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TEATRO: “Entonces Alicia cayó”, “Tiempo de fiesta” y “Si muriera esta noche”

Entonces Alicia cayó

Una historia tradicional que continúa inspirando ricas elucubraciones con respecto al tiempo en que nos toca vivir, la alusión a quienes, de acuerdo a su propia conveniencia, no reparan en otros que pueden necesitarlos, y la invitación a escuchar los versos de una poetisa que, al mismo tiempo, no dejaba de reparar en la sociedad que la rodeaba, inspiran tres espectáculos que empujan a la platea a reflexionar.

Entonces Alicia cayó (Verdi), de la peruana Mariana de Althaus, dirigida por Alberto Zimberg, gira en torno a la mismísima protagonista del cuento del inglés Lewis Carroll, alojada ahora, no por casualidad, en un hotel llamado Wonderland, donde alterna con otros cinco personajes entremezclados en tres distintas historias alusivas a la familia, el amor y, por cierto, a la identidad. El resultado no sólo es sugerente sino también irónico y juguetón, en la mejor tradición del texto original que impulsa el asunto. El trabajo de Zimberg extrae buen partido del aporte de las escenógrafas Beatriz Martínez y Claudia Schiaffino, del iluminador Martín Blanchet y de la vestuarista Paula Villalba, para llevar adelante una puesta de la Comedia Nacional plena de detalles alusivos a la esfera de la realidad, los sueños y las confusiones que la transforman y enriquecen. El elenco, integrado por Alejandra Wolff, Roxana Blanco, Lucía Sommer, Daniel Spinno Lara, Fernando Vannet y Natalia Sogbe, se desempeña con la esperada soltura.

Tiempo de fiesta (Delmira Agustini), del británico Harold Pinter, con dirección de Ana Pañella, deja en claro que, a menudo, mientras tiene lugar un festejo, en las proximidades pueden desarrollarse acontecimientos preocupantes. Pañella agrega a todo esto un prólogo que transcurre en el foyer, llamado a acentuar la atmósfera festiva que, más tarde, una decena de siluetas habrán de proseguir con desafiante indiferencia, antes de que alguien más irrumpa en el gran salón para señalar hechos graves que suceden fuera. El absurdo y el sinsentido, tan caros a la escritura de Pinter, asoman en esta puesta del elenco oficial llamada a poner de relieve la incomunicación reinante en buena parte del mundo. Más allá de la cuestionable introducción, ubicada demasiado lejos de donde transcurre el resto de la acción, y de algún apagón que poco y nada agrega al discurso de los desenvueltos actores, los cuales, sin duda, instalan el tono de la propuesta, la directora genera una propicia atmósfera intrigante que anima al espectador a extraer conclusiones más inquietantes de lo esperado, si se recuerda que todo comenzó alrededor de un trío de parejas que bailaban.

Si muriera esta noche (Delmira Agustini), de Raquel Diana, única intérprete de la puesta que ella misma dirige junto a María Clara Vázquez, entrelaza la vida y la obra de Idea Vilariño con la delicadeza y la contundencia que ese personaje tan singular merecía. A un texto que sabe transitar entre la sugerencia de la poesía y el oportuno comentario biográfico en donde, además del pensamiento de la inspiradora, asoman las infaltables referencias a su relación con Onetti, se agrega aquí la apasionada entrega de Diana a las exigencias de un personaje irrepetible. Vale la pena apreciar, habida cuenta del ritmo sin pausas que ambas directoras imprimen al espectáculo, cómo Diana –adecuadamente vestida por Felipe Maqueira y, de a ratos, convenientemente peinada por sus propias manos– se transforma ante el espectador de manera de desgranar las diversas etapas de la existencia de un personaje que la actriz consigue revivir frente a una platea cómplice.

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