Acerca del trabajo de Evan Parker y su último disco, Work in Progress1

Puede ser diferente

Evan Parker, tapa de Work in progress. Difusión

El músico Evan Parker (Inglaterra, 1944) ha desarrollado, desde 1976, un trabajo realmente único. Sus 11 trabajos de saxo solo, en los cuales el principal instrumento es el saxo soprano –a excepción de Chicago Solo, disco en el que utilizó el saxo tenor–, han logrado resignificar, en todos sus aspectos, tanto la técnica instrumental como la retórica musical del jazz.

Hay algo en el deseo de cambiar la música que hacemos que viene fallando. Se presentan ideas una y otra vez. Sin embargo, ¿por qué caemos siempre en el mismo pozo? ¿Acaso nos estaremos olvidando de que no se trata sólo del qué, sino también del cómo? ¿No habrá un problema con la retórica con la que queremos encarar este mundo? Desde mediados de los sesenta, el saxofonista inglés Evan Parker, una de las grandes figuras de la música improvisada, se encuentra activo con estas preguntas en mente, siempre con una filosofía independiente, antimercantilista, de musicalidad extrema y, por ende, de riesgo. Aunque ha tocado en un sinfín de formaciones con varios de los músicos más importantes en el rubro, su trabajo solista es, sin duda, el más particular.

Su punto de partida es la respiración circular, una técnica utilizada en instrumentos de viento que permite tocar sin pausa, manteniendo una reserva de aire en la boca para seguir exhalando mientras se inhala por la nariz. Parker lo ha llevado al extremo, tocando cerca de media hora sin parar mientras logra un enorme despliegue de eventos variados a una enorme velocidad. Sin embargo, quedarse con la idea de que su música es una exhibición de esta técnica sería reducirlo a algo superficial e inmediato.

Al ser un instrumento monofónico, cada evento musical sucede en forma lineal. Pero el despliegue de cada uno de esos eventos a enorme velocidad y con una distancia pluriparametral los aproxima a tal punto que esa horizontalidad empieza a tener un carácter vertical. Empezamos a escuchar más de un plano –ya sea por características tímbricas, registrales o dinámicas–, pero cada uno es autosuficiente y se encuentra desarrollado al límite. Esto último es lo que permite que un plano, e incluso un evento, se transforme en la puerta hacia un nuevo territorio, como si lo micro pasara a ser macro y aquello que estaba más arriba ahora pasara a ser el piso. De alguna forma, se trata de una música fractal.

Por las características del saxo, su reacción no es espontánea: el músico precisa calentar el instrumento. Esto, que condiciona su accionar, crea un diálogo entre los dos, algo que Parker define como biofeedback. Esa condición establece un punto de partida y un desarrollo. Sin embargo, ese desarrollo es instrumental-técnico pero no musical. A excepción del principio, la música podría haber empezado en cualquier momento, porque es, al fin y al cabo, un laberinto sonoro.

Algo claro al escuchar este trabajo es que Parker dialoga con un segundo instrumento: el espacio físico. Cada disco está grabado en un sitio diferente, y ese espacio se encuentra evidenciado, se revela. Mientras que comúnmente el espacio es tomado como algo ambiental, aquí se puede notar que las decisiones están totalmente ligadas a la respuesta de ese espacio. Esa incorporación crea un intercambio entre instrumentista, instrumento y espacio, y logra una música multiparametral hasta en el hecho performativo.

Gracias a este desarrollo fractal, algo sucede con el tiempo. Hay una dicotomía entre la excesiva velocidad, que parece conducirnos hacia un destino, y ese laberinto que no nos lleva a ningún lugar. Es como si fuera un cuarto donde ya todo está presentado y Parker nos va diciendo qué observar, transformando el tiempo en espacio. Entonces, la pregunta es: si en cada presentación nos encontramos con múltiples planos en todos los sentidos, ¿no podríamos tomar cada presentación como un plano más de algo mayor? ¿Podemos tomar una presentación de Parker como algo independiente o es parte de un todo? ¿No es todo su trabajo un gran espacio y él se la ha pasado, estas casi cinco décadas, mostrándonos lo que siempre estuvo ahí?

Este nuevo lanzamiento, como dice su título, es un trabajo en progreso. Podemos asumir que de esto saldrá otra cosa que él considerará concluida, que tal vez será lograr la conversación ideal con ese nuevo espacio, el Arcobarco Studio en Ramsgate, Inglaterra. Pensando en eso, además de retomar las preguntas anteriores –que ponen en duda el sentido mismo de que Parker haga un trabajo en progreso–, habría que preguntarse si el hecho de que algo exista en forma sonora significa que está terminado, pues ahí reduciríamos el fin de la música a una sola acción: el hecho sonoro. Y esto claramente no es así.

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Algo interesante, sobre todo al escucharlo con auriculares, es que se pueden notar las respuestas del ambiente, que afectan la procedencia del sonido: ciertos eventos se escuchan más en un canal que en el otro, lo que simula una pluralidad instrumental. Pero hay algo más: comentaba anteriormente que las presentaciones de Parker son extensas. Tal vez, lo más corto que tiene grabado es de aproximadamente cinco minutos. Sin embargo, aquí nos encontramos con piezas cortas, de dos minutos, a veces menos. De hecho, el orden de los temas es de duración decreciente. El primero y más largo es de 09:34 minutos, lo suficiente para ejemplificar su clásico trabajo a un nuevo oyente. Entonces, aparece otra pregunta: si la música de Parker es un todo y, por ende, un tiempo trascendente vuelto espacio, ¿son las piezas de dos minutos una síntesis de esa música de larga duración o las piezas largas siempre fueron un despliegue de esos dos minutos?

No hay que caer en la idea de que toda micropieza es, en fin, una síntesis de algo más grande: esta música se encuentra en un constante proceso dialéctico. Ese fractalismo que nos permite meternos cada vez más y a la vez salir, esa horizontalidad vuelta verticalidad, ese tiempo espacial nos dan la posibilidad de una escucha diagonal, que aprovecha y se nutre de la multiplicidad. Es un mundo extremo, muy lejano de a lo que estamos habituados. Pero extremo es una referencia espacial que depende de un supuesto punto central. ¿Qué pasaría si de verdad nos paráramos en ese extremo y lo volviéramos centro? Es a través de una escucha activa, creativa, que podemos acercarnos a esa idea.

Evan Parker ha estado en ese extremo desde hace décadas. Eso nos dice que el mundo siguió por otro camino, el que ya venía transitando y sigue transitando hasta el día de hoy. Para algunos de nosotros, eso ha sido un problema. Pero ahí tenemos a Parker, que aún nos dice: «Sí, pero pudo haber sido diferente, y aún lo puede ser».

1. Work in Progress, edición online, Vortex Jazz Club, 2019. Disponible en: https://vortexjazzclub.bandcamp.com/album/work-in-progress.

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