«Lo primero que uno puede concluir es que los líos, la violencia los arman ellos, la policía, con sus bravuconadas, su prepotencia, sus gases y sus palos. Acá éramos cientos de miles, no había ni un policía, ni un milico, a quilómetros a la redonda, y no pasó absolutamente nada.» Lo dice a Brecha un uruguayo con añísimos de residencia en Argentina, y es cierto que impresionaba el encuadre de esas masas que marchaban y se atosigaban desde antes del mediodía en el centro porteño tratando de confluir en la plaza de Mayo. Podía haber sido un caos. No lo fue. «La potencia de la autoorganización cuando hay un rumbo», dice el uruguayo con una mueca de «reminiscencia setentista». Dice y se ríe. Impresionaba esa potencia, sí, y la cantidad de gente que brotaba de todos lados, pero sobre todo la pol...
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