Gente común

No a mucha gente le gusta esta tranquilidad, de María Teresa Andruetto. Random House, Buenos Aires, 2017. 151 págs.

No a mucha gente le gusta esta tranquilidad, de María Teresa Andruetto. Random House, Buenos Aires, 2017. 151 págs.

No muy difundida en Uruguay, la argentina María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, 1954) es autora de una profusa obra que incluye narrativa, poesía, y literatura infantil y juvenil, campo en el que desde hace treinta años lleva adelante una intensa labor que incluye la formación de maestros, la fundación de centros de estudio y revistas especializadas, la dirección de colecciones y la participación en planes de lectura. Además es acreedora de múltiples premios, entre ellos el Hans Christian Andersen, considerado el Nobel de los libros para niños y jóvenes.

No a mucha gente le gusta esta tranquilidad es su segundo libro de cuentos –el primero fue Todo movimiento es cacería (Mondadori, 2012)–, un título resonante, evocador, y que junto con la foto de cubierta –una mujer mustia, de nariz curva y aire masculino– componen un arte de tapa más que sugerente. Son ocho cuentos, cada uno de ellos con una dedicatoria y un epígrafe, todos ellos agudos y fértiles en relación con las historias que alumbran. Los ocho ponen en juego las vivencias al mismo tiempo cotidianas y extremas de gente común, y exploran, con especial concentración, la sustancia compleja de que están hechos los vínculos filiales y los amorosos.

“Gina”, el primero de la serie, relata la historia de una enfermera italiana alcohólica en el seno de una familia argentina; el cuento habla más propiamente de la soledad y de quienes se desafían en ese reto. Junto con éste, “No a mucha gente le gusta esta tranquilidad” –que da título al conjunto y que no le hubiera disgustado a Alice Munro– se trata del relato más logrado del libro. Aquí la historia es rural y religiosa: dos hermanos, hombre y mujer, entierran a su hermana y hay que reaprender la cohabitación y la fe en una casa de campo aislada. “La lección de piano” invita al intercambio entre un viejo solitario y un joven que le devuelve la fe. Una dolorosa historia de amor se muestra responsable de que el piano en la pieza del viejo se mantenga intocado. “La parisina”, abre con el siguiente epígrafe de Wieslawa Szymborska: “Todo principio no es más que una continuación, y el libro de los acontecimientos se encuentra siempre abierto”, todo un hallazgo para un cuento que prefigura una nueva historia de amor, esta vez marcada por los desplazamientos, las identidades en tránsito, los desencuentros. “Un águila sobre el nopal” se apiada del advenimiento de la enfermedad, pero también azuza a los fantasmas obsesivos de la hipocondría. “La redentorista” emplaza la historia en un velorio y se solaza en el humor involuntario con que una familia despide a uno de los suyos, mientras en “El hijo” Andruetto fabula el relato de un padre ausente y un dechado de excentricidades. Finalmente, “La noche interminable de Villa Crespo” ofrenda la tercera historia de amor en este libro, en la cual la última dictadura argentina juega su rol y cuando, una vez más, la vida se muestra desatinada o a destiempo.

Otra argentina, muy celebrada últimamente, es la encargada de una alabanza en la solapa. Escribe Mariana Enríquez: “Estos relatos personales e inasibles parten de vidas en apariencia ordinarias y develan sus abismos: los cuchillazos de la historia, el abandono, la soledad. Y sobre todo el silencio, aquello que no se dijo a tiempo y se vuelve irrecuperable (…). Un diagnóstico más que acertado para un libro muy bien escrito y en cierta forma piadoso, fraterno con las a menudo tristes criaturas que lo habitan.

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