La cinta de Moebius

“Escuchá la canción, pero no mires el video”

Boarding House Reach

Es común que en una reunión alguien sugiera poner una canción en Youtube. No pocas veces el sugerente agrega: “Escuchá la canción, pero no mires el video”. En primera instancia uno puede pensar que la persona hace esta sugerencia porque el video es francamente malo y no debería perturbar nuestra percepción de la canción (lo que posiblemente sea cierto), pero mirar un videoclip no se parece necesariamente a escuchar música, de la misma forma que en las novelas describir un objeto no es necesariamente igual a verlo (o, ya que estamos, filmarlo).

Uno de los músicos que han explorado más esos desfases entre lo que se ve y lo que se escucha es Jack White, que el pasado 23 de marzo lanzó su tercer álbum solista: Boarding House Reach. White tiene un gusto particular por el formato audiovisual. Sus anteriores videoclips de “Lazaretto”, “High Ball Steeper” o “The Black Bat Licorice” (este último incluso permitía a quien miraba poder incidir en los planos del video que se mostraban) son de una sensibilidad visual refinada; generan una atmósfera alrededor de la canción despojándose de cualquier tipo de cohesión narrativa sin un ápice del tan común “¿y esto qué tiene que ver?”. “Experimentales” o “surrealistas” serían en este caso simples etiquetas para evitar el escollo de la interpretación. El mismo día del lanzamiento de su último disco White dio a conocer el videoclip de uno de sus más recientes cortes de difusión: “Over and Over and Over”, canción que ya había intentado publicar con White Stripes y junto a Jay-Z. El mismo White la describió como su propia Moby Dick, que al fin había logrado cazar.

En tres minutos y medio, una toma de cámara sin cortes irá explorando una típica playroom de sótano estadounidense, habitación donde un Jack White altamente digitalizado simplemente toca la canción. La posición de la cámara parece moverse “una y otra vez” hacia los mismos rincones de la habitación, haciendo del recorrido un ciclo que termina y vuelve a comenzar. Un repetir incesante, y este repetir trabajando junto a la música. Azules, blancos, plateados y grises; la paleta de colores que acompaña a White a lo largo de su carrera, le da al video un aire familiar para aquellos que conocen su obra. En particular el color azul se escurre entre los rincones del espacio para luego ocuparlo todo y luego volver a desaparecer “una y otra vez”.

Mujeres, niños, soldados; personas entran y salen de escena a través de una puerta y una escalera. Se escuchan los nombres del titán Atlas, del pobre Sísifo (aquel gobernante griego que estaba condenado a subir una roca a la cima de una montaña “una y otra vez”, siempre fallando, siempre volviendo a intentarlo), haciendo resonar la misma idea de la repetición adictiva: en el título, en la música, en los planos, en la letra, en el mismo leitmotiv de la canción repetido sin cesar por un coro operístico pasado por varios filtros.

Rodeado de enmascarados (excepto los soldados, que como todo el mundo sabe no necesitan máscaras), White se va perdiendo, envejeciendo, la repetición como cosa en sí gana completamente la escena, el mundo se repite con impensable variedad, excesivo y desbordante. Siempre en la misma posición, condenado a volver a empezar, como Sísifo: “una y otra vez, una y otra vez”.

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