“Hay más detenidos que quisieran irse que países dispuestos a recibirlos”

En esta entrevista, el abogado de un preso de Guantánamo que podría refugiarse en Uruguay -Abu Wa’el Dhiab, un sirio en huelga de hambre- aporta elementos sobre la situación de su defendido y describe el contexto político que retrasa el cierre de la cárcel.

Abu Wael Dhiab

Desde 2003, Eric Lewis ha defendido a prisioneros de diversas nacionalidades confinados en la cárcel que Estados Unidos mantiene en Cuba. Entre ellos a Abu Wa’el Dhiab, un sirio en huelga de hambre dispuesto a venir a Uruguay, cuyo caso ocupó los titulares esta semana. En entrevista con Brecha, aporta elementos sobre la situación de su defendido, relata su experiencia como abogado de los detenidos, y describe el contexto político que retrasa el cierre de la cárcel. A quilómetros de distancia, el gobierno continuará negociando con la Casa Blanca, a pesar de que Mujica le bajó el perfil al asunto.

—¿Puede relatar brevemente cómo llego Abu Wa’el Dhiab a Guantánamo?

Por decir fútbol

—Él es sirio, tiene 42 años y tuvo cinco hijos, de los cuales uno de dos años murió en la guerra civil de ese país. Está en Guantánamo desde que fue detenido en Pakistán en 2002 y está autorizado para abandonar la prisión desde 2009. Quiere irse a empezar una vida nueva. Su familia está en Siria pero esperan unirse con él adonde sea que vaya.

—¿Qué implica estar autorizado para ser liberado? ¿Cuál es su estatus legal?

—Estar autorizado significa que el gobierno no cree que el detenido siga siendo una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Sin embargo, para ser liberado debe encontrar un país adonde ir, y una vez que se consiga eso el secretario de Defensa tiene que notificar al Congreso para que éste lo autorice a marcharse.

—Entonces en este tiempo nunca hubo una prueba que lo involucrara en actividades terroristas.

—No, lo que pasó en ese entonces es que personas de origen árabe que estaban en Afganistán y en Pakistán en 2002 eran vendidas por recompensas como supuestos terroristas. Nunca hubo una prueba ni un cargo presentado contra él. En aquel momento todo el mundo estaba buscando árabes susceptibles de vender por 5 mil dólares. Si tuviera algo significante no lo habrían autorizado a abandonar la prisión en 2009.

—Dhiab está en huelga de hambre, por lo que se lo alimenta en forma forzada. ¿Él efectivamente quiso que se lo dejara de alimentar de esa manera y morir porque perdió la fe de venir a Uruguay por lo largo del proceso?

Por decir fútbol

—Bueno, los hombres que están en huelga de hambre perdieron la fe. Entonces quieren llamar la atención sobre su situación, no porque quieran morir. Quieren que el mundo sepa lo que les pasa para que su situación mejore.

—Aquí se dijo que su vida corre peligro, lo que presionaba al gobierno uruguayo para acelerar su transferencia. ¿Es así?

—No, su vida no está en riesgo. No ha sido alimentado a la fuerza en algunas semanas. Su salud está bien, está pronto para ser transferido cuando estén dadas las condiciones. En su caso estamos tratando ante la justicia que se lo alimente de una forma humana, no de una forma abusiva. Las audiencias terminaron hoy y la decisión definitiva se conocerá este mes.

—¿Cómo fue su comportamiento en Guantánamo?

—Su convivencia no es perfecta, estuvo ahí por 12 años, pero ha colaborado. La alimentación forzada es brutal y dolorosa, y él está dando el máximo en estas circunstancias.

—¿Desde cuándo usted representa a detenidos de Guantánamo?

—Desde 2003. Creo que la detención indefinida sin juicio va en contra de la Constitución y el sistema republicano de Estados Unidos. Empecé con detenidos británicos (ciudadanos de origen árabe con nacionalidad británica. En total hubo nueve detenidos de ese país. Ocho de ellos ya fueron repatriados en una decisión de Estados Unidos de darles la oportunidad de apelar su detención ante un tribunal). Pero luego representé a detenidos de muchos países: Kuwait, Siria, Arabia Saudita, detenidos chinos de la etnia uyghur (chinos musulmanes de la rama suní), argelinos, tunecinos, sólo por nombrar algunos.

—¿Cuántas veces visitó la prisión? ¿Puede describirla brevemente?

—Fui al menos cuatro o cinco veces. Viven en dos campos: Campo V y Campo VI. En el primero están aislados los que hacen huelga de hambre, como Abu Wa’el Dhiab. Las celdas tienen tres metros por dos y están confinados allí 23 horas al día. Hay muy poco tiempo de socialización entre los prisioneros, muy poca actividad deportiva. En el Campo VI están los que no están siendo alimentados a la fuerza, pero esos no están identificados. Ellos sí tienen más espacio de socialización. Hay salones comunes. Son unas 149 personas en ese módulo. Luego están los módulos de alta seguridad donde están detenidos los que están acusados de terrorismo por una comisión militar. Por ejemplo, Jálid Sheij Mohámed. (miembro de Al Qaeda señalado como el “cerebro” de los atentados del 11 de setiembre).

—¿Tuvo alguna dificultad para hablar con su defendido?

—Todo es difícil en Guantánamo. Hay que solicitar una visita con meses de antelación. A veces los detenidos pueden vernos y otras veces no, sin ninguna razón. Obviamente, es muy difícil llegar y trabajar ahí. No hay línea de celular por ejemplo.

—¿Qué factores dentro de Estados Unidos están enlenteciendo la transferencia de detenidos a otros países?

—Hay muchos factores políticos. Primero, Estados Unidos no va a aceptar a ningún detenido así haya sido autorizado para ser liberado. Eso implica que el gobierno tiene que ir a buscar países que estén dispuestos a recibir a los detenidos. Y eso ya es un problema. Segundo, Estados Unidos insiste en que haya garantías de seguridad suficientes para asegurar que estas personas no van a ser un problema en los países de transferencia. Por ejemplo, cerca de la mitad de los detenidos son de Yemen. Y Yemen no es un país estable. Además, algunas personas están preocupadas de que por haber estado en Guantánamo puedan ser señalados como terroristas, cuando en realidad no lo son. Y tercero, aunque la administración de Obama haga esfuerzos para cerrar Guantánamo, el Congreso le es hostil. Los republicanos están en contra.

—Aquí trascendió que serán seis los detenidos que vendrán…

—No puedo comentar eso, porque no es público, pero cualquier gobierno que quiera recibirlos está haciendo un favor enorme no sólo a estas personas, sino también a la humanidad. Y le diría que si Uruguay recibiera a cien, cien estarían dispuestos a venir. Hay más detenidos que quisieran irse que países dispuestos a recibirlos. No es que el detenido diga me quiero ir a París… Es más una cuestión de encontrar países dispuestos a aceptarlos y asegurarles que se reunirán con sus familias. Entonces países libres como Uruguay que estén abiertos a recibirlos harían un gran gesto. Algunos detenidos pueden volver a su país y otros no. Por ejemplo, mi cliente obviamente no puede volver a Siria.

—¿Cuando llegan al país de transferencia pueden moverse libremente? Aquí se han planteado dudas acerca de si pueden abandonar el país. ¿Y en qué marco legal vendrían?

—Bueno eso es parte de la negociación entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno que los recibe. Pero no puedo comentar sobre eso porque no es público.

—¿Tuvo algún contacto con autoridades uruguayas?

—No.

Llegada de los prisioneros

El proceso continúa

Por Ricardo Scagliola y Rodrigo Abelenda

Frente a un escenario electoral muy competitivo y una opinión pública todavía temerosa de convivir junto a ex prisioneros de Guantánamo, el presidente José Mujica optó por bajarle el perfil al tema. La semana pasada, ante los embates del Partido Nacional sostuvo que “van a venir cuando yo lo disponga. (…) Lo va a determinar el presidente de la República y no le va a pedir consejo a nadie, nada más que a su almohada”. Fiel a su estilo, también acusó a las huestes nacionalistas de “almas podridas” e “incompetentes” por oponerse a la llegada de los presos, poniendo en jaque acuerdos comerciales con Estados Unidos. Este último miércoles el tono fue otro. “No hay de qué preocuparse (…) tenemos que ver la opinión del nuevo gobierno. Ustedes saben que no eludo decisiones cuando las tengo que tomar, pero un presidente tiene que considerar que no es un rey. No hace lo que se le ocurre.”

Si bien ante la tribuna política los dichos son leídos como una “marcha atrás”, el proceso de negociación para la llegada de los reclusos continúa, dijeron a Brecha diversas fuentes gubernamentales. “Los presos van a venir”, aseguraron, simplemente “se va a consultar al próximo gobierno, lo cual es lógico”. La intención del gobierno es entonces que la parte operativa del traslado transcurra en silencio mientras el tema desaparece de a poco en la campaña, y así no afectar al Frente Amplio.

En la práctica falta pulir “detalles” que se mantienen en estricta reserva. Existen dos notas verbales que, según las fuentes, no implican que haya algún acuerdo con Estados Unidos. Según pudo saber Brecha, el Ministerio del Interior trabaja en la forma en que la administración de Obama va a “entregar” a los detenidos. “Tiene que haber diálogo con Estados Unidos para ver cómo vienen. El país no los va a recibir encapuchados, como los recibió Alemania, el gobierno quiere que lleguen como gente libre.” Estos puntos, sostuvieron, están “en la cancha de Estados Unidos”. El Poder Ejecutivo nacional quiere traerlos en el marco del estatuto del refugiado, que protege bajo confidencialidad los datos más sensibles de los prisioneros. De acuerdo a las fuentes consultadas, el gobierno entiende que corresponde la categoría de refugiado porque son personas que temen volver a su país de origen por miedo a ser perseguidos debido a cambios políticos ocurridos mientras estuvieron detenidos. La intención del gobierno es entrevistar a los prisioneros en el marco de la ley de refugio (18.076) cuando pisen suelo uruguayo.

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