A la manera de un caleidoscopio trágico y siniestro con tonalidades orwellianas, tras la conversación telefónica entre Donald Trump y Vladímir Putin del 18 de marzo en clave de distensión, la sucesión de hechos que aparecen, se superponen, difuminan y reaparecen sobre la nueva realidad geopolítica multipolar en ciernes ha dado lugar a un sinfín de variables que dificultan un patrón de comprensión y permiten infinitas combinaciones que complejizan aún más la resolución de la guerra proxy entre Estados Unidos y la OTAN contra Rusia en Ucrania.
Si en un principio de la comunicación entre ambos mandatarios parecía emerger un nuevo orden multipolar, que, tendencialmente –según la visión de Trump–, estaría protagonizado por las tres grandes potencias con soberanía real (Estados Unidos, China y R...
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