¿Integración para la servidumbre o para la liberación? – Brecha digital

¿Integración para la servidumbre o para la liberación?

El planteo en el libro de Julio Louis de reciente aparición exige una breve reflexión al día: ¿Integración para la servidumbre o para la liberación?

El planteo en el libro de mi autoría1 de reciente aparición exige una breve reflexión al día: el gobierno ha resuelto aplicar la resolución del Plenario del Frente Amplio y se retira de las negociaciones del Tisa pero –todo parece indicarlo– a cambio de que se acepten las pautas presupuestales que mantienen las exoneraciones al capital extranjero, los pagos de la deuda externa y otras concesiones, y ni que decir, la concentración de la propiedad de la tierra pese a las proclamas artiguistas. A la vez, el canciller manifiesta que ese retiro es un “error” y promete más tratados de libre comercio. De allí que mantienen validez los dos objetivos que planteamos y la advertencia acerca de un Tlc con la Unión Europea, expuesta en uno de los capítulos bajo el título “La hegemonía de Estados Unidos sobre la Unión Europea y la relación con nuestra América”, del que extraemos párrafos.

“El primer objetivo es explicar los motivos de las políticas de ‘libre comercio’ que se implementan en los países dependientes; políticas persistentes y de continuidades, a pesar de sus denominaciones variadas. En pos de la desregulación de los mercados financieros, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) aprueba el Acuerdo Multilateral de Inversiones (Ami, 1995) (…) que provoca un escándalo en Francia que se propaga a otros países europeos, al conocerse que los inversores privados podían emprender acciones contra los estados nacionales, por afuera de ellos y de sus constituciones. Aunque detenido el Ami el concepto se había introducido en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta); de allí se intenta trasmitirlo al Área de Libre Comercio de las Américas (Alca ) y de éste, a los tratados bilaterales de protección de inversiones, tratados de libre comercio, Alianza del Pacífico y Tisa.”

El segundo objetivo es explicar cómo el imperialismo tiende a imponer sus orientaciones con una única estrategia, pero tácticas variadas. “Existe, ciertamente, una estrategia global de Estados Unidos en la fase actual del imperialismo, pero no hay una táctica, sino varias. Estados Unidos ha adquirido una larga experiencia en la represión de pueblos y en su papel de gendarme de las burguesías occidentales; no pone todos los huevos en la misma canasta, y no apuesta a una sola carta. En realidad, Estados Unidos se queda siempre con varias cartas en la mano. Por supuesto, todas las cartas no son para ellos equivalentes y prefieren unas a otras, aunque, a menudo, las juegan simultáneamente. Esto quiere decir que su estrategia puede adaptarse a varias soluciones en los países de su zona de dependencia.”
De allí que “La lucha entre dos bloques de clases –el comandado por el gran capital trasnacional y el alternativo-popular– también se manifiesta con fuerza en el plano político-militar. Y se expresa en el seno del Frente Amplio, penetrado por la concepción del enemigo”. Lo analiza el capítulo cinco, “La defensa nacional en disputa: ¿con nuestra América o con Estados Unidos?”.

EL TLC CON LA UNIÓN EUROPEA. “Bajo el gobierno de Obama el secretario del Departamento de Estado, John Kerry, caracteriza al hemisferio occidental (y no sólo a América Latina y el Caribe) como el patio trasero de Estados Unidos. La afirmación es expresiva de la nueva relación entre Estados Unidos y la Unión Europea (por lo que) se impone una referencia al proceso, y las implicancias que esa relación tiene para nuestra América.”

La invasión a Irak (2003) se presenta como consecuencia de la “guerra contra el terrorismo” (2001) y respuesta a la caída de las Torres Gemelas. El pretexto es desarmar a Irak, poseedor de presuntas armas de destrucción masiva, aunque nunca se encuentran ni se demuestra su existencia. Detrás de la invasión se juega la hegemonía estadounidense y el control de la zona petrolera de Oriente Medio. El interés imperialista en la guerra presenta un perfil “ignorado” por los comentaristas a su servicio: a la destrucción de la guerra le continúa la reconstrucción, con gigantescas inversiones y consiguientes ganancias, aseguradas por préstamos condicionados por los organismos de crédito al servicio del gran capital. La reconstrucción es clave para la relativa recuperación de Estados Unidos.

En Europa se oponen a la guerra Francia, Alemania, Bélgica y el Vaticano, además de Rusia, y fuera de Europa, principalmente China. Secundan a Estados Unidos el Reino Unido, España, Portugal, Dinamarca y los países “ex socialistas”, Polonia, Ucrania, además de Canadá y Australia, la constelación de satélites principales.

En los meses previos a la invasión, el ministro de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, declara: “Alemania es un problema, Francia es un problema. No veo a Europa como Alemania y Francia. Pienso que ésa es la vieja Europa. Si uno mira toda Europa, su centro de gravedad pasó al este”. Desde Estados Unidos se llama “la nueva Europa” a los aliados incondicionales, mientras que el núcleo resistente es calificado como la “vieja Europa”. La nueva relación es de mayor hegemonía de Estados Unidos. Mientras éste tiene una débil recuperación, diferente es la crítica situación europea. De momento, Obama se da el lujo de declarar: “A veces torcemos el brazo a otros países para que hagan lo que queremos” (declaraciones al portal Vox). Y en ese marco, se negocia el Tratado Transa­tlántico de Comercio e Inversión (Ttip, por su sigla en inglés), con primacía de Estados Unidos. Hoy por hoy el conflicto de Estados Unidos no se libra contra Europa, sino contra los Brics, Brasil, Rusia y China principalmente.

A partir de la nueva situación, los intereses trasnacionales (incluyendo a los socios “nacionales”), en función de la resistencia que ha generado el Alca y los Tlc con Estados Unidos, han cambiado su táctica y apuestan al Tlc con la Unión Europea, como vía de abrir el camino al Tlc con Estados Unidos. La campaña se ha lanzado. Al respecto, vale la pena preguntarse si el acuerdo con la Unión Europea no presenta los mismos riesgos y las mismas dificultades para su aprobación, salvo que evita la eventual represalia de Brasil. Quizás como nota esperanzadora, aunque sea por el absurdo, la concreción de este acuerdo sea el camino que nos dé vía libre para suscribir fluidamente Tlc con otras partes del mundo, incluido Estados Unidos. Por lo muy bien expuesto, transcribo de Luis Vignolo: “Hoy la conexión entre el Tlc con la Unión Europea (EU) y el Tlc con Estados Unidos es quíntuple. 1) El Tlc con la UE tiene las mismas características y los mismos inconvenientes técnico-económicos que el Tlc con Estados Unidos. 2) Un Tlc con la UE desarmaría muchos argumentos formales de los que se han esgrimido contra un Tlc con Estados Unidos. 3) Ahora la UE está muy debilitada y supeditada a Estados Unidos, de modo que no refleja por ahora una competencia de poder. 4) También se propone un Tlc con la Unión Europea firmado por Uruguay solo y no por el Mercosur en su conjunto. 5) En consecuencia un Tlc por fuera del Mercosur es otra manera de romper el Mercosur y habilitar Tlc con Estados Unidos (y con cualquiera)”.

INTEGRARSE PARA QUÉ. Sirve transcribir el pensamiento de Vivian Trías que origina el título de mi libro: “La integración se producirá de cualquier manera; puede concretarse para afianzar el subdesarrollo y la dependencia colonial, o puede realizarse para superar el atraso y liberarse de la opresión imperialista. La integración, en sí misma, no es nada más que un instrumento, una herramienta, un medio. Así como un bisturí puede segar o salvar la vida de un hombre, aquélla puede remachar las cadenas de los pueblos o romperlas (…). Los proyectos del imperio están en marcha; cada paso que den hacia el éxito es una derrota para la revolución, un retraso (…). Para ello ha dado un paso esencial: ha elaborado la concepción continental integradora del neoimperialismo. Ha medido con rigor científico las posibilidades geopolíticas y neoeconómicas de toda el área”.

Y una observación final: Wikileaks nos informa sobre un documento estadounidense acerca de “La administración de Vázquez en el primer año” (2005) que afirma: “Atascados entre dos vecinos abrumadores, Uruguay necesita, en la palabra del ministro de Industria Lepra, ‘un tío que los proteja contra sus hermanos bravucones’”. La misma tesis del doctor Lacalle Herrera, deseoso de un aliado poderoso y lejano contra sus vecinos.

1.     Integración para la servidumbre o para la liberación. El imperialismo y los gobiernos del Frente Amplio. Editorial De Dos, julio de 2015.

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