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Mercedes Sosa, a diez años de su muerte.

La voz del rostro indio

Es difícil dar una idea de la dimensión de lo que su figura imponía. Su rostro, por momentos, era totémico, parecía tallado en roca o madera. Casi impasible a las grietas del tiempo, la Negra Sosa esbozaba una gestualidad que parecía atrapada entre la risa y el llanto. Y su voz, ambigua y profunda, fue música de fondo para la historia de un continente.

Foto: Nancy Urrutia

Desde los inicios
de su carrera profesional se destacaba su emisión vocal, firme y segura. Era
capaz tanto de sostener un hilo en vibrato, casi al borde del murmullo, como de
desplegar una potencia torácica capaz de cambiar el ritmo cardíaco de quien
tenía enfrente. Ubicada en el rango vocal central‑grave, la voz de Mercedes
tenía una colocación sumamente espontánea e intuitiva. A eso le sumaba el
dominio de un flujo sonoro, muy homogéneo y parejo, que habitualmente se
denomina “legato”, una cualidad excepcional en cantantes que no han tenido una
educación académica o de conservatorio. Otro de sus atributos era la gran
musicalidad que ponía al servicio de sus interpretaciones: poseía un absoluto
dominio del sentido rítmico, de la ubicación temporal en el discurso melódico y
del manejo de ...

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