La poesía de Vivianne: Mary Poppins y el deshollinador - Semanario Brecha
Libros. La poesía de Vivianne

Mary Poppins y el deshollinador

Plano aberrante, de Vivianne. Editorial Club, Montevideo, 2023. 64 págs.

Vivianne no es nueva en el ambiente de la poesía. Ya conocemos su voz y su cuerpo que recita con una fuerza y un tono particulares. Ahora se nos expone para que la leamos. Su primer libro de poemas, Plano aberrante, editado por Editorial Club, se compone de 21 poemas: textos que insisten en definir no solamente la actitud poética y de vida de la escritora a través de su obra, sino también la función de la palabra y su sonido en sí. Un decir que choca continuamente con el obstáculo (con lo funcional o lo establecido) para atravesarlo y, en ese andar, apropiarse de otra experiencia.

El universo poético de Vivianne se prendió fuego. Eso es lo que grita continuamente el yo lírico de sus poemas. Tuvo que venir la palabra a juntar los restos oscuros de hollín para formar un libro. Ese yo lírico, o mejor, su voz, la palabra en sí, se metaforiza en un viajero en un auto –anticipado guiño en la tapa de la edición– o en un jugador de fútbol. Ambos, en la ruta o en la cancha, corren a una velocidad vertiginosa. Esto es creado, técnicamente, a través de la enumeración y la anáfora, que, como recursos constantes, vienen a emular la vorágine y la acumulación de estímulos o percepciones que van colándose en el cuerpo de la escritura, la voz y la propia figura del yo lírico-poeta en el juego de metatextualidad. Si oímos recitar o leer a Vivianne, eso queda expuesto aún más en el registro musical y sonoro. En el transcurso de ese autodefinirse aparece el choque o el tacle (incendio, fuego, impacto, golpe, pelotazo, y hasta muerte) como un necesario acomodador para que el ser se detenga a pensar, en una especie de resurrección. Las referencias a jugadores de fútbol como Éric Cantona o Darío Dubois manifiestan este ir contra las reglas. Vivianne es una poeta con la casaca de River, en ella siempre se mezclan fútbol y poesía. La violencia del escribir se traduce en el juego del fútbol y la escritura, como «La cancha es un canal de mensaje antifascista». Y entonces todo adquiere actitud política.

Se instaura así una poética que es creadora de una autora. No al revés. La autorreferencia directa a su persona y a su voz se percibe en varios de los textos, como en el afán de armarse y de afirmarse: un cuerpo como un animal dispuesto al choque. Es una escritura que la crea, la mata y resucita continuamente. El yo lírico se estrella contra todo y todo la estrella para atravesarla. Así, logra crearse a partir de despojos, esos huecos de balas que la ayudan a que algo filtre y resurja. Una poesía que en la oscuridad y los caminos desviados con violencia anhelan esperanza. Podemos pensar en la presencia de esa violencia como una especie de herramienta de supervivencia, como una coraza de automóvil para enfrentar la realidad. «Siempre habrá fuego en mi escudo» o «delantera de mi vida y de mi palabra», expresan dos versos de poemas diferentes.

Mujer, aunque no estereotipada en la funcionalidad, menos aún enmarcada en la configuración femenina actual rioplatense o latinoamericana. En oportunidades, más cerca de lo masculino, según lo expresado por el mismo yo lírico. Estamos más bien frente a versos escritos por una escritora maldita que a su vez pretende que la palabra la maldiga, como presenciando una importación de un Baudelaire más posmo. Entre las aguas de lo femenino y lo masculino, de lo que busca establecerse en un camino sinuoso y a toda velocidad, entre las dos orillas que no terminan de situarla, prefiere apodarse como rioplatense. En esa ambivalencia entre su ser y el otro (ya sea otra persona, una pared, un auto, la cancha o el cosmos mismo), el tiempo no rige la existencia, más bien deambula por estar drogado. Los relojes consumen sustancias y «cuentan el tiempo como quieren», dice un verso del poema «Cómo el fútbol salvó mi vida y mi apariencia deli-deportiva». «Los relojes todos mojados/ mi tiempo tomó LSD/ sin avisarme», dice el primer poema del libro, «Error en tu fibra óptica».

Como el título del libro, y la tapa que asimismo habla de toda la conjunción editorial, la palabra y la experiencia de este yo lírico se plasman y se enfocan en un plano aberrante, o plano holandés. Tanto para el yo lírico como para el lector, la realidad, ya sea por la distorsión producida por la violencia, ya sea por el consumo de las sustancias, o por el acto mismo de escribir, es una realidad que no se mueve en línea recta, menos aún de forma estable. Solamente la escritura logra, a medias, darle forma a la vida. «La verdad ya no importa porque la verdad es haber andado./ Mi capital es mi voz que por momentos es balazo./ Herida abierta./ Y sangre de la cual todos podemos tomar.»

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