por momentos innecesarias, porque buscan fijar sensaciones que funcionarían sueltas en la territorialidad deformada del libro. Sin embargo, la vorágine sobre la cual la narración se afianza sirve como buen disparador para lo que, a fin de cuentas, es la historia de cómo se puede poner en orden una corporalidad que nació en caída. Cómo el metal, tan ajeno a lo humano, se vuelve parte fundante del cuerpo desarmado.

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