Sobre el posible ingreso de una nube de langostas a Uruguay.

Las invasiones bárbaras

Están pegando la vuelta: la ola polar las ahuyenta. Pero siguen a 150 quilómetros de Bella Unión y, con condiciones climáticas favorables, podrían llegar a Uruguay en apenas un día. En esta nota se ensaya un perfil actual e histórico de la vida de estas langostas, que arrasaron con todo a mitad del siglo pasado, mientras se las intentaba combatir con cebos (demasiado) tóxicos, caceroleos y lanzallamas.

Foto: Piqsels

 “Esta plaga ya recorrió más de 1.000 quilómetros en un mes”, relató el ingeniero agrónomo Héctor Medina, coordinador del Programa Nacional de Langostas y Tucuras del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), organismo que depende del Ministerio de Agroindustrias de Argentina. La manga viene volando desde Paraguay. El año pasado sucedió algo parecido, dijo, con la diferencia de que entonces entraron ocho mangas y esta vez sólo una.

Ingresaron muy al este del país, en las provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe y, finalmente, entraron a Corrientes luego de 73 años: “Veníamos con problemas de langostas desde 2015, pero siempre en otras partes del país. E incluso en Bolivia y Paraguay. Pero este año avanzaron hasta Corrientes, y esa es la novedad”. Llevan casi 15 días moviéndose en esa provincia, explicó Medina. Agregó que la manga llegó a estar muy cerca de la frontera con Brasil y a unos 130 quilómetros de Uruguay: “Ahora retrocedió un poquito y nuevamente está más cerca del río Paraná, más cerca de Santa Fe. Del punto en el que estaba, más cercano a la frontera o al río Uruguay, retrocedió unos 50 quilómetros para el oeste”.

Por decir fútbol

El clima influye en varios aspectos, explicó el experto, uno de ellos es que viene favoreciendo el desarrollo de la plaga: “La explosión poblacional que tenemos ahora arrancó en 2015 y se asocia a condiciones de temperatura y precipitaciones, sobre todo a las que se están dando en invierno”. Esta nube de insectos adultos se traslada en forma conjunta; primero tienen una fase solitaria y luego una gregaria. Y la claves del desplazamiento también dependen del clima: estas son el viento (“su dirección indica hacia dónde se van a mover; su intensidad, cuánto”) y la temperatura.

Si en la región fronteriza continúa el clima frío, el desplazamiento es lento o quizás no se muevan. Fue lo que pasó esta semana, dijo Medina. Pero luego advirtió: “Si hay un día que levanta mucha temperatura, con viento a favor se pueden mover hasta 150 quilómetros en un día. Por eso hay que monitorear y seguir la evolución casi minuto a minuto”. Para que puedan volar, la temperatura tiene que estar por encima de los 20 grados, aunque si el día está soleado y tiene poca nubosidad, 18 o 16 grados les alcanzan para algunos vuelos cortos.

¿Qué tan probable es que crucen a Uruguay? Estos días es probable que no, pero la situación evoluciona día a día, respondió Medina. “Hoy están a unos 150 quilómetros de Bella Unión. Si no lográramos controlar la manga, y de acá a algunos días tuviéramos temperaturas altas y el viento ayudara, podría moverse hacía ahí. La idea es controlarla, para que no siga avanzando con el tamaño tan grande que tiene en este momento”, resumió.

La nube de insectos que sobrevuela Argentina tiene un tamaño de al menos 10 quilómetros cuadrados y puede alcanzar los 15. “Ataca todo lo que encuentra. No deja nada: se come hasta las cortinas de una casa. El daño es devastador”, explicó sobre la voracidad de las langostas la entomóloga uruguaya Stella Zerbino, que en estos días no para de recibir llamadas de periodistas. El frío está a nuestro favor y las mantiene en pausa, festejó.Y agregó: “Si se van de Corrientes para arriba, zafaste. El tema es que si no pueden controlar la manga, no sabés qué puede pasar. Pienso que el problema mayor no va a ser este año, sino el que viene, porque están demasiado cerca. Es una hipótesis personal”.

Escena en una ciudad del interior de Argentina durante la invasión de langostas a mediados del s XX / Foto: Archivo de la Nación Argentina

LOS MÉTODOS DE COMBATE. En Uruguay la gran y última invasión de langostas, la que recuerdan nuestros padres y abuelos, fue la de 1946 y 1947. En ese entonces valían desde los caceroleos –para ahuyentarlas– hasta los cebos tóxicos –para liquidarlas– (ver recuadro “Hasta con lanzallamas”). Hoy para controlar la plaga dependemos mucho de lo que hagan nuestros vecinos argentinos. El Senasa trabaja durante todo el año con una metodología de “manejo preventivo”: para evitar que se formen las mangas hace monitoreos continuos en gran parte del país y controles tempranos (que consisten en fumigaciones aéreas o terrestres) cuando aparecen los focos, con el fin de evitar que crezca la población y se traslade, como está pasando hoy, contó Medina.

“Controlar una manga de langostas es algo supercomplejo, porque se mueven, a veces se paran dentro de un pueblo o una ciudad, se pueden parar cerca de un curso de agua o en áreas protegidas, y entonces no se puede hacer un control. Además, no siempre tenemos la ubicación exacta: a veces están en áreas de montes a las que ni siquiera tenemos acceso. Los controles son tan complejos como necesarios”, explicó Medina. Contó que el Senasa ha elaborado un manual que tiene en cuenta todos estos recaudos. Entre ellos, los métodos y los productos permitidos en estos controles químicos y los que no, según estén amparados legalmente en el país y, a su vez, en cada provincia. “Se usa sólo una serie de productos autorizados por el Senasa, considerando el cuidado del medioambiente y la salud de las personas y los animales. Algunos productores ya han hecho algunos controles terrestres. La provincia de Corrientes tiene un avión; se hizo un control aéreo hace algunos días y se está planeado otro para esta semana”, informó.

Por decir fútbol

El insecticida fipronil es uno de los productos autorizados en Argentina, dijo Medina, pero sólo para algunos casos puntuales: no se puede usar para el control aéreo ni para la cobertura total. Solamente se usa en cultivos, pasturas o pastizales para controlar los bordes. “Tenemos en cuenta que el fipronil tiene un fuerte impacto, sobre todo en las abejas”, advirtió. En Uruguay este insecticida está prohibido desde 2009. Lo recordamos precisamente porque ese año mató miles de colmenas en Flores y la escena se repitió en el litoral del país en 2017.

Medina reconoce el dilema que suponen los controles químicos en la proximidad de las fronteras. “Sobre qué usar y qué no, el mensaje que bajamos nosotros hacia los productores es: el que tiene la voz oficial y la autoridad de aplicación es el Senasa de cada país. Las recomendaciones de qué aplicar y qué no van a tener que salir de ahí”, concluyó. En ese sentido, precisamente, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca realizó una conferencia de prensa el martes de la semana pasada, en la que el ministro Carlos María Uriarte indicó que sólo habrá recomendaciones oficiales si la plaga ingresa al país –lo que consideran poco probable de acuerdo con los pronósticos climáticos que manejan– y llamó a los productores a denunciar avistamientos y a no intentar combatir las langostas con agroquímicos que puedan provocar daños mayores en el ambiente y la salud.

UN MUNDO CALIENTE. “Tanto el calentamiento global como la pérdida de enemigos naturales (principalmente las aves) son factores que parecen incidir en la proliferación de las langostas y en que esto pueda ser un problema en el futuro”, explicó a Brecha el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina. “Un invierno sin frío este año sería catastrófico y una señal más de la gravedad de estos tiempos”, escribió la semana pasada en una columna sobre el regreso de la langosta.1 El cambio climático parece estar incidiendo en que este sea un problema cada vez más global. “La semana pasada las langostas invadieron Nueva Delhi, India. Es un fenómeno que abarca desde Kenia hasta Australia y ahora aparece acá. Parece haber causas globales para este resurgimiento de algo que hacía décadas que no era un problema grave en la agricultura”, agregó.

“Mucha gente suele relacionar las langostas con el cambio climático y el corrimiento de la frontera agrícola”, observó Medina. Sin embargo, recordó que “la langosta es una plaga histórica en el mundo, incluidos Argentina, Uruguay y Brasil”. Durante las décadas del 30 y el 40 nadie hablaba de calentamiento global y la plaga de langostas invadió gran parte de Sudamérica, añadió. Pero también acepta que la superpoblación de langostas en nuestro continente está asociada a lo que pasa en los inviernos. En este sentido, “sí podría incidir el cambio climático, porque con una mayor temperatura podrían desarrollarse de mejor manera”. No es casual que desde 2014 haya explosiones de langostas en distintas partes del mundo, explicó. “La noticias de lo que está pasando ahora en África, Asia, India y Pakistán son muy parecidas a las de Sudamérica. Hacía 70 años que no tenían brotes tan importantes. Debería haber alguna explicación. Una de las hipótesis es precisamente la incidencia del cambio climático”, concluyó. n

1.   Véase “La preocupante señal que implica el regreso de la langosta”, El Observador, 27-V-20.

Hasta con lanzallamas

En Uruguay, el primer reporte científico sobre la plaga es de 1906-1907, recordó en el diálogo con Brecha la entomóloga Stella Zerbino, quien ha estudiado a fondo las invasiones de langostas y tucuras (saltamontes) en nuestro país. Para seguir la historia y hablar de “los años de la langosta”, citó como referencia constante al uruguayo Agustín Trujillo Peluffo, el entomólogo con más trabajos en la biología y la enseñanza de estos insectos.

A principios del siglo los métodos de control no eran muy sofisticados: consistían en ahuyentarlas con caceroleos, arrearlas con chapones o quemarlas, recordó la ingeniera agrónoma, quien se retiró del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (Inia) hace cuatro años. Sin embargo, agregó, en 1913 Uruguay se volvió un referente del tema en la región y fue la sede de las primeras reuniones internacionales sobre langostas.

Más tarde, entre 1932 y 1933, comenzaron las primeras experiencias de control biológico y las pruebas con cebos tóxicos. Uruguay tuvo un reconocimiento por eso y fue bastante protagonista en el tema. Este néctar engañador de insectos se preparaba con afrecho, afrechillo, azúcar, melaza, agua y “un producto muy tóxico”, tanto que hasta el día de hoy Zerbino se niega a mencionarlo en sus investigaciones, “porque no da”. Se utilizaban 40 quilos de esta mezcla por hectárea, distribuida en bandas de 15 a 20 metros de extensión, agregó.

Como dato anecdótico Zerbino contó que el departamento de Colonia nunca padeció la plaga. Trajo de nuevo a Trujillo Peluffo para recordar que los departamentos más castigados por las invasiones normalmente eran Artigas, Salto y Paysandú, “que es por donde entraban y por donde se estima que podrían entrar ahora”. Después bajaban y rara vez llegaban a Montevideo. Sin embargo, en 1933 lograron llegar a La Estanzuela, la estación experimental del Inia en Colonia. Ese año se recogieron 5 mil metros cúbicos de langostas. Fue entonces que se creó la Dirección General y de Contralor de la Lucha contra la Langosta, a cargo del Ministerio de Defensa Nacional.

En los años posteriores se ensayaron diversos procedimientos físicos, químicos y mecánicos para combatir la plaga; entre ellos, fuego y soluciones jabonosas con querosene. Según Zerbino, en 1937 se empezó a hacer ensayos de cebos tóxicos con el químico dinitro-o-cresol en La Estanzuela y unanueva ley autorizó el empleo de lanzallamas (Uruguay se dedicó incluso a fabricarlos años más tarde).

Roles de género

Las últimas grandes invasiones de langostas ocurrieron en 1946 y 1947. En 1946 se aprobó la ley 10.754, dedicada al combate de la plaga, que creó el Servicio de Lucha contra la Langosta, que, a diferencia del organismo antecesor, dependía del Ministerio de Ganadería. El texto de esta norma no tiene desperdicio.

El artículo 23 hacía un llamado a los varones del país a participar en la lucha contra la plaga, declaraba obligatoria “la cooperación personal de los propietarios, arrendatarios u ocupantes de los predios invadidos y de los próximos a los mismos, así como la del personal de trabajo de dichos predios”, e imponía la misma obligación a “los habitantes varones de la república, tanto nacionales como extranjeros, de 17 a 50 años de edad, que habiten la zona o zonas invadidas o amenazadas”.

El siguiente artículo obligaba a poner a disposición de la causa “los elementos que posean y se consideren de empleo útil para la extinción (animales de trabajo, vehículos, implementos, etcétera)” y precisaba que los vecinos de las zonas intervenidas tenían el deber de “permitir el tránsito y ocupación temporaria de los predios, y dar alojamiento en galpones, depósitos, trojes, etcétera”, aunque también preveía una “adecuada compensación de los deterioros y daños” de los elementos empleados.

La ley también convocaba a las mujeres, pero con un énfasis y un objetivo distintos: “Se requiere la cooperación voluntaria de las mujeres de los predios invadidos, para ocupar las de menesteres de su sexo (preparación de comidas, etcétera)”.

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