Nuevo jugador mediático – Brecha digital

Nuevo jugador mediático

Se define como liberal de izquierda y niega su pasado colorado, aunque el único cargo público que ejerció fue como director del Instituto de la Juventud (Inju) en el gobierno de Jorge Batlle. Tomó el control de varios medios de comunicación y compró la imprenta Polo, la que pretende sea centro de un grupo de medios “independientes y progresistas”.

Pablo Scotellaro

Pablo Scotellaro tiene 44 años, es técnico en comunicación social de la Utu y destaca que se crió en una familia humilde de la Unión. Estudió en el liceo 19 donde –dice– tuvo su primer acercamiento a la comunicación a través de una publicación de la Federación Nacional de Estudiantes de Secundaria. Afirma que es amigo del intendente Daniel Martínez, del senador Jorge Larrañaga, de la familia Amaro (colorados), cercano al ministro Eduardo Bonomi y que mantiene buena relación con la mayor parte del espectro político, en los últimos años en especial con dirigentes del Frente Amplio. La gran excepción es Pedro Bordaberry, quien decidió su cese en el Inju en 2004.

Es el principal del Grupo U, que incluye el canal satelital U, la gestión de radio Carve y 1010 (la ex Nuevotiempo) y la mañana de Radio Nacional, además de los informativos de Rami (radioemisoras del Interior).

Las versiones sobre de dónde proviene el dinero con el que solventa estos emprendimientos mediáticos son amplias y coloridas (desde el grupo Clarín, dinero del presidente paraguayo, Horacio Cartes, hasta de gente perteneciente a sectores frenteamplistas). Él lo niega, dice que es el propietario del 60 por ciento de las acciones y que el resto están repartidas en pequeñas partes entre amigos, aunque aclara que está abierto a que lleguen nuevos socios. Reconoce que tales dimes y diretes le causan a veces sonrisas y otras, molestia: “Parece que ahora soy como Roberto Carlos, tengo un millón de amigos y muchos socios…. Creo que esos enchastres son parte de pegarle a alguien que saca la cabeza”.

La principal inversión que hizo hasta el momento en medios es la reciente compra al grupo propietario del Radisson de la imprenta Polo (sede del diario Últimas Noticias hasta su cierre), para lo que –dice– consiguió un préstamo de 1.750.000 de dólares del Hsbc y aguarda uno de 1.200.000 de otro banco.

“Dijeron que estamos financiados por el Mpp, otros por Raúl Sendic. Nos han dicho que entre los dueños tuvimos a Paco Casal, a Horacio Cartes, porque trajimos a unos paraguayos a ver si les podíamos vender algunas acciones para una imprenta. En el fondo muestra que algo de ruido estamos haciendo, que a alguien le estamos rompiendo los cocos”, apunta.

Por eso asegura que en la izquierda se debió hacer “un trabajo de construcción de confianza con todos los sectores”, porque “andá a decir que desarrollaste un esquema en que buscás una equidad de medios, con una línea independiente en que te interesa mostrar lo mejor del país. Se preguntan de dónde salieron estos loquitos, pero en tres años creo que logramos una credibilidad muy grande acá y en el Interior, adonde viajamos mucho”.

Y se explaya en el mismo concepto: “A cualquier uruguayo que viene sin pedigrí le van a pegar, porque si es hijo de Romay y hace algo en los medios de comunicación es natural, pero si lo hace Pablo Scotellaro…¡qué peligro!”.

Pero también lanza alguna dirigida a quienes alguna vez frecuentó. Así, recuerda que una vez Bordaberry leyó su currículum y le dijo: “Mirá, Pablo, acá hay gente que está para gobernar y otra para ser gobernada, y por tu tipo de formación vos estás en el segundo. Yo venía de la Unión, de la Utu…, para alguna gente esto destila grasa y para otros una oportunidad republicana que se da en Uruguay”.

El 1 de agosto de 2013 empezó a emitir Canal U. Para financiarlo, Scotellaro pensó que debía ser un canal de exportación, “y de ahí nace la relación que teníamos con Cablevisión (grupo Clarín) a través de Certal y con los cables de Paraguay”. Rememora que el canal comenzó “con una estructura mínima de dos por dos en el Yacht (Club), y que mediante un acuerdo con Maroñas subalquilan la capacidad satelital, para pagar menos por ese servicio. Su mano derecha en el canal es Robert Rocha, quien dejó Montecarlo tras más de 20 años de trabajar ahí y se sumó a este proyecto.

Alega que su canal tiene poquísima publicidad –“a duras penas algún ingreso de intendencias”– y que sus ingresos son fundamentalmente por distribución (declara que llegan a 15 millones de abonados en diferentes países). “Salimos por Cablevisión de Argentina y por eso alguna vez se dijo que éramos defensores de Clarín. Ideológicamente no tenemos nada que ver con Clarín, pero sí les reconocemos que nos llevaron a 4 millones de hogares. Entonces si me llama alguien de Clarín y me dice que necesita juntarse con Pepito, por supuesto que hago la gestión.”

El año pasado alquiló la mañana de CX 30, pero mantiene Inforami, una “cadena de más de cien radios del Interior a las que les hacemos la producción del informativo”.

Luego de comprar Polo se reu­nió con representantes del diario La República, “que se estaba cayendo a pedazos”, y allí acordaron que el periódico se imprimiría en Polo. “Nos sentamos a conversar con La Diaria y estamos casi ahí de empezar a imprimirla. Les dijimos que estamos en un proyecto independiente y que apuesten a nosotros en vez de por El Observador, que tiene una línea muy clara”. Desde La Diaria informaron a Brecha que tienen decidido seguir imprimiendo en las máquinas de El Observador.

Scotellaro relata que otros emprendimientos se fueron sumando: Caras y Caretas comenzó a imprimirse en Polo, y él pretende que este semanario también lo haga. Además mantuvo contactos con el Pit-Cnt para que el canal comunitario que la central tiene asignado usara los servicios de Canal U para producir contenidos, pero el planteo ya fue desestimado, informaron desde la central sindical.

Recientemente Scotellaro comenzó a hacerse cargo de la gestión de Carve y la 1010 (Nuevo Tiempo): “Tengo una buena relación con Martín Olaverry, que es periodista y me planteó si podíamos hacernos cargo. Una especie de contrato de gestión con la posibilidad de, si logramos crédito y la ley de medios lo permite, comprar la radio”.

Dice pretender un bloque de “medios progresistas, independientes, que tengan la fuerza de construir y no sea la rentabilidad lo único que les importe”. Esto incluye la pretensión de “interactuar con todos esos medios, tener un ámbito de discusión, de trabajo en conjunto, si se va a un mismo lugar, hacer economía a escala y salir en una misma camioneta. Sobre determinado tipo de temas juntarnos y ‘pingponearlo’: cómo van a salir ustedes, cómo vamos a salir nosotros”. El planteo genera extrañeza entre editores de algunos de estos medios consultados.

DECOLORADO. En la década de 1990 fue uno de los fundadores del movimiento de Juventudes Radiales, que organizó varias actividades con cientos de participantes, y eso lo acercó a autoridades y políticos de la época, en especial del Partido Colorado.

“Manejamos una cuota de poder gigante que, de gurises, no nos dimos cuenta y los políticos avasallaron el proyecto. Nos prometieron una radio en Montevideo que no nos dieron, y me costó hasta la casa que hipotequé”, describe.

Consultado sobre esto último sostiene que Mario Zano­cchi, entonces secretario de Julio María Sanguinetti, le ofreció en nombre del ex presidente otorgarle la FM 103.7 en Montevideo a cambio de que se postulara a diputado por el Partido Colorado, y así atar a Juventudes Radiales a esa fuerza política.

“Nos recontracagaron con una radio de Montevideo y es porque me negué a venderme políticamente, a que Juventudes Radiales no siguiera independiente, y la radio que nos prometieron no estuvo más. Perdí mi casa porque había hipotecado mi apartamento para eso”, señala.

En lo político, confiesa que se “enamoró” de Hugo Batalla, “tipo al cual seguí en todas las movidas” y que según recuerda le ofreció la dirección del Inju. “Le dije que yo era un tipo de izquierda y no creía conveniente que agarrara un cargo.” Batalla murió en 1998, pero en 2002 le ofrecieron la dirección del instituto y Scotellaro aceptó.

“Me dijeron que necesitaban a alguien descontaminado de la visión política y arranqué con todo para tratar de cambiarlo. El gobierno iba para un lado y el Inju para el otro, con cooperativas agrarias, centros de acceso a la información gratuitos, con una visión progresista, y no me sentía parte del Partido Colorado”, comenta.

Con Pedro Bordaberry como ministro de Turismo declara que tuvo discrepancias “brutales”, “desde lo ideológico al accionar”, hasta que en 2004 el actual líder de Vamos Uruguay lo destituyó por “desorden administrativo”.

Una nota del diario La República del 3 de junio de 2004 aún puede encontrarse en la web: “Cuando uno trabaja en la función pública, lo primero que hay que hacer es respetar determinado orden, y eso es lo que yo quiero”, dijo entonces el ministro Bordaberry al explicar el cese de Scotellaro, “una persona vinculada a la lista 15 a través del ex intendente Juan Justo Amaro”. Bordaberry señaló que resolvió el cese porque “se necesita alguien con un perfil de ordenamiento administrativo”.

Al día siguiente la revista Caras y Caretas publicó que sobre Scotellaro recaían “sospechas de haber utilizado la base de datos de 400 mil jóvenes en provecho propio, el uso de los teléfonos del organismo para sus emprendimientos privados, así como la posible falsificación de documentación para realizar un evento denominado Punta Show, que contó con el respaldo de la Presidencia de la República”.

Poco después Jorge Gandini afirmó que durante su gestión como director del Inju, Scotellaro, en representación de una Ong, “falsificó” su firma para obtener dinero en el exterior.

El creador de Juventudes Radiales hace su descargo: “Cuando no sos militante político, no tenés estructura y venís haciendo las cosas bien, que te peguen un sablazo en la nuca sin saberlo, te mata. El tipo que está en la joda y lo destrozan ya está preparado. Me mató anímicamente. Fue una ejecución brutal, que me desarmó anímica y económicamente”.

“La figura de desorden administrativo es muy rara porque el ordenador de gastos era el propio ministro. Igual tenía que explicarle a todo el mundo que no administraba presupuesto, que no tenía un mango. Pero el daño fue fuerte, el cómo explicarle a los gurises que me quedé sin laburo en gobiernos que no ejecutaban a nadie y en los que pasaba cualquier cosa…”, apunta.

“Si fuera un tipo tan jodido y hubiera hecho todas esas cosas, primero estaría preso hace rato. Hubo investigación administrativa y nunca pasó nada, y no porque lo quisiera ocultar el gobierno, sin duda…”, acota.

Pero cuando se consulta a dirigentes colorados que fueron parte del gobierno de Jorge Batlle, no pueden creer que Scotellaro niegue haber sido parte de la colectividad de Batlle y Ordóñez. Así, recordaron su cercanía con varios referentes, como Juan Justo Amaro, Leonardo Costa, Gabriel Pais y Tabaré Viera, y su búsqueda de cercanía con Batlle. “No es tan grave y es fácil averiguar que fue colorado, como otros tantos que ahora están en el FA”, apostilló uno de los contactados por Brecha.

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Una llave que abrió contactos

Uno de los emprendimientos por los que Scotellaro ha conocido a buena parte de la dirigencia política en los últimos años tiene un nombre extenso: Centro de Estudios para el Desarrollo de las Telecomunicaciones y el Acceso a la Sociedad de la Información de América Latina (Certal), y que según su página integran, entre otros, Cablevisión, TV5 Monde, Discovery, Hbo, Direct TV, Fox, Espn, Turner, Montecable, Nuevo Siglo, Andebu y Rami. A actividades del Certal en Uruguay y otros países concurrieron dirigentes políticos de diversos partidos.
Según Scotellaro, el Certal está encabezado por uruguayos, cuenta con el respaldo de dirigentes de la Concertación de Chile, y cuando comenzaron a aprobarse proyectos de leyes en la región para regular medios, la organización “fue muy categórica, que nos parecía una guerra de poder entre dos grandes estamentos de poder. Por un lado el grupo Clarín y por el otro el gobierno argentino, y la ley era muy dura”.
Añade que en el caso uruguayo “nos ganamos el odio de las grandes corporaciones del país” porque en una actividad se puso como ejemplo la ley de servicios audiovisuales de Uruguay, la que cree “tiene muchas cosas positivas” y es “muy diferente a la argentina”.

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