Pobres y holgazanes

La batalla por el imaginario colectivo de la sociedad no se resuelve únicamente con gestión o políticas públicas correctas. Más bien depende del relato en que esas políticas se inscriben. Esa lucha por la hegemonía cultural tiene un traspié, en una percepción sobre el origen de la pobreza, que contradice el discurso histórico de la izquierda.

Pobreza por Ombú.

Una encuesta realizada en 2011 por Equipos Consultores y publicada estos días en la página web de la Opp –titulada Los valores en Uruguay: entre la persistencia y el cambio– arroja una serie de datos que han sorprendido y preocupado a varios integrantes de la izquierda uruguaya. Especialmente porque en algunos indicadores de opinión reflejan un avance de ideas conservadoras, más propias del pensamiento de las derechas que de las construcciones teóricas que dieron identidad a muchas de las fuerzas que hoy componen el Frente Amplio (FA).

Un ejemplo llamativo de las respuestas de los uruguayos se encuentra en el capítulo “Actitudes hacia la pobreza”. En él se observa un crecimiento y profundización de la “cantidad de uruguayos que consideran que las personas en condición de pobreza son responsables de su situación. La afirmación que ‘hay gente necesitada en Uruguay porque los pobres son flojos y carentes de voluntad’ es sostenida por casi la mitad de la población y se ha incrementado de forma significativa”. De acuerdo al estudio, quienes así pensaban en 1996 eran 12 por ciento de la población, en 2011 el porcentaje trepó a 45 por ciento de los uruguayos. En 1996, un 77 por ciento de las personas veían que la pobreza tenía su razón en estructuras sociales y económicas injustas. En 2011, esa visión se redujo al 34 por ciento de la población.

El ex senador frenteamplista e integrante del Secretariado del FA Enrique Rubio señaló a Brecha que la encuesta registra cambios que tienen que ver con la experiencia vivida. Cuando se transitó por las políticas neoliberales, sostuvo Rubio, la opinión inmediata era que “los pobres son pobres porque los gobiernos son una desgracia”, pero en 2011, con el crecimiento de la economía y el despliegue de planes sociales, la percepción se modificó por sí sola, porque esos avances no fueron acompañados de un relato que acompañara los cambios positivos.

Por su parte, el sociólogo Gustavo Leal, asesor en temas de convivencia en el Ministerio del Interior, comentó a este semanario que los sectores más proclives a indicar que a la pobreza se llega por desidia y flojedad son justamente los que los gobiernos frenteamplistas sacaron de esa condición. Cuando el Frente asumió, recordó Leal, la pobreza estaba en 39 por ciento, hoy ronda el 10 por ciento. Y es precisamente ese 29 por ciento que ya no es considerado pobre el que no entiende por qué si ellos pudieron salir, no lo hacen los otros. Para Leal, la opinión negativa sobre los pobres, la culpabilización a ellos mismos y no a una contextualización de cuáles son las causas, ha ido creciendo a lo largo del tiempo. “Creo que hay un pasaje en la construcción de un relato en la sociedad que va desde la compasión hacia el rechazo y el miedo hacia los pobres. Esa transición tiene mucho que ver con la visión de que la integración social ya no es posible, es decir, la consolidación de un relato de que hay una fractura social que va a ser muy difícil de suturar. Antes había un relato de que era posible la integración, ahora se dice que hay gente que ya no se recupera, como dijo un diputado frenteamplista hace unos días”, comentó.
Rubio relató a Brecha que en una encuesta realizada en Brasil a quienes salieron de la situación de pobreza y conformaron una suerte de clase media, cuando se les preguntaba cuáles eran las razones de su mejoría económica, respondían, en primer lugar, que se debía a una gracia de dios, segundo, al esfuerzo personal, tercero, a la ayuda familiar, y recién en última instancia (y con un porcentaje mínimo) a las políticas desarrolladas por los gobiernos progresistas del país.

La mejora en la situación de varios sectores de la sociedad, en el marco de un discurso dominante posmoderno, es vivida –advirtió Rubio– como fruto del esfuerzo individual, minimizando lo colectivo. Aparece así como el logro de aquel eslogan de “hacé la tuya” y el acceso al mayor consumo alcanzado es realidad presente y frustración de futuro (a causa de nuevas y legítimas demandas, concomitantes con la crisis económica que viven varios gobiernos progresistas de la región) razonó el ex senador.

EL FALTANTE. La senadora frenteamplista Constanza Moreira (Casa Grande) dijo a Brecha que una percepción de la gente es que si la economía creció no hay razón para que siga habiendo pobres, y si los hay es “porque no quieren trabajar, lo que demuestra que hay una parte de la sociedad que está satisfecha de sí misma, y no entiende cómo alguien puede pasarla mal”. Para Moreira, la instalación de ese pensamiento refleja la ausencia de trabajo cultural de la izquierda, “si la gente piensa que los pobres son pobres porque tienen la culpa de ser pobres, es que dejó de entender las definiciones con respecto a la sociedad de clases, a la injusticia estructural, etcétera. En ese sentido se puede sostener que, desde el momento en que la izquierda dejó de hacer pedagogía de izquierda, dejó librada a la sociedad a una interpretación autocomplaciente de sí misma”. En opinión de la senadora hay otros factores coadyuvantes a esa visión conservadora. Uno es la guetización social, la segregación residencial. Y el otro, un discurso de la izquierda “de que ‘vamos bien’ y que colabora marginalmente con esa visión conservadora, aunque creo que el principal factor es la inseguridad y la criminalización de los pobres”.

La izquierda ha sido muy débil en cuanto a su construcción de poder, en cuanto a la hegemonía cultural, sostuvo Rubio. Para el dirigente es claro que no ha sabido actualizar a Gramsci. La cuestión es quién incide más, cuáles son los canales por donde se incide más. “Creo que los medios de comunicación social y ahora, en parte, las redes electrónicas, inciden más que lo que fueron las instituciones clásicas de la sociedad civil, como pudieron ser las iglesias, la escuela o podía ser la familia en la trasmisión de valores, porque esta última se ha modificado en forma importante. Esos son factores de fondo, no estudiados. Entonces esta pereza intelectual de la izquierda lleva a que en ciertos momentos quede perpleja y se sorprenda por cosas como las que refleja la encuesta”, interpretó.

Y, ahondando en su reflexión, advirtió que hoy hay un reflujo de los progresismos latinoamericanos. Primero se produjo el crac del socialismo real, luego, el debilitamiento y el ciclo a la baja de las revoluciones centroamericanas, y el fracaso de la socialdemocracia europea. Por lo cual son muchas cosas acumuladas y es necesario poner las barbas en remojo, para ver dónde está el problema. “Creo que la cuestión es que no hay un análisis de la construcción de los imaginarios, no hay potencia comunicacional en la disputa por un mundo alternativo. Y ha penetrado dentro de la izquierda esta posmodernidad de ‘hacé la tuya’. Porque hay formas grupales de hacer la tuya.

Hemos hablado mucho del corporativismo sindical, pero no hemos hablado del corporativismo partidario y que te lleva a este estado, que en determinados momentos es de riñas y disputas por espacio de poder.” Rubio dijo coincidir totalmente con el boliviano Álvaro García Linera en esa contradicción que se establece al promover el ascenso social y no crear un relato nuevo, dejando que los mensajes dominantes provengan del otro universo ideológico, el de la derecha, de la posmodernidad. Lo que, advirtió, en algún momento provocará cortocircuitos en la relación con la sociedad.

Leal admitió que la izquierda no tiene un relato sobre la construcción de la sociedad, “tiene muchos. Algunos tan diferentes que cuesta pensar que son parte de un mismo proyecto. En la izquierda hoy conviven relatos absolutamente conservadores con otros muy alternativos. Entonces a la pregunta de cómo la izquierda construye valores, la respuesta es difícil de contestar, porque no hay una izquierda. Eso tiene una dificultad de densidad teórica”. En opinión del sociólogo (uno de los fundadores de la Ong El Abrojo), la izquierda gobierna el Uruguay, pero la ideas de izquierda no han permeado a toda la sociedad, ni siquiera a los que votan al FA. “La sociedad no es de izquierda aunque gobierne el FA. Entre otras cosas porque lo que denominamos ideas de izquierda está en discusión, por ejemplo, para algunos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres son parte de la agenda de izquierda, pero para una parte del Frente no lo son.”

Para Leal, la densidad de pensamiento ha disminuido y la gestión ha horadado el relato original. No obstante, subrayó que la gestión es fundamental, “pero si no hay reflexión la gestión pura y dura te lleva únicamente a administrar el status quo”.

Luego sostuvo que no todo está perdido y recordó cómo se ganó la batalla de No a la baja. Algo que Rubio señaló como ejemplo de cuánto vale la movilización política y social a la hora de generar una concepción distinta a la que parecía dominante.

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