No tan lejos, y hace poco - Brecha digital

No tan lejos, y hace poco

La obra “La tierra purpúrea” que se presenta en la sala Zavala Muniz, basada en la novela homónima de William Henry Hudson, está adaptada y dirigida por Anthony Fletcher.

La tierra purpúrea

La obra que se presenta en la sala Zavala Muniz, basada en la novela homónima de William Henry Hudson, está adaptada y dirigida por Anthony Fletcher. El rico libro de Hudson (1841-1922), un argentino hijo de estadounidenses que emigró a Inglaterra en 1874, gira en torno a la mirada y actitudes de un inglés –el autor lo sería luego, por elección– sobre el suelo uruguayo y sus habitantes poco más de un siglo atrás. Un tema que encuentra curiosos paralelismos en los pasos del inglés Fletcher, quien también demuestra especial interés en observar y entender todo lo que le rodea en el lugar donde reside y trabaja en la actualidad. La vastedad del material elegido y las dificultades de su teatralización impulsan a Fletcher a optar por una visión que propone personajes de hoy, los cuales, de manera fragmentada, se convierten en algunas de las figuras del mundo de Hudson, en el cual irrumpen y, de pronto, se apartan para encarnar otras siluetas o aportar un comentario. La visión elegida, al tiempo que tiene el mérito de trasmitirle a la platea que el asunto en cuestión resulta más próximo a su comprensión de lo que en principio parecía, produce, sin embargo, dadas las mencionadas entradas y salidas al texto que maneja la puesta, una serie de obstáculos que impiden al espectador sentirse cabalmente implicado en lo que sucede ante sus ojos. Las conclusiones de Hudson –y de la versión de Fletcher– llegan, sin embargo, y a pesar del distanciamiento propuesto, a buen puerto. El gran mérito del trabajo radica en la participación de los siete bien dispuestos actores: Fernando Dianesi, Lucio Hernández, Isabel Legarra, Luis Martínez, Jimena Pérez, Leonor Chavarría y Leandro Ibero Núñez, más allá de la demasiado elaborada dicción que le implanta a la imagen de Richard Lamb. El apellido de este último, alter ego del naturalista y ornitólogo Hudson, significa cordero, quizás porque el autor “sacrificó” el propio, cual cordero, para así poder expresar con total libertad lo que pensaba acerca de estas tierras

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