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Un singular estilo de sabiduría

Me considero un ser afortunado.

Foto: Fernando Pena

Me considero un ser afortunado porque he estado cerca suyo durante sesenta años. En ese lapso lo he visto crecer y multiplicarse en los más diversos ámbitos de la cultura y de la educación.

Sabía de él ya antes gracias a mi padre, que tenía en su biblioteca Tomás Berreta: apología de la acción (1946), una hermosa biografía del destacado presidente.

Mi primera relación personal y directa fue como alumno, junto a Renzo Pi Hugarte, en el Instituto de Estudios Superiores en 1953. Además, domingo a domingo, disfrutamos de sus ensayos en el suplemento dominical de El Día dedicados a la vida rural de Uruguay, convertidos en libro en 1955.

Vidart nos enseñaba a entender el mundo desde la comarca. Pero también asumía el desafío de interpretar el mundo, porque en aquellos mismos años cincue...

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