La batalla eterna - Brecha digital

La batalla eterna

Hombre y mujer, andaluz y vasca se insultan, se desafían y terminan estallando también en una noche de sexo. Aun así nada hubiese garantizado el éxito descomunal que tuvo esta película en España, donde el boca a boca llevó a la gente en malón a las salas incluso en tiempos de nuevos formatos y plataformas.

“Ocho apellidos vascos”

Una chica oriunda del País Vasco “cruza” hasta Andalucía con dos amigas a celebrar la despedida de soltera de una boda que no fue. Paran en un bar repleto de toda esa iconografía que suele conocerse como “españolazo”: desde afiches de corridas de toros a grupo de rumba flamenca, y atendido por mozos peinados a la gomina. Uno de ellos pide escenario y arranca a animar a la platea con una serie de chistes sobre vascos y la concurrencia estalla, como cuando aquí festejamos los de gallegos. También estalla la chica contra él, y se acaba la tregua. Hombre y mujer, andaluz y vasca se insultan, se desafían y terminan estallando también en una noche de sexo. A la mañana ella desaparece, deja olvidada su licencia de conducir y el celular, entonces el sevillano enamorado también decide cruzar la frontera e ir a buscarla a la Vascongada. En menos de cinco minutos esta comedia pone todas las fichas en la mesa con la fórmula de batalla de los sexos entre opuestos atraídos, clásica desde Frank Capra y Sucedió una noche (1934) en adelante, aunque la referencia hoy deba ser “aggiornada” para que la empresa salga adelante. Aun así nada hubiese garantizado el éxito descomunal que tuvo esta película en España, donde el boca a boca llevó a la gente en malón a las salas incluso en tiempos de nuevos formatos y plataformas. Si se tratase más de ver el marco del retrato que de ensayar explicaciones sobre el fenómeno puede decirse que el suceso viene, entre otras cosas, de la mano del cese de las acciones de Eta (“¿Tú también te has creído lo de la tregua-trampa?”, le cuestionan a Rafa sus amigos cuando éste anuncia que irá tras Amaia rumbo al País Vasco, enfatizando en que no sabe qué va encontrar, cual si se tratase de ir de safari a la selva congoleña). Un amigo uruguayo radicado en España me comentó tras ver la película que sentía que al público le hizo bien tomar las caricaturas como tales y que se pudiese bromear con las diferencias y con los prejuicios de un lado y otro. Otro compatriota me recordaba que detrás del guión de la película están los responsables del estupendo envío humorístico Vaya semanita (emitido por la cadena Euskal Telebista), los vascos Borja Cobeaga y Diego San José, expertos en llevar a su programa toda clase de parodias sobre el estereotipo del vasco pero también de cultivar un humor absurdo y genial que cae en gracia a propios y extraños. La dirección en cambio le fue confiada al veterano Emilio Martínez-Lázaro, quien conoce el arte y el timing de la comedia de enredos y también supo de éxitos taquilleros con El otro lado de la cama, de 2002. Y dicho esto entramos a Argoitia, donde Amaia se ve sorprendida por Rafa y muy resuelta lo manda de vuelta a su gomina y sus chistes sobre apellidos vascos, como “Gonorrea”. Todo habría quedado en el desencuentro, pero aparece el padre de la chica, un marino vasco ortodoxo que en vistas de que su hija va (iba) a casarse quiere conocer al novio para aprobarlo, entre otras cosas verificando si lleva sus ocho apellidos vascos, los primeros cuatro de línea paterna y materna. El galán andaluz entonces tendrá que probar su amor encarnando al supuesto novio vasco al que por azar le termina sumando un perfil de líder de una brigada de activistas por la independencia (bajo el risible mote de “Iñaki el Metralletas”) y cuenta con la inesperada complicidad de Merche, otra “españolaza” que ha adoptado a Euskadi como su hogar. El engaño y la historia desde ya no triunfan con base en una coyuntura favorable en lo que hace a captar a su primer público. Esta comedia es graciosísima y cree en aquella fórmula antinómica de la era clásica. No es moneda corriente encontrar un guión con tantas situaciones inspiradas, frases disparadas como dardos por tiradores certeros como el cuarteto protagonista, donde se lucen todos, con especial destaque para Dani Rovira, cuyo desdoble entre el tono andaluz y el vasco lo hace tan versátil como divertido. Mientras llega –tarde– a la cartelera local se filma su secuela, que llevará a la pareja protagonista a otra tierra con afán independentista: Cataluña.

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