Mecenas de la política - Semanario Brecha
Estados Unidos: el lobby «libertario» de los Koch

Mecenas de la política

A poco de una nueva elección estadounidense, una de las mayores corporaciones petroleras del país apuesta fuerte por los candidatos trumpistas, confiada en el apoyo de esa bancada para frenar cualquier acción contra los combustibles fósiles.

GREENPEACE

Variadas son las técnicas para la distribución de donaciones políticas. Está la del surco, que consiste en la inversión concentrada en ciertos grupos con una agenda estrecha, y está la siembra de parcela, que dispersa contribuciones para todos lados con la expectativa de cosecha sea cual sea el resultado electoral. Tradicionalmente, en Estados Unidos los grandes contribuyentes a campañas políticas y a grupos de cabildeo han optado por la siembra ancha, aunque sea despareja, pero en años recientes la polarización de los partidos –el Demócrata cada vez más «liberal», y el Republicano cada vez más «reaccionario»– ha inducido también una polarización de las contribuciones.

Así, por ejemplo, la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) –que brega en el surco específico de la tenencia de armas de fuego– hizo entre 1998 y 2020, en general, más contribuciones promedio a candidatos demócratas para la Cámara de Representantes que para los republicanos. En el ciclo electoral 2021-2022, ha donado poco más de 2 millones de dólares a candidatos republicanos y cero a los demócratas.

En cuanto al Senado, la NRA ha hecho en el mismo período, en general, más contribuciones para los republicanos que para los demócratas, con un vuelco total en 2012. En ese año los demócratas recibieron de la NRA 6,5 millones de dólares y los republicanos, 4,22 millones. Desde el ciclo electoral de 2014, las contribuciones de la NRA han sido cero para los demócratas y más de 6 millones de dólares para los republicanos en cada uno de los ciclos electorales hasta el actual.

Koch Industries, una de las mayores corporaciones estadounidenses, dedicada a la refinación de petróleo, ha tenido una evolución parecida: apoyo robusto para los republicanos y cada vez menos contribuciones para los demócratas. Por ejemplo, en 1998 el Partido Republicano se benefició con aportes de Koch de casi 1 millón de dólares y el Demócrata recibió 106.730 dólares. En 2008, cuando el candidato presidencial demócrata fue Barack Obama, los demócratas recibieron 359.510 dólares de Koch y los republicanos se beneficiaron con 2,3 millones de dólares. Desde entonces, las contribuciones de Koch al Partido Demócrata han sido insignificantes y las hechas al Partido Republicano siguieron subiendo hasta la cima de 5,29 millones en 2016; en este ciclo electoral suman unos 2,18 millones de dólares.

TRADICIÓN FAMILIAR

Charles Koch, de 86 años de edad y titular de una fortuna de 64.000 millones de dólares, es el segundo de los cuatro hijos de Fred Koch, ingeniero químico fundador de la refinadora de petróleo que luego creció para ser Koch Industries. Entre 1929 y 1932 la empresa petrolera de Koch padre y su socio Lewis Winkler, bajo un contrato con el régimen de José Stalin, instruyó a ingenieros soviéticos y cooperó en el establecimiento de 15 refinerías petroleras dentro del primer plan quinquenal. La experiencia en vivo y en directo en un período que incluyó el terror de Estado y las purgas estalinistas instiló en Fred Koch un repudio robusto al comunismo y lo hizo miembro fundador, en 1958, de la Sociedad John Birch, una organización anticomunista de Estados Unidos.

Koch padre murió en 1967 y, tras una disputa entre sus cuatro hijos, Charles pasó a ser presidente y David (fallecido en 2019), vicepresidente de Koch Industries, tras su compra, por 1.100 millones de dólares, de las cuotas accionarias de los otros dos hermanos, Frederick y William. Con Charles y su hermano David al timón, el conglomerado industrial pasó a ser la segunda empresa de propiedad privada más grande en Estados Unidos. Koch Industries incluye ahora operaciones en la refinación y la distribución de petróleo, productos químicos, energía, fibras, polímeros, minerales, fertilizantes, pulpa y papel, servicios en la nube, finanzas, ganadería, materias primas e inversiones que emplean a más de 122 mil personas en 60 países.

Al igual que otras corporaciones e individuos de gran fortuna, históricamente los Koch han hecho contribuciones a campañas políticas y grupos de presión que se alinean con sus propios intereses y el enfoque ideológico que, en Estados Unidos y crecientemente en otras partes del mundo, llaman «libertario». Aunque, como toda armazón ideológica, esta es complicada y con matices, el carozo del asunto es el repudio a la intervención estatal y las regulaciones gubernamentales que interfieran con la actividad de los individuos y sus negocios.

LOS ELEGIDOS

Aparte de sus contribuciones directas a campañas y partidos políticos, Koch Industries, al igual que otras corporaciones, hace donaciones a grupos de estudio, organizaciones sin fines de lucro, institutos y organizaciones de beneficencia pública elegidos por su afinidad con la ideología libertaria de los Koch. Entre los elegidos se cuentan el Instituto para Estudios Humanos, con sede en Arlington, Virginia, que dice promover «la enseñanza y la investigación del liberalismo clásico en la educación superior de Estados Unidos», y el Instituto Ayn Rand, con sede en Santa Ana, California (y vinculado en Latinoamérica a figuras como la conferencista guatemalteca Gloria Álvarez), que promueve el «objetivismo» que aspira a «encabezar un renacimiento cultural que revierta las tendencias antirracionales, antindividualistas, antilibertades y anticapitalismo en la cultura del presente».

Charles Koch se cuenta entre los fundadores, en 1977, del Instituto Cato, con sede en Washington DC, que se describe como «un think tank libertario estadounidense» y aboga por un papel limitado del gobierno en la política doméstica y exterior, la rebaja o la abolición de la mayoría de los impuestos, la privatización de agencias gubernamentales y la eliminación de programas como el sistema jubilatorio del seguro social y el Servicio Postal.

LOBBY CLIMÁTICO

Según la revista Bloomberg, entre 1999 y 2003 las autoridades regulatorias impusieron a Koch Industries más de 400 millones de dólares en multas y penalidades por infracciones ambientales. Ya en 1994 la ruptura de un oleoducto vertió más de 340 mil litros de petróleo crudo en un arroyo del condado Refugio, en Texas. Desde aquel momento, han ocurrido numerosos accidentes vinculados a oleoductos y gasoductos que han puesto a Koch Industries en la mira de quienes abogan por más regulaciones ambientales y la protección de ecosistemas. La empresa proclama, no obstante, que en 2015 ganó el Premio de Educación para la Conservación otorgado por el Wildlife Habitat Council y que entre 2009 y 2015 recibió 1.095 premios por seguridad, excelencia ambiental, liderazgo comunitario e innovación otorgados por agencias gubernamentales, otras empresas, organizaciones ambientales, gremios y grupos de beneficencia en todo el mundo.

En 2010, el grupo ambientalista Greenpeace publicó un informe en el que definió a Koch «como la compañía de petróleo y gas que más gasta de esa industria en el lobby político, una de las más contaminadoras, una fuente enorme de fondos para grupos que niegan el cambio climático y una fuerza mayor en la lucha contra las políticas de fuentes de energía limpias». Según Open Secrets, muchas de las contribuciones de Koch Industries se han encaminado a influir en la legislación sobre impuestos, energía convencional y nuclear, y asignaciones militares. El año pasado, estas contribuciones a organismos de lobby ascendieron a más de 12 millones de dólares. La compañía se ha opuesto a la reglamentación de los instrumentos de especulación llamados derivados financieros y los límites a la emanación de gases que contaminan la atmósfera.

De larga data

De acuerdo con el periodista financiero Christopher Leonard, autor de Kochland: The Secret History of Koch Industries and Corporate Power in America, la financiación por Koch de los grupos que niegan el cambio climático se remonta, al menos, a 1991, cuando el entonces presidente, George H. W. Bush, anunció su apoyo a un tratado internacional que limitara las emisiones de gases de efecto invernadero. Desde entonces, distintas iniciativas en el Congreso para establecer un impuesto federal a las emisiones se han topado con una fuerte incidencia de la corporación y sus institutos y fundaciones, a la par, y a veces a la cabeza, del lobby de otras empresas del rubro petrolero. Una estimación publicada por Greenpeace y otros grupos ecologistas, en base a datos del Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos, cuantifica en más de 185 millones de dólares lo invertido entre 1986 y 2020 por Koch Industries en financiar grupos y personalidades que niegan el cambio climático y en el lobby legislativo para impedir el accionar estatal ante este fenómeno.

fc

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