Lo que no vemos, lo que nos mira

En MNAV: “Estar igual que el resto”.

Muestra Estar igual que el resto, de la artista Paula Delgado, en el Museo Nacional de Artes Visuales / Foto: Magdalena Gutiérrez

Este trabajo audiovisual de la artista uruguaya Paula Delgado Iglesias, que se inauguró en junio, estará en el Mnav hasta el 1 de setiembre. Ya desde el inicio de la muestra, su forma resulta sorprendente. Se ingresa a ella por un pasillo oscuro, mientras se oye una música en la que se destacan las intervenciones esporádicas de algunas voces que dicen frases sueltas. Al fondo del pasillo, quienes pueden ver perciben una luz tenue proveniente de la sala donde se encuentra la proyección. Es un video cuyas imágenes aparecen, alternadamente, en las tres paredes de la habitación pequeña. Al contrario de lo que muchos esperarían, estas imágenes sólo muestran siluetas borrosas o presentan alguna característica del ambiente de filmación. Es que el objeto de esta muestra, según plantea su creadora, es salir de la hipervisualidad que nos impone la actualidad para poder experimentar otras formas de percepción.

En Estar igual que el resto, Delgado Iglesias recopila fragmentos de conversaciones que tuvo con personas ciegas de nacimiento de ocho países diferentes de Latinoamérica y Europa en el transcurso de cinco años. Se escuchan voces de hombres y mujeres hablando en español, inglés y francés. Cuentan sus experiencias con las relaciones sexoafectivas, la construcción de su identidad de género y su sexualidad, su forma de vivir los estereotipos y las convenciones sociales relacionadas con lo visual y su percepción del otro y su entorno, en un mundo en el que las imágenes tienen un papel muy importante en la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y los demás. La artista, que además es economista y docente, expresó en una visita guiada que siempre exploró en sus trabajos el tema de la mirada de los demás y cómo esta influye en las personas, qué relaciones de poder encierra y qué cosas nos permite o nos prohíbe. Para ella, la instalación busca que quienes son capaces de ver se pregunten si realmente eligen, libremente, eso que eligen. Si un hombre ciego dice que, aun sin verlas, prefirió en un momento estar con mujeres rubias de ojos celestes; si hay personas ciegas que eligen iniciar relaciones con otros sólo si los demás los ven lindos o se obligan a saber cómo vestirse “bien” para que el resto no piense que por su ceguera no sabe arreglarse… Si esas ideas, que surgen del sentido de la vista, han sido impuestas incluso a quienes no tenemos ese sentido, entonces, quienes sí ven, ¿son realmente libres en sus elecciones?, ¿o han naturalizado normas culturales hasta ya no sentirlas como tales?

En el texto que presenta la instalación, su curadora, la argentina Andrea Giunta, expresa en una acertada síntesis: “Desde los años sesenta el feminismo artístico desarmó la mirada unifocal, externa y totalizadora sobre los cuerpos, en particular sobre el cuerpo femenino. Delgado Iglesias persigue dicho conocimiento cuando aspira a destronar el poder colonial de la mirada. En la trama de voces de esta instalación se propone desandar lo lineal y definitivo. La textura de la experiencia se convierte en una pregunta dirigida a nosotros mismos”. La artista es, además, militante feminista, y es en consonancia con su militancia que creó este trabajo, en el que personas que históricamente han sido consideradas asexuadas –sobre todo, las mujeres ciegas– pueden decir cómo construyen su deseo, qué es lo que disfrutan, qué les da placer. La muestra cuestiona de qué forma se percibe la realidad; aunque la forma hegemónica de percibirla es a través de los ojos, vuelve válidas esas percepciones, en las que lo visual no está presente.

Esta muestra tiene mucho valor para mí, que soy una mujer joven y ciega. Además, tuve la oportunidad de ser parte de ella. Valoro enormemente que haya un trabajo que lleve nuestras voces a personas que, de otra forma, no las habrían escuchado. Y esas voces aparecen en toda su diversidad, desterrando el prejuicio de que todos los ciegos pensamos parecido. No es ese el único prejuicio que destierra, sin embargo; también nos baja del pedestal en el que nos tiene esta sociedad, que nos considera “ángeles que ven con el alma” y nos muestra en toda nuestra humanidad, con nuestras características desagradables y nuestros condicionamientos. Estar igual que el resto abre una puerta para que la realidad se vaya ampliando en el imaginario de las personas que están dispuestas a cuestionarse sobre las relaciones de poder que mueven este mundo hipervisual, lleno de mandatos que vienen de las esferas de mayor poder económico, que siempre han dicho qué es lo bello, qué es lo deseable, cómo hay que ser para poder ser. Si más trabajos como este ampliaran la realidad, no sería ingenuo pensar que algún día, en el imaginario de quienes se proponen derribar esas relaciones de poder, vamos a caber todas las personas.

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