Para qué las radios - Semanario Brecha
La situación de las radios del Estado

Para qué las radios

La difícil situación que atraviesan las emisoras de radiodifusión del Estado se mantiene en el tiempo, sin señales claras de una transformación o de un cambio de timón que vuelva a ubicarlas en un espacio destacado de la propuesta comunicacional del país. Detrás de la pregunta sobre cuál es (o debería ser) el rol de las radios del Estado, parece esconderse no otra cosa que su liquidación.

Unsplash.

En 2005, el primer gobierno del Frente Amplio presentó un ambicioso plan para el Sodre, que tuvo dos prioridades: terminar definitivamente el auditorio que se había comenzado a construir dos décadas antes, en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti (se inauguró en 2009) y poner en marcha un sistema de radios públicas que cumpliera a cabalidad con los objetivos que obliga la ley.

Se designó como director de las radios al periodista Sergio Saccomani, quien realizó un proyecto sólido y que al principio obtuvo fondos para su puesta en marcha. La frecuencia 650 AM siguió con el perfil de siempre, quizá por cierto temor a sublevaciones y alzamientos de viejos melómanos: transmisión de música académica; la 1050 AM se bautizó como Radio Uruguay y pasó a ser una radio periodística y cultural, con informativos y un magazine matinal. La frecuencia 1290 AM, antes esencialmente repetidora de las otras dos emisoras, comenzó a funcionar con el nombre de Emisora del Sur y fue destinada a programas de música popular casi exclusivamente uruguaya, con la peculiaridad de que los equipos de conducción estaban integrados por músicos. Todo esto en concordancia con el mandato de la ley: difundir, informar, educar, ser inclusiva y accesible desde todo el país.

Las bajas potencias de sus transmisores se compensaron en cierta medida con la habilitación de numerosas frecuencias de FM en localidades de todo el país, que estaban adjudicadas pero inactivas y que comenzaron a repetir un menú de programas de Radio Uruguay y Emisora del Sur. En 2014, se compró un nuevo transmisor para Radio Uruguay como inicio (que no pasó de ahí) de un proceso de renovación para llevar la cobertura de las radios a lo que su potencia asignada les permite.

Este sistema funcionó hasta 2020 con pocos cambios. Pero desde la muerte de Saccomani, en 2014 (que coincidió con la salida de las radios del Sodre), había comenzado un proceso de deterioro. Las sucesivas direcciones vacilaban entre no hacer nada y dejar de hacer algo, y mientras tomaban la decisión hicieron ambas cosas.

EL SECAN

Con la creación del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional (Secan), en 2014, las radios dejaron de pertenecer al Sodre. El Secan está integrado por la Dirección de Televisión Nacional, la Dirección de Radiodifusión Nacional y el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay. Pero en estos 12 años el Secan nunca funcionó tal como la letra manda, debido a lo que, con cierta generosidad miope, podría llamarse «falta de liderazgo».

Durante la administración de Luis Lacalle Pou, las radios estuvieron dirigidas por una persona que declaraba, con una especie de exaltado orgullo acusatorio, no saber nada de radio. Como consecuencia, el director de Televisión Nacional, Gerardo Sotelo, fue quien tomó las decisiones que afectaron a la radio.

Sotelo propuso unificar los servicios vinculados a informativos (que en la jerga se denominan área de prensa). Su razonamiento era que la misma unidad ejecutora –el Secan– tenía dos áreas de prensa, en la televisión y en las radios. ¿Por qué no unir ambos servicios y, de esa forma, ahorrar en salarios? Así, se desmanteló al área de prensa de las radios, se eliminaron algunos cargos y otros pasaron a la televisión.

Pero el Secan es un servicio tripartito, que debería tomar decisiones en acuerdo entre los tres directores, cada uno de los cuales tiene la función de exponer sus planes, presentar sus presupuestos y definir qué servicios requiere su dirección. Obviamente, la inane dirección de las radios no defendió nada, puesto que nada sabía de radio. Puede que haya argumentos para defender la propuesta de Sotelo, pero lo correcto habría sido tener un representante de las radios capaz de defender sus servicios. Claro que, para tener servicios, antes hay que tener proyectos, y de eso no hay existencias.

Aparte de la decisión de relocalización de los estudios, que iba en consonancia con la unificación del área de prensa y de la falta de dinero para el mantenimiento adecuado de los equipos y la renovación de equipos vetustos, hubo decisiones de programación contrarias a los objetivos de las radios.

La segmentación de la programación tendió a la consolidación de nichos de audiencia en lugar de promover la ampliación y consecución de nuevos públicos. Por ejemplo, programas que estaban en Radio Uruguay (una emisora generalista), como El tunguelé o Efecto mariposa, pasaron a Radio Cultura (el nuevo nombre de Emisora del Sur). Si bien esos programas hacen énfasis en la cultura, son al mismo tiempo programas de actualidad y atraen público general; de ese modo cumplen los fines de las radios, ya que difundir cultura es, sobre todo, atraer públicos que no van deliberadamente a buscar espacios de nicho.

Simultáneamente, con el arrinconamiento de todos los programas de cultura en una emisora de poco alcance, se alivianó el perfil generalista de Radio Uruguay y se incorporó un programa de transmisiones de fútbol que se apropió en los hechos de la totalidad de la programación, ya que cada vez que había una transmisión se levantaban los programas que ocupaban habitualmente esos espacios.

Las estrategias de programación tienen problemas desde mucho antes de la administración pasada, y se mantienen: competencia entre las emisoras, inexistencia o falta de personal en los equipos de producción, pocas transmisiones en vivo desde exteriores y nula producción de programas fuera de Montevideo.

AHORA

En este momento la situación de las radios es crítica en varios niveles. La falta de dirección lleva ya, de una u otra forma –falta de vocación, de interés, de conocimiento, simple ausencia–, más de una década. ¿Cómo defender el presupuesto de la radio si no hay nadie en la mesa del Secan para hacerlo? ¿Cómo articular un proyecto con las autoridades del gobierno si no hay nadie para hacerlo?

La pregunta que debería hacerse la gente que financia las radios –es decir, el gobierno– es ¿para qué queremos las radios del Estado? Los hechos parecen señalar a una meta de liquidación de las radios.

Hubo una propuesta, de un director de administraciones anteriores, de eliminar las plantas emisoras. La cobertura nacional de las FM (21 emisoras en todo el país, que repiten la programación de las radios que emiten desde Montevideo) está muy por debajo de la potencia asignada. En las AM ocurre lo mismo. CX6 tiene una potencia asignada de 200 kilovatios, pero emite con 18 kilovatios; Radio Cultura (CX38) emite con 4 kilovatios, cuando su asignada es 50. Radio Uruguay (CX26), que tiene un equipo emisor de buena calidad, emite con 35, cuando su asignada es 50. CX6 y CX38 tienen equipos con varias décadas de uso continuo, ya superadas sus vidas útiles seguras. Como resultado, el alcance del sistema es mucho más reducido del que tiene permitido.

¿Para qué queremos las radios del Estado? Convendría responder la pregunta con hechos concretos, con decisiones claras, con fuentes genuinas de financiación. Lamentar la falta de fondos y gemir buenas intenciones es hacer lo mismo que hizo Donald Trump con el notable sistema de radios y televisiones públicas de Estados Unidos: retirarles los medios para su existencia.

Artículos relacionados

Usos de la laicidadTerminantemente prohibido

Terminantemente prohibido