La imagen no es nada

El derecho de imagen aparece como el puntapié inicial para dar otras batallas contra el lugar de intermediario que Tenfield monopolizó. “El derecho de imagen nos permite meternos en la pelea y defender otras cosas que son más importantes”, palabras más, palabras menos, repitieron a Brecha los jugadores. “O cambia todo o no cambia nada” resume el proceso iniciado por los celestes y continuado por los del medio local.

Derechos de imagen por Ombú.

La sucesión de hechos habla por sí sola. Primero los jugadores de la selección demostraron que el logo estampado en la camiseta celeste valía casi cinco veces más de lo que se pagaba hasta el momento. Luego intimaron a la Auf y Tenfield para que dejaran de recaudar con base en su propia imagen, y denunciaron que el contrato de televisación es desventajoso para el fútbol, mientras genera enormes ganancias a la empresa. Ahora los jugadores, tanto de la selección como del medio local, analizan demandar a Tenfield por el uso de sus imágenes con fines de lucro y sin su consentimiento expreso, según supo Brecha al cierre de esta edición.

Cuánto dinero intermedió Tenfield por los contratos vinculados al fútbol local y a la selección, cuánto aportó al fútbol y cuánto se guardó para sus arcas es el cálculo que muchos están queriendo conocer, aunque nadie logra números acabados. Los jugadores del ámbito local, en un comunicado publicado el viernes 18 de noviembre, mencionaron que “el fútbol uruguayo genera un monto anual aproximado que supera los 45 millones de dólares por concepto de televisación para abonados”, mientras “ingresan únicamente 9 millones de dólares” a la Asociación Uruguaya de Fútbol (Auf). En la misma línea se pronunció Gustavo Gómez, asesor de Cainfo y ex director nacional de Telecomunicaciones, quien luego de acceder al contrato entre la Auf y Tenfield para la trasmisión de los partidos concluyó que el acuerdo “les hace perder al menos 34 millones de dólares por año a los clubes. Si la Auf vendiera directamente los torneos que organiza, ganaría al menos cuatro veces más dinero”, informó en un artículo publicado en La Diaria, para dimensionar al menos una porción del negocio que Tenfield domina gracias al fútbol.

Parte de la dificultad para llegar a una cifra acabada radica en que existen al menos cuatro contratos con la empresa, en los que se incluyen diferentes negocios de intermediación. Uno de ellos es por la marca que lleva impresa la camiseta de la selección, que vencía en diciembre, y que terminó habilitando a la empresa de Francisco “Paco” Casal a igualar la oferta de Nike, de 24,5 millones de dólares. Otro está relacionado con los sponsors, vence a fin de año y, según dijo a Brecha Ignacio Alonso, secretario de Asuntos Económicos y Financieros de la Auf, no va a renovarse, ya que será la asociación quien gestione directamente esos ingresos a partir de 2017 (véase Brecha, 4-XI-16). El tercero refiere a los derechos de trasmisión del fútbol uruguayo, incluye entre otras cosas la publicidad y la imagen de los jugadores durante los 90 minutos de espectáculo, y en 2015 fue extendido hasta el año 2025. El cuarto contempla los derechos de imagen de los jugadores (locales y de la selección) y está vigente, aunque ahora en entredicho, hasta 2019. Los tres primeros fueron firmados entre la Auf y Tenfield, y el último entre la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales y la misma empresa.

El alcance de este último contrato referido a los derechos de imagen no está nada claro, y en la nebulosa han confluido diferentes prácticas. Para Fernando Kanapkis, tesorero de la mutual, ese contrato fue una “bondad” de Tenfield, porque implicó 225 mil dólares anuales, pese a que esos mismos derechos ya estaban consagrados en el contrato de televisación que la empresa tenía con la Auf. Sin embargo, Ignacio Alonso contó que en 2003 la asociación “se negó a firmar cediendo derechos de imagen que no fueran los propios”, por considerar que esos derechos “no son cedibles sin el consentimiento del propio actor”. Por eso en 2007 la mutual asumió el tema, al firmar su contrato con Tenfield.

Y en la práctica, un ejemplo de la interpretación que la empresa dio al contrato pudo verse en la publicidad de cerveza que protagonizó durante el mundial de Sudáfrica, sin saberlo, Diego Forlán. Ese año Forlán fue distinguido por ser el mejor jugador del campeonato del mundo, un pie que bien cotizaba en metal dorado, y la Auf “recibió dinero (por esa publicidad), muy poco, pero recibió”, según fuentes de Brecha. Kanapkis afirmó que ese fue un tema que el ex 10 de la selección solucionó hablando directamente con Tenfield, “como se debe hacer, yendo a la fuente del problema. Ahora, tomar de rehén a todo un organismo para obtener ventajas propias, ya ahí no están haciendo las cosas como gremialistas”, opinó. Sin embargo, los jugadores desmienten esos dos aspectos: primero, porque la empresa nunca escuchó sus reclamos, y segundo, porque los jugadores que pertenecen a clubes extranjeros no están comprendidos en la mutual.

De hecho, los jugadores de la selección ya tenían preparada una demanda en la previa del mundial en Brasil en 2014 por este tema, según contó Diego Lugano al programa No toquen nada, pero luego pospusieron la acción legal. “Es el momento en el que los jugadores tenemos que tomar la bandera de sacudir el ambiente”, planteó el ex capitán de la selección y dijo, en alusión a sus pares del fútbol local, que “tal vez no sepan cuánto valen sus derechos de imagen, pero sí saben que valen más de lo que reciben”.

EN EL TÚNEL. Tras la intimación de los jugadores de la selección a la empresa, el alcance del contrato entre la mutual y Tenfield también quedó en entredicho respecto a los jugadores del medio local, que hoy ensayan una autocrítica y plantean que hasta el año pasado lo ratificaban en votación a mano alzada, sin tener suficiente información de lo que significaba. De hecho, hace unas semanas circuló por algunos clubes una hoja en la que cada jugador debía anotar su nombre y número de cédula, además de firmar. El papel era una desprolija aunque no improvisada cesión de los derechos de imagen, que no establecía plazos ni el uso que se le daría a las imágenes. Fue distribuida entre algunos planteles luego de que los jugadores de la selección intimaran a Tenfield y la Auf “para que cesen, de forma inmediata, de usar y explotar de forma ilegítima nuestra imagen, haciendo expresa reserva de nuestros derechos”, y antes de que los del medio local se plegaran al reclamo. Según supo Brecha, esa es una práctica relativamente habitual, o al menos no es la primera vez que se aplica. Kanapkis reconoció que los contratos se distribuyeron en algunos clubes y dijo que “de repente se estaba haciendo para que no pasara lo que va a pasar ahora”.

“Siempre me cuestioné por qué el fútbol uruguayo estaba tan pobre, cuando realmente está posicionado a nivel mundial en los primeros puestos”, por qué tenía “problemas de gestión y sueldos sin pagar. A partir del primer comunicado de la selección se me abrieron un poco los ojos”, dijo a Brecha el lateral de Boston River, Matías Pérez.

“Empezamos a compartir inquietudes entre los capitanes de cada club y lo que nos impulsó fue el comunicado de la selección. Algunos despertamos, tuvimos acceso a algunos jugadores de la selección y ellos nos propusieron juntarnos y asesorarnos. Esto empezó hace dos meses y fue una bola de nieve”, relató el delantero y capitán de Villa Española, Santiago “Bigote” López.

“Nos juntamos con los jugadores de la selección, después ampliamos a los referentes de los equipos, luego a todos los planteles, hasta que el jueves 17 de noviembre nos reunimos con la mutual. El comunicado iba a salir igual, con el apoyo o sin el apoyo de la directiva”, contó el arquero de Danubio, Michael Etulain.

Pese a que se consiguió el aval, las señales desde la cúpula de la mutual parecen contradictorias. En principio la directiva citó a los capitanes de los clubes para participar de una reunión el lunes 21, “a la mañana nos recordaron que era una reunión urgente y al mediodía la cancelaron. Los chicos de Cerro Largo estaban en ruta viniendo y les informaron que no se hacía”, dijo Etulain. Luego les plantearon que formaran una comisión de cinco o seis jugadores, para la que no se aclararon los objetivos. De todas formas, la suerte se jugará en la asamblea general del 6 de diciembre, en la que, entre otros temas, los nucleados en la mutual resolverán qué postura tomarán respecto al contrato. Las dos posibilidades que se barajan, según supo Brecha, es renegociar el contrato o darlo por rescindido. Kanapkis sostuvo que “si en la próxima asamblea se resuelve rever, haremos eso”.

“El contrato es para acallarnos, no es serio. Nosotros queremos que el contrato de la mutual (de derechos de imagen) quede trunco y que el de la Auf (de televisación) se renegocie por un monto acorde a lo que gana Tenfield”, planteó López, y agregó: “No le tenemos miedo a los paros. Todos tenemos laburos ficticios, la mayoría no cobra y los que cobran reciben migajas. Entonces tampoco es que arriesguemos tanto, seguramente el que arriesga más es el empresario”.

El sábado 19 de noviembre, en el programa Deportivo Uruguay de Radio Uruguay, el entrenador alterno de la selección uruguaya, Celso Otero, consultado sobre el comunicado de los jugadores opinó: “Creo que los futbolistas le han pasado a la dirigencia una gran responsabilidad, y los tiempos están llegando a que se revisen las cosas para tomar decisiones. Y ahí sí va a ser el peso de la historia que va a caer en las decisiones. Los futbolistas quieren incidir, como inciden en el campo, en que las cosas no sucedan y después queden como sucesos ya consumados, y tal vez no es lo más conveniente porque tienen un esfuerzo enorme en representar y luchar contra los rivales y toda la infraestructura que tienen los rivales. Porque el fútbol no queda sówlo en los 90 minutos de juego, y pobre de aquel que piense que ahí se resuelve todo”. Los jugadores se pusieron otra camiseta para disputar, también, afuera de la cancha.

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