La fábula del avión que no cayó - Semanario Brecha
Recordatorio sobre Hermanos al Rescate

La fábula del avión que no cayó

Quince años atrás, nuestro corresponsal en La Habana publicaba la siguiente nota, en la que recordaba el famoso episodio del derribo en territorio cubano, en 1996, de dos aviones de la organización ultraderechista Hermanos al Rescate. Esa acción de legítima defensa es esgrimida ahora, tres décadas después, por Estados Unidos para pedir la captura de Raúl Castro.

José Basulto, presidente de la organización cubana en el exilio Hermanos al Rescate, junto a una avioneta con el logo de la organización, el 3 de agosto de 2006. AFP, Roberto Schmidt.

Era el sábado 24 de febrero de 1996. José Basulto y otros cuatro pilotos de la organización terrorista Hermanos al Rescate (HAR) se dirigían desde Miami hacia La Habana para, en sus propias palabras, «incitar a manifestaciones contra el gobierno».

Como en otras ocasiones, tenían previsto pasar en vuelos rasantes por las zonas más densamente pobladas de la capital, lanzar miles de volantes e interferir los canales de comunicación radiofónica del sistema de tráfico aéreo de la isla. Ya lo habían hecho en otras ocasiones, sin el más mínimo percance y con gran despliegue de prensa en Miami. Además, a su regreso, con seguridad los estarían esperando generosas donaciones de los principales magnates del llamado exilio, muy interesados en mantener la situación de confrontación entre Washington y la isla.

Según las propias autoridades estadounidenses, desde mayo de 1995 HAR dejó de reportarles inmigrantes ilegales cubanos. Para esa fecha, la entrada en vigor de los acuerdos migratorios había puesto fin a la numerosa migración clandestina. La nueva situación dejó a HAR fuera del «negocio». Fue entonces que se dedicó por completo a las provocaciones.

«Ellos [los HAR] comenzaron a redefinir su misión y convertirla en una agenda política de acoso y amenazas al gobierno cubano con más vuelos y el lanzamiento de panfletos», dijo Richard Nuccio, asesor principal sobre Cuba en la primera administración del presidente Bill Clinton (1993-1997), a un equipo del canal CBS que en 2009 investigó sobre el suceso.

No se trataba de misiones encubiertas. Luego de cada incursión Basulto y sus secuaces eran entrevistados en programas de Miami, donde alardeaban de la impunidad con que sobrevolaban La Habana.

Incluso la NBC, una de las cuatro mayores cadenas televisivas de Estados Unidos, participó en los vuelos.

Ante una queja de La Habana, el 8 de agosto de 1995, el Departamento de Estado debió alertar personalmente a Basulto: «La entrada en aguas territoriales cubanas o a su espacio aéreo, sin previa autorización del gobierno cubano, puede conducir a ser arrestado y sujeto a las leyes cubanas».

Por esos meses (enero de 1996) la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos envió un memorando a su oficina de Miami alertando que «el peor escenario es que uno de estos días los cubanos derribarán uno de estos aviones [de HAR]».

¿QUIÉN ALERTÓ A CUBA?

Algunos en Miami insisten en repetir que fue gracias a la labor de inteligencia que las autoridades cubanas conocieron del vuelo. Esa misma suposición sirvió de justificación para la desproporcionada condena contra Gerardo Hernández,1 el supuesto espía responsable de filtrarlo.

No fueron la inteligencia cubana ni el gobierno de Estados Unidos quienes hicieron públicos la fecha y los propósitos de la provocación. El anuncio corrió a cargo del propio Basulto, quien en enero de 1996, en Radio Martí primero y luego en televisión, anunció que el 24 de febrero volaría sobre La Habana para respaldar la reunión de un grupo de disidentes e incitar a protestas.

Conviene, además, repasar el alegato que sobre los hechos realizó Paul McKenna, abogado de Gerardo Hernández, durante el juicio contra este en Miami. «Aquel día ellos [Basulto y HAR] llenaron un plan de vuelo y, es curioso, el gobierno mencionó que el rol de mi cliente en esto fue, de alguna manera, brindar información a los cubanos sobre cuándo volarían los aviones de HAR, la ruta aérea, tipo de avión, personas a bordo, etcétera. Damas y caballeros, ¿saben ustedes quién dio esta información a los cubanos? Fue proporcionada por el gobierno de Estados Unidos y fue cursada dos veces el 24 de febrero de 1996. Fue enviada por el control de tráfico aéreo de Miami, pues Basulto y sus aviones llenaron los planes de vuelo aquel día y todos sabían el número del avión de Basulto, n-2506, es el nombre de la brigada en que Basulto peleó en bahía de Cochinos […]. No hubo necesidad de que mi cliente hiciera algo.»

Desde el 24 de febrero de 1996 sobre La Habana se había establecido un área llamada mud-9, donde las Fuerzas Armadas Revolucionarias realizaban ejercicios militares. Para informarlo, Cuba transmitió varios Notam (notificaciones de operación) a las autoridades norteamericanas, que a su vez alertaron a las naves que partían desde su territorio, incluidos HAR.

EN AÑO DE ELECCIONES

Dos aviones de combate cubanos interceptaron a las tres avionetas dentro de las 12 millas de aguas territoriales de la isla. Dos de ellas fueron derribadas. «Sabíamos que ellos [los cubanos] iban a reaccionar», fue la respuesta de Basulto.

Se desató entonces una furiosa campaña que agudizó las agresiones norteamericanas. Su primer capítulo tuvo lugar el 12 de marzo de 1996, cuando el presidente Clinton firmó la ley Helms-Burton. Sucesivas presiones de la mafia miamense conducirían con posterioridad a acontecimientos aparentemente tan diversos como la detención de los Cinco, la incitación del tráfico de personas y la permanente persecución y entorpecimiento de las actividades comerciales cubanas en el exterior.

Dos años después el gobierno estadounidense encarceló a los Cinco, como una especie de pago al sector más reaccionario de Florida por sus servicios durante la campaña presidencial de 1996. Precisamente fue el influjo de esos comicios el que signó todas las investigaciones sobre los hechos desde el lado norteamericano.

Poco importaron las numerosas pruebas de inocencia presentadas por el equipo de abogados defensores de los cinco cubanos, ni el abundante archivo informativo que –en los propios medios de Miami– permite seguir paso a paso la verdadera historia de aquel 24 de febrero. En el caso de los Cinco, y en particular en la condena a dos cadenas perpetuas y 15 años de prisión de Hernández, influyeron más los votos electorales del sur de Florida que el espíritu de justicia y razón.

En junio de 1996 una comisión de la Organización de la Aviación Civil Internacional determinó que Cuba había actuado según los acuerdos internacionales que establecen el derecho de cada Estado a tomar medidas para prohibir el uso de aeronaves en su territorio con fines incompatibles con el Convenio de Aviación Civil Internacional. Este informe no pudo ser refrendado por el pleno de la institución debido a incumplimientos y retrasos en la entrega de la información de sus radares por parte de Estados Unidos. La institución concluyó que HAR había cometido reiteradamente graves violaciones: volar a baja altura; volar sin autorización fuera de los corredores establecidos y en zona de alta densidad poblacional; interrumpir los canales de comunicación para el control aéreo.

Cinco años más tarde, el mismo organismo, Cuba y los abogados de la defensa en el caso de los Cinco solicitaron a la NASA las imágenes satelitales de fecha y lugar de los acontecimientos para corroborar los datos de los radares de la isla. Estados Unidos nunca respondió a ese reclamo. Años después presionó a organismos internacionales y medios de prensa para imponer la versión de que el derribo había ocurrido en aguas internacionales.

(La versión original de esta nota fue publicada en setiembre de 2011 en Adelante.cu. Brecha la reproduce parcialmente con autorización de su autor.)

  1. Hernández fue coordinador de la Red Avispa, un grupo de espionaje establecido por la inteligencia cubana en Florida que funcionó entre 1990 y setiembre de 1998, cuando cinco de sus integrantes fueron detenidos por el FBI. Además de Hernández, terminaron presos Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González. En 2001 «los Cinco», como se los conocería en Cuba, fueron condenados por espionaje, conspiración y otros cargos. Hernández, Labañino y Guerrero fueron los últimos en ser liberados, en 2014. ↩︎

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