La disolución de la Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación

En una breve, aunque lapidaria, convocatoria a su personal, el titular de la Dirección de Innovación, Ciencia y Tecnología (Dicyt), Gabriel Aintablian, comunicó la próxima disolución de esa unidad ejecutora del Ministerio de Educación y Cultura.

Igual respuesta recibió una delegación gremial de los funcionarios (que integran Atec, gremio del Mec y, lógicamente, Cofe) del director general del Mec, Jorge Papadópulos, luego de dos o tres instancias signadas por malentendidos y sobrentendidos, puesto que en esas reuniones previas se les había pedido elaborar una propuesta de aggiornamento de los cometidos de la unidad, lo que hicieron, propuesta que había sido bien recibida y en la que fueron alentados a seguir trabajando. El actual director de la Dicyt pasaría a encabezar una reestructura del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable.

En la Dicyt funciona la Dirección de Cultura Científica, con sus 700 clubes de ciencia distribuidos en todo el país, sus gestores y docentes, y 30 años de actividad en educación no curricular a nivel de enseñanza primaria, secundaria, de bachillerato y Utu, e incluso del primer ciclo universitario, fortaleciendo el espíritu crítico y realizando aportes que la han distinguido fuera de fronteras, con participación en numerosas ferias internacionales y logros que han recogido profusamente los medios de difusión.

La unidad ejecutora que se disuelve ha concentrado los esfuerzos de la cooperación científica regional en ámbitos como la Reunión Especializada en Ciencia y Tecnología (Recyt), entre otros; ha sido la contraparte y gestado año a año las evaluaciones del premio nacional Lóreal-Unesco; es sede del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (Cyted) y desde este año (decisión incomprensible si se pensaba disolver la unidad) coordina la categoría Difusión Científica en los premios anuales de literatura. En su órbita funcionan el Programa de Investigación Antropo-Arqueológica y de Desarrollo, el observatorio astronómico Los Molinos (que además de su actividad científica lleva adelante numerosas actividades de extensión, jornadas abiertas y paseos para escolares) y los museos de Antropología y de Historia Natural.

Por lo demás, en el Departamento de Difusión se elabora un boletín semanal de noticias del sector, online, que lleva 18 años y es el más antiguo (y en muchos aspectos el único) de su tipo, con unos 700 números editados y más de 3 mil suscriptores entre científicos, instituciones, empresas y medios de prensa. Además ese departamento elaboró entre 1997 y 2006 cinco volúmenes de presentación de casos exitosos de innovación tecnológica en empresas y de avances en centros de investigación en ciencias básicas. La serie, denominada “Investigación + Desarrollo. ¡Claro que se puede!”, ha sido reiteradamente citada en la prensa y en publicaciones especializadas internacionales. También elaboró en 2006 la publicación Avances y desafíos en políticas públicas de CyT, en 2012 el Informe a la sociedad. Ciencia, tecnología e innovación en el Uruguay 2005-2012, y coordinó y editó la publicación del Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2010 (estrategia que parece haber quedado de lado).

Ni el director de la Dicyt ni el director del Mec, de acuerdo con los funcionarios, fueron muy explícitos con respecto al futuro de las actividades que se suprimen, si bien manifestaron la decisión de trasladar el Departamento de Cultura Científica-Clubes de Ciencia a la Dirección de Educación del Mec (según Papadópulos) o a la Anep (según Aintablian), y en primera instancia las actividades de cooperación y comunicación al Mec, en tanto que los museos pasarían a integrar un eventual organismo futuro que los agruparía.

La incertidumbre con respecto al resto es patente para las actividades y para los funcionarios (en ambas reuniones los jerarcas dejaron en claro que no sabían qué hacer al respecto), y forma parte de la errática política en materia de ciencia y tecnología que ha llevado adelante la administración, llena de marchas y contramarchas, de grandes anuncios y reestructuras incoherentes.

Constituye una óptica consensuada que el desarrollo, en cualquier ámbito, se construye acumulando recursos, así como es opinión generalizada que los grandes temas estratégicos de un país requieren políticas de Estado. Acumular saberes y potenciarlos, construyendo sobre lo existente, parece una lógica provista de sentido común en ciencia, tecnología e innovación, sobre todo en un país que recién en los últimos años está cobrando real conciencia de la importancia vital de estos temas. Que insiste (en el discurso) permanentemente en la necesidad de formar recursos humanos calificados (y que por ejemplo gasta a lo largo del tiempo recursos económicos en formar al personal de la Dicyt que gestionó dos préstamos internacionales, proporcionando a sus técnicos una maestría en ciencia y tecnología) si se pretende alcanzar el desarrollo en pocas décadas.

Sin embargo, y con el tercer período de gobierno del Frente Amplio, las idas y venidas suelen estar signadas por la impronta fundacional de cada ejecutivo que asume. El proyecto de ley que postula el nuevo Sistema Nacional de Competitividad, en su capítulo III, elimina al Gabinete Ministerial de la Innovación, que incluía al Mec, y crea uno nuevo, integrado por Relaciones Exteriores, Economía, Industria, Trabajo, Ganadería, Turismo y la Opp, haciendo tabla rasa con lo que el país había construido a través del Gabinete de la Innovación .

En “Primer avance”, nota de Carolina Porley publicada en Brecha el 10-VII-15, se daba cuenta de que la comisión asesora, creada por Vázquez para pensar en una nueva institucionalidad del sector, había llegado a un primer consenso para formar un nuevo organismo, una secretaría en la órbita de la Presidencia. Consultado Rodolfo Gambini, integrante de la comisión, respecto de la disolución de la Dicyt y si podrían recibir una delegación de los funcionarios, indicó que “no tienen como cometido o atribuciones ingresar en los temas de competencia de los ministerios, más allá del relevamiento que se está haciendo”.

Tanto en la región como en los países de mayor renta existen ministerios de ciencia y tecnología, que acá han sido propuestos una y otra vez por décadas y jamás consiguieron los apoyos necesarios, lo que ha redundado en que una multiplicidad de organismos de gestión y/o de investigación estén dispersos en el Estado y haya que formar una comisión para ordenarlos. La Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación fue creada hace apenas diez años, en 2005 (aunque existía desde el gobierno de Jorge Batlle la llamada Dinacyt), en el marco de la ley 17.930, que también creó la Anii y el Gabinete Ministerial de la Innovación (la ley 18.804 establece sus competencias, si bien la Anii entró a funcionar en 2007), cuya conformación de tipo transversal reconoce el carácter multidisciplinario y la complejidad institucional de los asuntos que aborda.

Antes de la creación formal de la Dicyt, en el ámbito del Mec, existía el viejo Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicyt, cuya génesis se remonta a 1961 y que naufragó sin apoyo ni presupuesto hasta los años noventa. Fue entonces que con el impulso del contador Israel Wonsewer, notorio referente intelectual, se gestó un préstamo millonario del Banco Interamericano de Desarrollo, presidido entonces por el contador Enrique Iglesias. En el marco de ese préstamo y como organismo ejecutor, el Conicyt financió decenas de proyectos de investigación básica y tecnológica, la construcción del único edificio universitario que el país levantó en los últimos 50 años (la Facultad de Ciencias), la refacción, modernización y ampliación del Instituto Clemente Estable, además de hitos de construcción innovadora en materia de estructuras para investigación, como el túnel de viento de la Facultad de Ingeniería y el primer proyecto de aerogeneradores en un parque eólico en el cerro Los Caracoles, entre muchas otras acciones, como la gestión del Fondo Nacional de Investigadores, antecedente insoslayable del actual Sistema Nacional de Investigadores.

*     Periodista de divulgación científica y novelista. Ha sido responsable de secciones de divulgación científica en varios medios y es responsable de difusión de la Dicyt desde su creación, como antes lo fue de la Dinacyt y del Conicyt.

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