Las maniobras del momento

Tres obras en cartel: “Arlequino, servidor de dos patrones”, “Bonyur Tailandia” y “Rotos de amor”.

Arlequino, servidor de dos patrones (El Galpón, sala Atahualpa)

Para salvar el pellejo, hacernos de algún dinero por vía indebida o conseguir que la persona amada nos atienda, el ser humano es capaz de muchas cosas y de innumerables artilugios. Tres comedias de muy diversos tonos se encargan de ilustrar el punto.

Arlequino, servidor de dos patrones (El Galpón, sala Atahualpa), del itálico Carlo Goldoni (1707-1793), según versión de Lila González, por ésta dirigida, con un muy adecuado espíritu juguetón, revive las bromas y piruetas de la commedia dell’arte, con sus definidos personajes que, para poder sobrevivir, llegan a fingir otra identidad, con el ritmo y la gracia de una propuesta que, por encima de sus moralejas y pronta para captar espectadores de cualquier edad, irrumpe nuevamente en escena, demostrando su vigencia. El vestuario y la escenografía de Larisa Erganian, el maquillaje de Amparo Zunin y la musicalización de Franco Rilla acentúan los giros del asunto como corresponde, para que el elenco –integrado por Dulce Elina Marighetti, Paula Botana, Ricardo Romay, Dennis Fernández, los nombrados Zunín y Rilla, y los excelentes Andrés Guido y Nacho Duarte– haga de las suyas muy cerca de los concurrentes. González extrae así los mejores frutos de un texto agradecido.

Bonyur Tailandia (del Museo), del argentino Omar Lopardo, dirigida por Suka Acosta, revela que quien auxilia a un accidentado puede ser capaz de albergar muy ambiciosos planes para aprovechar la ocasión. Hasta un viaje a la exótica Tailandia podría pues aparecer en la mira de aquel que demuestra repentina solidaridad. Y como quien no corre vuela, la historia muestra, asimismo, la rapidez con la cual la propia esposa del solidario, una pareja de allegados y hasta un representante de la ley se las arreglan para entrar en los planes de sacarle partido a los cuantiosos beneficios que el auxiliado podría recibir. Con espíritu satírico, el autor arma de esta manera una comedia moralista acerca de ciertos extremos a los que el ser humano llega para satisfacer su ambición. Y, a pesar de que Lopardo se toma la licencia de pintar a sus criaturas de un solo trazo, omitiendo los matices contradictorios que quizás los hubieran hecho más creíbles, el enredo divierte de principio a fin, habida cuenta de la agilidad que la directora, a pesar de algún toque de inverosimilitud en la culminación, le imprime a un desarrollo que el sexteto de intérpretes –Carlos Sorriba, Jimena Prates, Sebastián Rebollo, Gabriela Vázquez, Marcelo Ricci y Matías Schutze– sabe aprovechar con la energía del caso.

Rotos de amor (del Centro), del argentino Rafael Bruza, con dirección de Sergio Dotta, propone un cuarteto masculino, en clave de comedia, llamado a confesar recientes desengaños amorosos. Las reflexiones de uno y el consejo de los otros los llevan a querer hablarle a la/s culpable/s de su desgracia, un trámite que, por lo general, los enfrenta a nuevos pesares. Leo Pacella, como el amigo a quien no se le entiende lo que dice; Juan Gamero, en el papel del que quiere explicar todo por las buenas; el más avasallante, Félix Correa; y Carlos Rodríguez, destilando pesimistas conclusiones, se encuentran así en una sucesión de escenas bien individualizadas en cuanto a los temas y penurias tocados, que Dotta desgrana con acertado ritmo, más allá de un discutible uso de los apagones que separan las distintas secuencias. Los cuatro comediantes y el humor, entre negro y absurdo, que surge de la reunión rinden como se esperaba.

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