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Otros orígenes, mismo destino

Los que viven en la calle son muchos más que hace cinco años, y su situación no se explica por las carencias económicas sino sobre todo por historias de vida de encierro. Aunque no aparezcan en el último censo del Mides, desde Gurises Unidos señalan que continúa habiendo niños en situación de calle. Y advierten: de no hacerse visibles, su situación tenderá a perpetuarse.

Foto: Pedro Pandolfo

A pesar del aumento del Pbi, de la baja del desempleo y de la disminución de la pobreza, la calle se siguió poblando. Hoy hay más gente viviendo en esas condiciones que hace cinco años (26,3 por ciento más a la intemperie y 59,4 más en los refugios), y ahora, antes de que dejen de respirarse los últimos aires de la bonanza económica, los caminos que dan a la calle son distintos que los de principios de los dos mil. Los “emisores”, como les llama el psiquiatra Esteban Acosta, o las instituciones que los llevan allí, son dos: la familia y la cárcel.

Los números le dan la razón a este especialista, que desde hace años brinda apoyo terapéutico a personas sin techo (véase “La calle y la cárcel se parecen”). El primer motivo para estar en la calle, entendiendo esto como el acto de dormir a la...

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