True crime y literatura

Mujeres de armas tomar

Damas asesinas, de Tori Telfer. Traducción de Alicia Frieyro. Impedimenta, Madrid, 2019. 394 págs.

Sentadas, armadas y amenazantes: así se manifiestan las mujeres ilustradas en la cubierta de Damas asesinas, primera edición en español del único ensayo publicado –hasta ahora– por la escritora estadounidense Tori Telfer. Mediante un diseño tan representativo como colorido –por si las armas no eran lo suficientemente amenazantes, el rojo purpúreo que predomina se encarga de teñir la escena con un color sugerente, bien acompañado por el verde de la vegetación–, la editorial Impedimenta logra un efecto cautivante en el lector, incluso antes de iniciar su camino por la vida de algunas asesinas seriales de las más variadas procedencias.

Más ricas o más pobres, más jóvenes o más adultas, las 14 mujeres principales que desfilan por las páginas de Damas asesinas son homicidas y, sobre todo, tremendamente humanas. Este aspecto es resaltado en más de una ocasión por la misma Telfer, quien desde la apertura a su texto hace énfasis en el carácter inventivo que subyace a estas historias –como a todo discurso–, en las cuales intervienen las fantasías de la prensa, la imaginería popular, los lugares comunes y otros tantos factores socioculturales –tales como la ideología de género– de los cuales es conveniente ser consciente. En este sentido, es destacable que la voz que narra nunca desaparezca e, incluso, se dirija alguna que otra vez al lector directamente. «Las crónicas de la época recalcarían que Elizabeth [Ridgeway] era la peor, la más perversa de todas. (¿Les suena de algo?).» Al haber leído ya sobre las espeluznantes y mortíferas aventuras de Erzsébet Báthory, Nannie Doss y Lizzie Halliday, el interlocutor no puede sorprenderse, a esta altura del libro, ante tales afirmaciones hiperbólicas y un tanto amnésicas que exaltaron, en su época, la maldad de esta figura femenina. Tampoco se puede impresionar ante las delirantes acusaciones de brujería o la constante sexualización de los personajes.

Personajes, sí: eso son estas mujeres. Representaciones de distintos orígenes y épocas; figuras modeladas a la medida de las víctimas, de la prensa, del público. «Maestras de la farsa», como se las concibe en la introducción del ensayo. Así, una homicida con todas las letras se presenta a sí misma como una dulce abuela, como una buena esposa, como una preocupada madre, mientras la prensa se encarga de crearle apodos y manías –como si sus acciones no la hicieran lo suficientemente condenable.

Resultan fascinantes las tramas que van creando estas actrices sin teatro –o, mejor dicho, estas actrices del theatrum mundi–, incluso cuando este encanto es susceptible de provocar en el lector un sentimiento de culpa ante la atracción por semblantes tan astutos como siniestros. Sin embargo, cualquier posible culpa se disipa en la distancia temporal, que, de no existir, implicaría serias objeciones para una narración que, lejos de ser naíf, presenta a sus protagonistas con un humor negro repleto de sarcasmos. Así, ante la narración de verdaderas desgracias, quien se deje atrapar por las páginas de Damas asesinas se encontrará, en algún que otro momento, con una sonrisa en el rostro, ya sea por las súbitas exclamaciones irónicas o por la catalogación –también irónica– de alguna de sus asesinas más sanguinarias como «buena y beatísima», o por la disparatada lista que se anexa al final del libro y que recoge, por ejemplo, el número de apariciones de «modelos de negocio poco aconsejables» o de «buenas cocineras». Con todo, y por paradójico que pueda parecer, este humor se encuentra lejos de restarles gravedad a los hechos. La amena forma de cada relato tiene la virtud de alcanzar un equilibrio de tonos ante temas tan delicados y no permite al lector un segundo de distracción.

Agudo y atrapante, el ensayo de Telfer, que recorre un período histórico de siete siglos y se pasea por América del Norte, Europa y África –¿y dónde está el resto de América?, ¿dónde están Asia y Oceanía?–, no tiene nada que envidiarle a cualquier otro true crime. Y aun más: está tan bien narrado –y traducido– que da ganas de pedirle a su autora que escriba una colección de cuentos o una novela. Aunque esto no parece estar en sus planes: Telfer ha declarado1 estar trabajando en otro volumen de mujeres criminales. Mientras tanto, disfrutemos del hermoso y atroz libro que nos ha dejado.

1. Entrevista realizada por Indiana Nash para The Daily Gazette, publicada el 24 de enero de 2019. Disponible en: https://dailygazette.com/article/2019/01/24/author-tori-telfer-discusses-lady-killers.

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