La nueva llama – Brecha digital
Cucú Rapé y María Viola

La nueva llama

La próxima semana, la banda Cucú Rapé y la cantante y compositora María Viola presentarán sus nuevos discos: La penúltima y Guarida, respectivamente. Estos lanzamientos continúan sumando comprobaciones a la afirmación, cada vez más consistente, de que nos encontramos en un momento efervescente de la música popular uruguaya.

María Viola. DIFUSIÓN

Por un tiempo, la música popular uruguaya pareció haber hecho una pausa. Es cierto que una grande, tanto artística como económicamente, sucedió el primer año y medio de pandemia. Pero también es verdad que incluso antes del covid, aunque aparecían nuevos lanzamientos, presentaciones y propuestas, parecía que no había una coyuntura musical que pudiera explicar de modo general la escena uruguaya más allá del gusto y la necesidad personales de los artistas. Esas motivaciones son muy importantes, pero para consolidar la creación de un movimiento pueden quedar cortas.

El paulatino pasaje a la nueva normalidad, caracterizado por cualquier cosa menos por un regreso a la estabilidad económica y social, fue el puntapié para que una verdadera manada de creadores musicales inventara nuevas composiciones y proyectos. Desde entonces, no hemos parado de toparnos con trabajos de gran nivel. Algunos han llegado a ser de lo mejor de los últimos años. La banda Cucú Rapé y la solista María Viola son protagonistas destacados de este nuevo episodio de efervescencia en nuestra música popular. Descubrir su nueva música resulta, entonces, una excelente idea.

LA HISTORIA DETRÁS DEL BAILE

«A diferencia de los álbumes precedentes, en los que predominaba una búsqueda experimental armónica, estructural y tímbrica, las nuevas canciones giran en torno a un planteo rítmico basado en el candombe y en otros géneros americanos de raíz afro.» Así describió Cucú Rapé su tercer y más reciente álbum, La penúltima, a comienzos de diciembre de 2021.1 El resumen es bueno, pero, aun así, no dice todo lo que el disco tiene para ofrecer.

Para empezar, se trata de una música de ensamble sin solistas. Se forma un contrapunto rítmico y melódico en el que cada parte se sostiene por la interacción con las demás. Esto es a tal punto que, cuando algún instrumento se despega mínimamente –por ejemplo, en alguno de los poquitos y efímeros solos que hay–, atrapa mucho la atención y desestabiliza el relato, que parece avanzar sin freno. La forma en que la banda lleva a cabo esta técnica remite a las músicas que nombran como influencia y, combinada con cierto toque lúdico y bailable, nos recuerda el repertorio de Mariana Ingold y Osvaldo Fattoruso en los noventa. O también, y sobre todo gracias a la conducción de la guitarra eléctrica, a sonidos como el de Tótem y Santana.

Hay una búsqueda experimental tanto en el sonido como en las letras, pero lo interesante es que no se evidencia en la superficie. En eso, Cucú Rapé responde a un aspecto que suele encontrarse en los músicos que pertenecen al colectivo Degeneraciones, del cual la banda forma parte: el intento de que todo resulte accesible, pero que, a la vez, incluya riesgos y extrañezas, como si existiera un subtexto en el que se transmitiera algo diferente, algo más. Esto, sin duda, va de la mano con el compromiso político que se traduce en esas elecciones estéticas. Un claro ejemplo es la canción «Perdiste la memoria», en la que la melodía hecha por el piano aparenta llevarnos de la mano cuando, en realidad, lo que está conduciendo el tema es el riff de la guitarra, que se va estirando por detrás. Esto también se logra gracias a los cambios métricos de las secciones, porque la complejidad no se da tanto en cada una de ellas, sino en el pasaje de una a la otra y en la sensación de inestabilidad que estas transiciones causan en quien escucha.

El mensaje de las letras tampoco parece muy obvio, sobre todo porque siempre están diciendo varias cosas a la vez: lo que entendemos de manera inmediata, un doble sentido que subyace y un tercer contenido que se manifiesta en la expresión rítmica. Podemos verlo en el tema «Homenaje», en frases como: «Le baila un ojo cuando calculá/ Parece un loco perdidó/ Pero si canta en español antiguo/ Rosina babeá, Julieta suspirá». Los fonemas y la combinación de palabras, la acentuación de las sílabas y la pronunciación hacen que las frases se integren con la música y multipliquen sus significados. De todos modos, uno se pregunta qué están diciendo, si se trata simplemente de historias con personajes y quehaceres del cotidiano, en un estilo teatral realista, o si se trata de símbolos que buscan remitirnos a otra cosa: «Puro tupé destapó/ Viene apretando el calor/ Baila pesado el timbó/ Sube cargado al cordón».

Cucú Rapé. DIFUSIÓN

MOVIMIENTO DESDE LA CERCANÍA

Viola está por la vuelta ya desde hace un tiempo. Tal vez su proyecto más conocido es Maleza, banda que lideraba como cantante y chelista. De a poco fue utilizando cada vez más la guitarra y en Guarida, su primer disco solista, es el principal y único instrumento junto con la voz.2 Su música tiene una sonoridad muy cercana, como si la estuviéramos escuchando al aire libre, y causa así una sensación de calma convivencia. Las letras hacen mucha referencia a la naturaleza y al tiempo como infinitud. La tendencia al misticismo, si bien puede entenderse como el punto más flojo del proyecto, aporta lo suyo para que se produzca un estado de suma intimidad. También lo instrumental ayuda mucho, con algunas percusiones pequeñas, varios juegos de voces, el contrabajo y la guitarra eléctrica de Manuel Rey, que va por la línea de guitarristas como Bill Frisell y Jakob Bro. Por todo esto, además de por varias colaboraciones que Viola ha hecho con ambas bandas, es inevitable asociar su trabajo con el de Animales de Poder y Mansalva.

Los temas están estructurados de manera muy parecida entre sí, en tanto que empiezan y son desarrollados por la guitarra y la voz de Viola, mientras el resto de los instrumentos aparecen posteriormente, con diferentes entradas y salidas a lo largo de las canciones. Dicho de otra manera, los otros instrumentos están subordinados a la guitarra y a la voz, y esto no porque se hayan compuesto primero esos dos elementos, sino por cómo se construyen los arreglos y qué lugar ocupa cada línea. Incluso la guitarra eléctrica: por más que haga siempre melodías que se sostienen bastante por sí solas, funcionan siempre como respuesta a esa primera semilla. Si lo describiéramos de forma visual, sería como un abanico que se abre y se pliega.

Las bases están construidas a partir de arpegios de la guitarra de Viola de manera casi constante e inmutable. No hay un discurso específicamente rítmico, pero tenemos la sensación de que algo avanza. Es una música cuyo relato se concentra en lo melódico-armónico y en lo ambiental. Incluso en el tema «Lejanía», en el que el ritmo aparece un poco más en primer plano y se torna bailable, parecería que el objetivo es más bien evocar un desplazamiento físico, como un vehículo que avanza, como un viaje en la ruta. De alguna manera, debido a esa especie de estatismo en movimiento, el ritmo adopta un carácter de interés tímbrico y nos llama la atención sobre el desarrollo melódico y armónico de cada canción.

1. Cucú Rapé presentará La penúltima el martes 28 de junio en el Auditorio Adela Reta. El disco se puede escuchar en Spotify y Youtube.

2. María Viola presentará Guarida el viernes 1 de julio en la Sala Lazaroff. El disco se puede escuchar en Spotify, Bandcamp y Youtube.

Artículos relacionados

Despedida de Joan Manuel Serrat

El canto del cisne

Cultura Suscriptores
Pablo Milanés (1943-2022)

Todas sus vidas

Cultura Suscriptores
Sylvia Meyer, el reencuentro

Una lejanía cercana

Cultura Suscriptores
Sylvia Meyer, música y teatro

La vuelta a las tablas