Parada técnica

El nuevo presidente de la Comisión Coordinadora del Interior (Cci), el sociólogo Tabaré Fernández, asumió cuestionando y pidiendo reformular la política de descentralización. Considera necesario avanzar en una coordinación interinstitucional más imperativa con Utu, formación docente y la Universidad Tecnológica (Utec).

Tabaré Fernández. Foto: Federico Gutiérrez

El aspecto más destacado del rectorado de Rodrigo Arocena (2006-2014) comenzó a ser revisado. El nuevo presidente de la Comisión Coordinadora del Interior (Cci), el sociólogo Tabaré Fernández, asumió cuestionando y pidiendo reformular algunos aspectos de la política de descentralización, como los criterios para la regionalización o para crear nuevas carreras. En entrevista con Brecha consideró necesario avanzar en una coordinación interinstitucional más imperativa con Utu, formación docente y la Universidad Tecnológica (Utec). Planteó que de esa articulación dependerán las posibilidades de la Udelar en el Interior, considerando además que se viene un escenario de restricción presupuestal.

—En el marco de la asunción de las nuevas autoridades que acompañarán al rector Roberto Markarian, en diciembre usted fue elegido como presidente de la Cci en sustitución de Gregory Randall. Puso a discusión un documento, “Bases para la política de descentralización 2014-18”, donde afirma que “con las elecciones de las autoridades de los dos centros universitarios regionales (Cenures) podemos plantear que esta etapa de ‘apertura y desembarco’ ha concluido. Ahora es tiempo de aportar a equilibrar las nuevas estructuras y las que están en proceso aún de crearse, evaluando todas las líneas para consolidar las más exitosas de acuerdo a las finalidades generales de la Udelar (y al próximo contexto configurado por las nuevas instituciones de enseñanza terciaria)”.¿Cómo fundamenta esa mirada?

—Gran parte de lo que digo en ese documento se apoya en la investigación académica de la que vengo. Mucho tiene que ver con el debate que ha habido en la propia Udelar en los últimos siete años. Ahora, pensando en el horizonte temporal de 2020 –que responde a la ejecución del próximo presupuesto quinquenal–, se están generando debates que no estuvieron presentes hasta ahora y que tienen que ver, por ejemplo, con una realidad: que la política de descentralización se pensó sin considerar que estamos yendo a un sistema nacional de educación superior pública con cuatro actores (Udelar, Utec, Utu y formación docente), en un contexto además de restricción presupuestal. Estoy seguro de que no va a haber un crecimiento real fuerte del presupuesto para la educación pública de nivel terciario, y los incrementos van a tener que repartirse entre cuatro actores. Uno de ellos todavía se tiene que crear como ente separado de la Anep para la formación docente. Luego está la Utu, que tiene declarado apoyo político y que va a conservar su integridad institucional, incluyendo su educación superior tecnológica. Finalmente la Utec, que es una incógnita, en el sentido de que tenemos que ver qué pasa con ella. Hasta ahora le dieron un presupuesto para arrancar, pero es claro que el plan de desarrollo que tienen es mucho más ambicioso de lo que se imaginaron al crearla.1 La Utec no es meramente la educación terciaria tecnológica de la Utu. Es una universidad que quiere desarrollar carreras, licenciaturas, hacer investigación y radicar docentes en el Interior. Además están manejando salarios que duplican a los de la Udelar.

—Ese tema fue aclarado por consejeros de la Utec en una reu­nión con Markarian…

—Hay una voluntad política de no generar desequilibrios en el mercado de trabajo de los docentes universitarios, no generar corrimientos, pero los datos actuales y los llamados actuales que están haciendo no dicen eso.

—Su designación en el Cdc al frente de la Comisión Coordinadora del Interior no fue acompañada por el orden estudiantil. ¿Pudo discutir sus ideas con los estudiantes?

—Fui a comparecer al consejo ejecutivo federal de la Feuu. Me preguntaron qué iba a pasar con la extensión. Yo no soy el pro rector de extensión, y de hecho las unidades de extensión que hay en el Interior han funcionado en general bien. La otra pregunta que me hicieron fue qué ritmo se iba a seguir en adelante en el Interior, y yo les dije que el ritmo que las estructuras administrativas soporten.
Lo que pasó en el Interior fue que la creación de carreras, la radicación de docentes e incluso la construcción de edificios y de una nueva institucionalidad fueron mucho más rápido que el crecimiento  de la estructura administrativa. Hoy tenemos dos Cenures, uno en el litoral y otro en el este, que son desde el punto de vista jurídico servicios o facultades, pero están vacantes los cargos de directores de los departamentos de contabilidad. Ante esta situación hay compañeros recién llegados como contadores a las casas o centros universitarios locales –no del Cenur– que están en los hechos asumiendo controles procedimentales en materia de administración, y además la Cci tiene que hacer otra cuota parte del trabajo.

Por otro lado, toda la política de descentralización de este último tiempo se construyó sobre el concepto de región. Sin embargo, no se logró sortear un debate muy antiguo, que yo le puse el nombre “regiones versus ciudades” y que viene de los sesenta. Por ejemplo, la fundación de la Regional Norte; por más que se le puso como nombre “regional”, fue concebida como “Salto, ciudad universitaria”. A la luz de esa idea se creó luego el Centro Universitario de Paysandú, el Centro Universitario de Rivera, la Casa de la Universidad en Tacuarembó… Esto fue así hasta que a fines de los noventa se comenzó a discutir el asunto: se creyó que era muy difícil consolidar masa crítica en enseñanza e investigación a nivel de ciudades, y se optó por definir regiones.

Pero el concepto de región no está claro. Históricamente por región se entendía agrupar departamentos. Si mirás, casi todos los organismos públicos lo manejan de ese modo. El estudio que hizo la unidad académica de la Cci pensó que en vez de agrupar departamentos era mejor agrupar ciudades, con base en el flujo de comunicación pública entre ellas dada por el transporte. Esto determina redes de influencia, dónde la gente va a proveerse de servicios públicos, salud, educación.

—Ese estudio de la Cci delineaba un conjunto de regiones…

—Por un lado estaba el eje de la ruta 5 al norte y con la ruta 30, que comunican a Tacuarembó, Rivera y el este de Artigas. Luego el eje de las rutas 8, 17 y 26 forman un triángulo con Melo, Río Branco, Treinta y Tres y José Pedro Varela. Luego al sureste está el eje de las rutas 9 y 93 con Maldonado, Rocha y Minas. Por el litoral está la arteria de la ruta 3 de Young a Bella Unión. En el suroeste tenés un cuadrilátero que integran Nueva Palmira, Carmelo, Colonia, Rosario, Cardona, Mercedes y Fray Bentos. Y en el centro del país tenés nuevamente el eje de la ruta 5 y la 14 con Paso de los Toros, Durazno, Florida, Sarandí Grande, Trinidad y Sarandí del Yi.

Ese es otro conjunto regional.

Esto si se piensa en términos de departamentos genera conflictos en cuatro de ellos: en Artigas, Lavalleja, Tacuarembó y Río Negro.

Según esta lógica de regiones, a estos departamentos los tenés que partir a la mitad.

Siguiendo esta nueva noción de regionalización, que considera el flujo de comunicación entre ciudades, se fueron haciendo ajustes, y si se ven los mapas de la Cci hay leves cambios de un tiempo a esta parte. Pero hoy tenemos algunos focos de problemas que tienen que ver con la anterior noción. Por ejemplo la Udelar creó la casa universitaria de Artigas en la ciudad de Artigas y la vinculó con el Cenur del litoral. Pero resulta que Artigas en realidad es un departamento que pertenece a dos regiones: a la región litoral por el lado de Bella Unión, y a la región del noreste por el lado de la capital. La lógica de la ciudad-capital-universitaria sigue muy presente y determinó que la sede universitaria se creara en Artigas, y que todo el departamento quedara integrado al litoral. Esto generó un problema serio, porque la comunicación por la ruta 3 está bien, pero por las rutas 4 y 31 –que comunican Salto y la ciudad de Artigas– es pésima. La ciudad de Artigas se conecta naturalmente más con Rivera que con Salto. Este tipo de cuestiones están generando un debate en la Udelar, y obligan a repensar algunas cosas.

Además en cualquier departamento hay una fuerte tradición de localismos y de fuerzas centrífugas: Bella Unión y Paso de los Toros tienen Junta Local hace tiempo, y viven en confrontación con las capitales departamentales. La situación de Lavalleja no está clara. No tenemos aún presencia universitaria, lo que deduzco que se debió a falta de interés político de la Intendencia en su momento. Hay que recordar que el Cenur del este (el Cure) se creó cuando los gobiernos de Maldonado, Treinta y Tres y Rocha eran del Frente Amplio, y el de Lavalleja estaba enfrentado a ellos. En este período la cuestión fue mucho más suave, y hubo algún movimiento para crear una Casa de la Universidad en el Instituto Normal de Minas. Formalmente está integrado al Cenur del este, pero es un departamento que tiene más conexión con Montevideo que con Maldonado. Los jóvenes que terminan la educación media superior prefieren viajar a Montevideo directamente.

—En el documento menciona la problemática institucional de una división no clara de competencias entre los Cenures y las casas o centros universitarios…

—La ordenanza de creación de los Cenures se hizo casi como un intento de buscar un equilibrio entre dos ciudades (Salto y Paysandú) tradicionalmente rivales. Y eso después se exportó al Cenur del este y se podría replicar también en el noreste.
Lo que sucedió es que Salto y Paysandú llegan a conformar una región universitaria, con identidad jurídica nueva, cuando cada una tenía sus propias historias de desarrollo universitario, que son totalmente distintas. Incluso dentro de cada ciudad hay tradiciones universitarias distintas. En Paysandú tenés por un lado la tradición de las profesiones de las prácticas, como educación física, y las tecnologías médicas, que tienen grandes dificultades para crear y mantener cargos, para desarrollar investigación. Luego tenés la tradición de la Estación Experimental, totalmente distinta, con un componente de investigación y una cultura extensionista. Luego vinieron, más recientemente, grupos de investigación tremendamente académicos, vinculados al Polo Agroalimentario. Entonces, cómo hacés para que conviva todo eso en una nueva entidad.

De ahí que la estructura del Cenur combina los dos niveles de toma de decisión: el nivel local y el regional. Esto genera una proliferación de organismos para la toma de decisiones que es hasta difícil de cubrir con personas. El este no tenía el pasado universitario que tenía el litoral. Allí sí se pudo avanzar hacia un desarrollo universitario en clave regional. En el este primero hubo región, al revés que en el litoral. Recién ahora se están creando entidades locales en Maldonado y Rocha. Muchos directivos en el Cure te dicen “nosotros tenemos problemas para generar las instancias a nivel local. No estamos acostumbrados y no tenemos con qué hacerlo”. Y son muchos los cargos y los organismos a integrar: tenés el director regional (como el decano del Cenur), la mesa de área, el claustro regional, el director local y la comisión directiva local.

—Entonces el esfuerzo de gobernar la región pasó por buscar equilibrios, dando a cada quien una cuota de poder y autonomía…

—Y con la posibilidad de interponer vetos. El sistema de Cenures se puede transformar perfectamente en un sistema de vetos recíprocos. Si un centro universitario local se opone a renovarle el cargo a un docente no hay forma de levantar el veto. Porque el informe de renovación lo hace el centro local, y el director local forma parte del consejo regional… Alcanza que en el nivel local se hayan tomado ciertas decisiones para que después difícilmente se puedan mover a nivel regional, porque eso genera problemas de relacionamiento entre el director de Paysandú y el de Salto, que difícilmente se quieran oponer a una decisión que tome el otro, por miedo a represalias. Es difícil que así se puedan tomar decisiones estratégicas, transversales y pensando en la región.

—¿Cuál es el plan entonces?

—De ahora al año 2020 la Udelar tiene que consolidar las instancias regionales para que funcionen bien en términos administrativos y académicos. Tenemos dos Cenures creados y uno en proceso de creación en el noreste. Hay que resolver las incongruencias del diseño institucional en el Cenur que estamos armando en el noreste y hacer más caso al fundamento real de las regiones.

En tercer lugar hay que resolver qué se va a hacer en el centro y suroeste del país. La decisión estratégica que ya se tomó en campaña con Markarian fue que no hay posibilidades de volver a repetir el esfuerzo académico y presupuestal de construir un Cenur, por la cantidad de recursos materiales y humanos que demanda, y porque lo que se haga en esa zona debe ser en conjunto con los otros actores de la educación superior.

La política de descentralización –esta es una opinión mía– debe ser coordinada con lo que haga formación docente, la Utu y la Utec en el Interior. No podemos seguir creando nueva institucionalidad de espaldas a los otros. Lo que hay que hacer es ver qué es lo que han desarrollado o tienen previsto las otras instituciones en el sureste y suroeste del país. En qué forma la Udelar puede asociarse allí y poner su cuota parte de participación.

Es muy posible que en el centro y suroeste no creemos centros regionales, pero sí un centro universitario local. Hoy no hay nada en esa zona (Colonia, Soriano, San José, Florida, Canelones). Hay que recordar que la Udelar definió que “Interior” es todo aquello que queda a más de 100 quilómetros de Montevideo.

Lo otro es evaluar las carreras creadas en el Interior. Acá hay una crítica fuerte a lo que ha sido la política de la Udelar en el tema. Se tomó la decisión de que lo que se abriera en el Interior tenía que ser algo nuevo. No podía existir en Montevideo. Eso fue un error garrafal. Tú no podés crear una carrera en un lugar donde no hay nada. Podés experimentar en un laboratorio, pero no podés hacerlo en el desierto. Podés crear ingeniería aeronáutica en la Facultad de Ingeniería de Montevideo, donde tenés una cantidad de recursos y posibilidades de apoyar institucionalmente esa novedad.

—Pero se aprobaron carreras ancladas en las posibilidades y capacidades de la región. Por ejemplo, la de ingeniería forestal que funciona en Tacuarembó se apoya en el programa forestal del Inia. Incluso era mejor crearla allí que en el parque Rodó…

—Bueno, lo que pasa es que ingeniería forestal es una de las cosas que están mejor pensadas. Pero tenemos otros casos donde eso no pasa. Por ejemplo, la licenciatura en cine en Piriápolis, donde no hay capacidades, no hay docentes radicados, no había local… La Udelar decidió no abrir carreras itinerantes, o evitar que abra una generación y luego no abra más. No queremos crear carreras incompletas, se dijo. Ahora, esto también es problemático. Porque eso te llevaba a que lo que abrieras lo hicieras para continuarlo y sostenerlo. Nosotros no queremos cerrar ninguna carrera, pero si la carrera no tiene inscriptos… El tecnólogo agroenergético no tiene inscriptos. Tenemos carreras con tres estudiantes. Tenemos paradojas. Por ejemplo, la ingeniería en recursos hídricos tiene un muy buen grupo académico atrás pero muy baja demanda (cinco estudiantes). Hay que pensar bien cómo lo hacemos y pensar mejor los criterios. Las carreras deberían ser regionales. No es una carrera para Salto, sino para la región. Para eso necesitás una política de bienestar estudiantil con becas y residencias. No podés tener carreras de referencia regional sin un incentivo extraacadémico para que el muchacho de otra localidad pueda ir a cursarlas.

—Markarian manejó la posibilidad de tener programas presupuestales conjuntos con Utu, Utec y formación docente, para temas como las residencias estudiantiles, entre otros.

—En materia de residencias estamos pensando en trabajar en algunos lugares con formación docente. En el tema de compartir docentes, por un lado dependemos de que la Udelar llegue a una fórmula para reconocer a los profesores de formación docente (esa es la parte más difícil, por las condiciones de la carrera y el estatuto docente). La recíproca no la veo tan complicada, aunque obviamente hay un orden de prelación que hace difícil que entren docentes de la Udelar. Se puede llegar a una figura de profesor visitante, o que cursos que se dan en la Udelar sean reconocidos en formación docente mediante un sistema de créditos universitarios.

—Markarian cree necesario aprobar una ley de coordinación más imperativa y que viabilice esas y otras articulaciones entre los entes de enseñanza. Hasta ahora se ha apostado a la construcción de confianza.

—Hay cosas en las que se puede ir avanzando, como la creditización de cursos reconocidos mutuamente por las instituciones. Es un mecanismo sencillo que, si lo tenemos aceitado, fácilmente entra en la ley. La movilidad horizontal de los estudiantes es clave. También se habló de crear cargos docentes de dedicación total compartidos (el año pasado trabajé en un convenio con formación docente que ahora está parado). La ley es necesaria porque el escenario opuesto es que haya competencia entre las instituciones, y eso hay que evitarlo. La Utec va a sacar este año un tecnólogo en informática, cuando la Udelar y la Utu tienen desde hace años uno. ¿Es razonable que la Utec tenga una oferta similar?

—La Utec compite si abre ese curso en Paysandú, Montevideo o Maldonado (que es donde está el tecnólogo de ustedes) y con el mismo plan de estudio y modalidad de enseñanza. Pero si lo hace en otro lugar o con la modalidad de educación a distancia, no compite.

—Puede ser que sí o que no. El punto es que discutir dónde lo van a abrir debería ser materia de un ámbito de coordinación. Necesitamos un ámbito donde podamos dirimir si es necesario que las instituciones públicas tengamos dos programas de tecnólogo en informática. Podríamos tener uno y que las tres instituciones converjan en él. Y si a una le parece que ese curso está mal, las tres trabajemos para mejorarlo. Hoy no tenemos un espacio institucional donde se establezca –con reglas– que estas cosas deben ser discutidas. Más allá del conocimiento personal, o la confianza personal que pueda existir entre los jerarcas de las instituciones. Lo que la ley debe evitar en el contexto uruguayo es la unilateralidad de las decisiones. n

1.     Véase entrevista al consejero de la Utec Pablo Chilibroste en la separata “Nuevas carreras 2015” de esta edición

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