La humanidad, extinguida

La solidaridad más elemental brilla hoy por su ausencia en la India: en el caso de un accidente en la calle o en la ruta, es muy probable que el damnificado quede abandonado a su suerte, por más que haya sido detectado por la gente de la zona.

Cuando uno sufre un accidente automovilístico, lo más seguro es que algunos de los transeúntes que estén cerca acudan inmediatamente a socorrerlo, sea para brindarle ayuda de primera mano o para dar el aviso a los servicios de emergencia. Ahora bien, según reporta Preeti Ja para Bbc News, esta solidaridad elemental en la India brilla hoy por su ausencia y, en el caso de un accidente en la calle o en la ruta, es muy probable que el damnificado quede abandonado a su suerte, por más que haya sido detectado por la gente de la zona.

Se han mediatizado varios videos que atestiguan en tiempo real el sufrimiento de familias accidentadas, abandonadas a su suerte luego de que algún conductor los atropellara y se diera a la fuga. Estos videos, que dan cuenta incluso de muertes ocasionadas por la falta de asistencia, han despertado una indignación generalizada, con revuelo mediático y titulares del tipo: “Nuevo récord de apatía pública”, o “El día que la humanidad murió”.

Pero la corresponsal de la Bbc se encarga de aclarar que estas situaciones difíciles de asumir no se vienen dando por la radical ausencia de buenos samaritanos entre la población local, sino que es el resultado de décadas en que la burocracia policial y judicial fue desestimulando la natural consideración hacia las víctimas.

Piyush Tewari, militante por la seguridad en las calles, comenzó su labor a partir de su propia experiencia: hace diez años su primo de 17 años se de­sangró a un costado de la calle, luego de ser atropellado cuando volvía a su casa del colegio. Si bien mucha gente acudió a contemplar el accidente, ninguno se presentó para auxiliarlo. Tewari desde entonces se ha abocado a estudiar estas situaciones y cayó en la cuenta de que es un patrón que se repite una y otra vez, en todo el país. Creó entonces la organización SaveLife, abocada a revertir estas situaciones. En 2013 recogió en una encuesta que un 74 por ciento de los indios difícilmente prestan ayuda en estos casos. Las razones, señala, son principalmente la inoperancia policial y los engorrosos procesos judiciales: por una parte, los oficiales indios suelen culpabilizar a las personas que ofrecen su ayuda, partiendo de la base de que si lo hacen es como resultado de la culpa y que, por tanto, son en cierta medida responsables del accidente. Pero además del temor a ser implicados falsamente, existe la preocupación a quedar enmarañados como testigos en casos engorrosamente prolongados, como suelen ser los procesos judiciales indios. Para colmo, en el caso de que se ayude a las víctimas a ir a un hospital, estas mismas personas que las trasladaron pueden ser presionadas por los hospitales para costear los honorarios del tratamiento médico.

Desde la asociación SaveLife, Te­wari presentó en el tribunal máximo de la India una propuesta para implementar los cambios legales que den seguridad a las personas presentes en un accidente. La Corte Suprema emitió entonces una serie de directrices, que se han vuelto obligatorias desde marzo de este año. A partir de ellas los transeúntes que llamen para alertar a los servicios de emergencia sobre un accidente pueden permanecer en el anonimato, se les proporciona inmunidad penal, y se prohíbe a los hospitales que les exijan un pago a los que, estando presentes en el lugar del accidente, trasladen a los heridos a sus instalaciones.

Pero como se sabe, cuando ya se ha generalizado una idea es difícil revertirla, y el miedo a implicarse no desaparece de la noche a la mañana. Por eso India continúa siendo el país en que, en principio, los accidentados deben apañárselas para solucionar sus problemas solos.

 

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