Nos vamos poniendo viejos

El ciclo de Pedro Juan Gutiérrez

Estoico y frugal, de Pedro Juan Gutiérrez. Anagrama, Barcelona, 2019. 170 págs.

Después del impacto alcanzado con su Trilogía sucia de La Habana (1998); después de los muchos libros que siguieron a esos primeros cuentos iracundos y desesperados; después de abandonar los excesos etílicos y sexuales que llevaron a confundir su vida con su obra; después, el narrador, poeta y artista visual cubano Pedro Juan Gutiérrez celebró, el pasado enero, su cumpleaños número 70.

Dos décadas es mucho tiempo. Para el hombre y para el escritor. El título austero de su más reciente novela, Estoico y frugal, desprendido de la cita textual: “Eres estoico y frugal, no tengas miedo”, no congenia con su personalidad avasallante y resulta algo irónico. Ocurre que ni el autor, ni el álter ego literario creado en los comienzos de su carrera –ese otro Pedro Juan también cubano y escritor– comparecen hoy como los que fueron. Ambos se muestran menos furibundos y a menudo se dejan apresar por la melancolía.

Por decir fútbol

Estoico y frugal comienza con una declaración de esa voz narrativa principal: “Hacía muchos años que mi vida se había convertido en un juego de ruleta rusa. Alcohol, mujeres de las que sólo quería sexo, fumar como un loco, desorden total en mi cabeza y en mi corazón”. Interrogado por Manuel Llorente sobre la distancia que existe con el hombre que era hace dos décadas, el autor respondió: “Creo que he cambiado bastante. Los años y los errores enseñan. Ahora soy más paciente y tranquilo. Me cuido más. Amo la vida y no me gustaría despedirme precipitadamente. Creo que tengo una espiritualidad mucho más fuerte y ya no necesito tanta materialidad”. En otro sitio confesó: “Con el alcohol y la agresividad destruí demasiadas cosas en mí”.

Dispuesta en un solo párrafo de frases breves y ritmo sostenido, sin capítulos ni puntos y aparte, el recurso al que apuesta Gutiérrez para organizar su novela tiene el espíritu, no el formato, del diario íntimo. “Empecé a escribir diarios precisamente cuando empezó una nueva etapa de mi vida. Esto fue hacia los cuarenta años. Comprobé enseguida que casi todo lo que iba al diario era una destilación de mis días, y servía para aclarar los pequeños misterios cotidianos que se revelan al escribir, y también como materia prima para la escritura mayor”, revela el protagonista. No se sabe con certeza si el diario aludido en Estoico… es real o si es la expansión de una ficción dentro de otra. Pero, supuesto o verdadero, su autor ha declarado que el nuevo libro “es muy autobiográfico”.

Desde un presente situado a fines de 2018, reconstruye su llegada a Madrid 20 años antes con el fin de iniciar la gira de promoción de un libro recién publicado –Trilogía sucia de La Habana– que “había caído muy mal a las autoridades” de su país por pintar, con la potencia del lenguaje realista y obsceno del bajo fondo habanero, la miseria y el hambre que afrontaron los cubanos a partir de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista: el llamado “período especial”. “No se podía escribir de otro modo en Cuba en los años noventa. Toda la utopía se había derrumbado”, apunta Gutiérrez, que nunca ha dejado de condenar –y vuelve a hacerlo en un pasaje revelador de Estoico… dedicado a la recepción del libro– que se lo leyera sólo desde el escándalo sexual y las críticas a la revolución. En varias entrevistas ha contado que, después de leer Trilogía…, Jesús Díaz, un escritor cubano exiliado en España, le dijo: “Ahora te será difícil escribir algo más porque aquí lo soltaste todo”. Reconoce que eso lo asustó un poco. La verdad es que algo de razón tuvo Jesús Díaz, ya que por momentos Estoico… se vuelve reiterativa. Columpiándose en los vaivenes del tiempo y el espacio, el autor evoca episodios más o menos conocidos de Centro Habana, uno de los barrios más emblemáticos de la capital cubana, repasa sucesos biográficos que ha contado en otros libros, insiste en peripecias ya relatadas, como cuando de niño vendía helados en peleas de gallos. “Creo que desde esos años en que pasé todos los fines de semana en la valla de gallos aprendí a vivir entre gente baja, pervertida y sucia”, volvemos a leer, reconociendo que es una suerte de declaración de principios y acaso ese linaje autorice la redundancia. En otros pasajes también se percibe esa sensación de déjà vu que disuelve el impacto de la novedad.En Estoico…, el personaje mira hacia atrás y piensa que “un hombre desesperado siempre hace mal las cosas”, por eso, no obstante el título, persisten la rabia y el alcohol desmedido, el sexo es desenfrenado, a veces catártico o violento, ahora con mujeres maduras e imperfectas que conoce en las ciudades europeas que visita. Si bien no esgrime razones morales, es capaz de reflexionar sobre las posibilidades y las complicaciones de la vejez venidera. Tensiones que en un próximo libro probablemente ocupen un lugar crucial.

Por decir fútbol

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