Hasta el último pasajero – Brecha digital

Hasta el último pasajero

En una recóndita región rural llamada Engaru, ubicada en Hokkaido, la isla más grande del archipiélago japonés, la adolescente Kana Harada tiene el privilegio de contar con un tren exclusivo para que ella viaje desde su casa hasta el colegio. La estación ferroviaria Kyu-Shirataki, abierta desde 1947, redujo drásticamente su funcionamiento desde que se suspendió el servicio de transporte de mercancías, hasta que en 2013 la empresa concesionaria del servicio en este país, Japan Railways, decidió clausurarla, así como ocurrió con otras 20 líneas en los últimos años.

Fue entonces que un grupo de padres se reunió para evitar este inminente cierre, ya que esas vías eran el único medio para que sus hijos pudieran asistir a clases. La empresa accedió a esta petición, pero ahora de ellos sólo queda una usuaria, por lo que los horarios se adaptaron a los de esta joven, estableciéndose dos partidas diarias: la de ingreso y salida de su colegio secundario. La Japan Railways planificó mantener este servicio hasta el 26 de marzo de 2016, fecha en la que Kana se graduaría, momento que además coincide con el cierre fiscal de la compañía. Por supuesto, se hicieron oír las críticas por los altos costos y la nula rentabilidad de esta decisión, a lo que la empresa respondió que el propio Estado costearía parte de las pérdidas para defender uno de los pilares centrales del país: la educación. En contra de cualquier criterio comercial de rentabilidad, el gobierno japonés asumió la responsabilidad de absorber parte de las pérdidas que representan mantener en funcionamiento un ferrocarril que sólo vende dos boletos diarios.

La situación de esta abandonada estación de trenes no es totalmente anómala, ya que existen otras estaciones en situaciones similares y que se mantendrán abiertas hasta marzo: Shimo-Shirataki, Kami-Shirataki y Kanehana. A pesar de que el tren es el medio de transporte más popular en la potencia asiática, son múltiples los factores que han incidido en la clausura de varias líneas ferroviarias en los últimos años. En el aspecto tecnológico, la vorágine evolutiva lleva a que las nuevas unidades con sus mejoras desplacen a los viejos trenes y estaciones, como ocurre con Kyu-Shirataki. Pero el vector poblacional es también decisivo y afecta principalmente a las zonas rurales, tanto por la fuerte concentración de gente en las ciudades de este país, como por la baja tasa de natalidad (1,41 hijos por mujer en 2012) y el progresivo crecimiento de la población adulta. Esto último perjudica sobre todo a aquellas localidades más aisladas y apartadas de los grandes centros comerciales y laborales. Debido a su reducida cantidad de habitantes, no resulta sustentable mantener un recorrido ferroviario, como tal es el caso de Engaru.

La educación es un valor fundamental para la sociedad japonesa en su conjunto, algo que se percibe en parte por la obligatoriedad de la enseñanza primaria y secundaria, así como por el alto porcentaje de estudiantes que sigue carreras universitarias.

Y así es como de la estación de Kyu-Shirataki, con rigor nipón, continúa saliendo un tren a las 7.16 para llevar a Kana Harada hasta su instituto, distante unos 35 quilómetros, y traerla en la tarde de regreso a su casa.

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