—Supongo que no te sorprendió la declaración de ciudadano ilustre.
—Lo hizo, no la esperaba. La sentí como una justicia poética compensatoria del regalo que me hizo la dictadura hace 42 años, prohibiéndome trabajar en Uruguay por un decreto del 5 de noviembre de 1975 que compartí con Anselmo Grau, Aníbal Sampayo, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y Joan Manuel Serrat. Había entrado con el pie derecho a Buenos Aires en el 72, protagonizando un Arturo Ui dirigido por Yáñez que deslumbró, y a la altura de la prohibición ya había protagonizado un filme, dirigido una obra exitosa, y estaba actuando con “China” (Zorrilla) en Querido mentiroso, que luego vino aquí y fue un bombazo; pero la articulación represiva del Plan Cóndor me dejó sin trabajo también en Argentina, durante nueve años.
—¿Cóm...
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