La ronda de los pañuelos verdes - Brecha digital

La ronda de los pañuelos verdes

Aborto en Argentina.

Foto: Afp, Osvaldo Fantom

La despenalización del aborto divide prácticamente a todas las fuerzas políticas en Argentina. El reclamo social por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito, cuyo símbolo es una tela rectangular verde, llegó al Congreso y allí logró conseguir un respaldo variopinto.

El reclamo social por el aborto legal se instaló en el parlamento argentino. El presidente, Mauricio Macri, levantó la veda tácita para debatir el derecho al aborto en el Congreso, un paso inesperado para una administración emparentada con la curia católica conservadora y bastante sexista; sólo dos ministras integran el gobierno de Macri, quien cuando era jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires declaró: “En el fondo, a todas las mujeres les gusta escuchar ‘qué lindo culo que tenés’”.

En el Congreso nacional argentino se discuten actualmente varios proyectos de ley sobre el aborto, pero uno de ellos ha conseguido un gran respaldo en la Cámara de Diputados. Este propone establecer “el derecho a decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras 14 semanas” para “todas las mujeres”, que el plazo máximo para concretar un aborto desde que una mujer lo pide sea de cinco días y que una mujer pueda abortar siempre y en cualquier momento del embarazo si este es producto de una violación, si corre el riesgo de morir o si el feto tiene malformaciones que le impiden sobrevivir fuera del útero. También propone derogar los artículos del código penal que prohíben el aborto y estipulan penas de prisión a las mujeres que se lo provocan a sí mismas y a los profesionales que lo practican con su consentimiento. Además, el proyecto de ley les atribuye explícitamente a los varones trans el mismo derecho a abortar.

Dicho proyecto a favor de una interrupción legal, segura y gratuita del embarazo rompe los moldes binarios de la denominada grieta argentina: la exigua ala liberal de Cambiemos, buena parte del kirch-
nerismo y toda la izquierda han convergido contra los movimientos sociales cercanos al papa Francisco, el peronismo federal y el propio oficialismo.

CON AUTORIZACIÓN DEL PRESIDENTE. En la inauguración del período de sesiones ordinarias de la Asamblea Legislativa, el 1 de marzo, Macri, el primer presidente electo proveniente de una fuerza no tradicional y conservadora, realizó una osada doble promesa: no interferir en el debate parlamentario sobre el derecho al aborto y, tal como refrendó el domingo pasado en un programa televisivo, tampoco vetar una ley sobre ese asunto, en caso de ser aprobada por el Congreso.

El “feminista menos pensado”, así calificó Diego Genoud al presidente en el portal Letra P. “El relato oficial dice que la decisión se tomó el jueves 22 de febrero, en Casa Rosada, cuando Marcos Peña (el jefe de gabinete de Macri) recibió a los jefes parlamentarios de Cambiemos. No fue una orden de Peña ni una recomendación de Durán Barba (el jefe de campaña de Cambiemos), apuntó Genoud. Para este periodista, el propio presidente hizo la convocatoria. “Hasta Nicolás Massot, férreo militante de la tradición más conservadora, consideró conveniente llevar a discutir el tema. Así, el gobierno recupera la iniciativa con temas muy vigentes de la demanda social, deja a su antecesora y al papa Francisco en el lugar de lo viejo, desarma la grieta, elude la confrontación ideológica para plantear una agenda de futuro”, analizó.

¿Es Macri, al desistir de aplicar su veto sobre un tema que hiere la sensibilidad del catolicismo, el laicista menos pensado?

“No lo creo”, afirmó a Brecha Sol Prieto, autora del libro El fin del mundo: el fenómeno del papa Francisco desde la sociología. Para esta becaria doctoral del Conicet la presidencia de Macri tiene varios rasgos de complementariedad con la Iglesia Católica; entre ellos, “mucha presencia de cuadros católicos en las carteras educativas”. Además, señaló, Cambiemos recluta funcionarios y cuadros políticos en círculos afines o cercanos al mundo católico.

AGRIETADOS. Iván Petrella, referente en su momento de la Fundación Pensar –la gran usina de ideas que proveyó a Cambiemos de cuadros técnicos– y actual asesor del Ejecutivo argentino, no tiene ningún denominador común político y social con la diputada nacional feminista Mayra Mendoza, la mayor referente femenina de la agrupación kirchnerista La Cámpora. Salvo que ambos pueden llegar a lucir, a contramano de los líderes de sus espacios políticos –Mauricio Macri, quien hoy se muestra ambiguo pero siempre se opuso a la despenalización del aborto, y la ex jefa de Estado Cristina Fernández– la prenda ícono que identifica a las personas contrarias al oscurantismo antiabortista: un pequeño pañuelo verde con las consignas históricas de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Libre, Seguro y Gratuito.

“El aborto hoy en Argentina es la primera causa de mortalidad, morbilidad y enfermedad materna. Según cifras del Ministerio de Salud en nuestro país se realizan entre 370 y 522 mil interrupciones de embarazos por año. Está estudiado que por día entran 135 mujeres a hospitales públicos del país por problemas relacionados con abortos. Discutir este tema desde una mirada religiosa o con anteojeras ideológicas es un callejón sin salida. Un ejemplo, hay distintas religiones que no permiten la transfusión de sangre. ¿Qué haríamos, entonces, para salvar a la gente que necesita un tratamiento médico que requiere dicha transfusión? Tenemos que pensar en las mujeres que se están muriendo y necesitan acceder al sistema de salud. En los países más desarrollados el aborto es legal, y Uruguay es uno de ellos, han casi erradicado la mortalidad materna”, enfatizó Mayra Mendoza a Brecha en un salón parlamentario el día que la campaña nacional refrendó en la calle el proyecto de ley. Consultado por Brecha, Petrella destacó que el respaldo al aborto legal de parte de un pequeño sector del oficialismo no quiere decir que las relaciones entre el gobierno y el Vaticano sean malas, ni que haya sido una movida de Macri para alejarse de él: “El gobierno tiene una relación muy sólida con el Vaticano y de consulta constante. Un ejemplo de eso es el diálogo fluido –más allá de que hay conflictos– que tenemos con las organizaciones sociales. Somos el primer gobierno en haber realizado un censo federal de las villas de emergencia, que era uno de los pedidos del papa Francisco porque sin información estadística no es posible que las políticas públicas lleguen a los sectores más vulnerables”, aseguró.

Para Petrella, “el aborto siempre tiene un elemento de tragedia, eso es innegable. Pero, hay un componente mucho más dramático en el ejercicio del aborto clandestino en Argentina; entonces, defiendo la ley porque estimo necesario proteger con las mejores políticas públicas, particularmente, a las mujeres pobres”. “No creo que el derecho al aborto ahonde la grieta entre el mundo religioso y el mundo secular. Para las religiones el aborto no siempre es equiparable a un asesinato: en el catolicismo recién en 1869 se consideró que el derecho a la vida arranca desde la concepción, en el judaísmo ortodoxo hay diferentes interpretaciones sobre en qué momento comienza la vida, lo mismo sucede en las múltiples escuelas jurídicas presentes en el Islam”, afirmó este asesor del gobierno.

Mendoza señaló que uno de los aspectos destacables del proyecto de ley es “que tanto el sector público de salud como las obras sociales y entidades de medicina prepaga deberán incorporar como prestaciones médicas básicas obligatorias a sus afiliadas la cobertura integral de la interrupción legal del embarazo”. Otro es que en caso de abortos de embarazos producto de violación la mujer sólo tiene que “presentar el requerimiento y la declaración jurada ante el médico”.

COMPLICACIÓN EN EL SENADO. El proyecto de ley que hoy cuenta con el respaldo de 72 diputados de todos los colores políticos, incluso de la fuerza oficialista de derecha, Cambiemos, fue presentado en el Congreso por un póquer de diputadas provenientes de cuatro espacios políticos: Victoria Donda (Libres del Sur, centroizquierda), Brenda Austin (radicalismo), Mónica Macha (kirchnerismo) y Romina del Plá (Frente de Izquierda). Los cronistas parlamentarios coinciden en estimar que hay paridad de fuerzas en Diputados entre aquellos que se muestran a favor y en contra del derecho al aborto. En el Senado el panorama es muy distinto: en esa cámara la representación tiende a ser más conservadora, por lo que es difícil imaginar que se concrete la aprobación de dicho proyecto de ley. El martes pasado, comenzó a ser tratado en un plenario de comisiones, donde se consensuó que durante tres meses la Comisión de Legislación General recogerá la opinión de especialistas sanitarios, legales y de referentes sociales, ya sea de colectivos “provida” o feministas.

La votación definitiva de la propuesta en el pleno de la cámara tendría lugar a inicios de junio. Mientras tanto, los sondeos muestran que la ciudadanía respalda mayoritariamente la despenalización del aborto. Una encuesta realizada por el capítulo argentino de Amnistía Internacional precisó, el lunes pasado, que un “59 por ciento de los argentinos” concuerda con los postulados de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Libre, Seguro y Gratuito.

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